Treinta años después, el 21 de enero, sigue siendo una fecha escrita con tinta indeleble en la historia del Rayo Vallecano. Aquella tarde/noche lluviosa, el conjunto franjirrojo logró algo que jamás había conseguido ni ha vuelto a repetir: vencer al Real Madrid en el estadio Santiago Bernabéu. Un triunfo épico por 1-2, con doblete del brasileño Guilherme, que aún hoy se recuerda como una de las mayores gestas del rayismo por la gigantesca diferencia existente entonces entre el equipo con más ligas y copas de europa del momento y el equipo de barrio más humilde que apenas había disputado 5 temporadas en primera división.
El Real Madrid, vigente campeón de Liga, atravesaba una crisis deportiva y anímica. Marchaba séptimo en la clasificación y venía de ser eliminado de la Copa del Rey, lo que había generado un clima enrarecido en el Bernabéu. El Rayo, recién ascendido, luchaba por alejarse de la zona baja (algo que finalmente iba a lograr sobre la bocina en aquella famosa eliminatoria con el gol de Onésimo… pero esa es otra historia)
Bajo un aguacero constante, el equipo de Vallecas salió sin complejos. El 11 titular de Marcos Alonso, tercer entrenador que ocupaba el banquillo rayista esa temporada pese a estar solo en la jornada 22, para aquella tarde/noche fue el formado por Abel, Cota, Palacios, De Quintana, Alcázar, Baroja, Cortijo, Ezequiel Castillo, Aquino, Andrijasevic y Guilherme. Calderón y Edu completarían los futbolistas que lograron la hazaña tras entrar en la segunda mitad sustituyendo a Andrijasevic y a Aquino, respectivamente.
El delantero brasileño, que ya había marcado al Madrid en la primera vuelta, firmó una actuación memorable. Su primer gol llegó tras una jugada eléctrica que silenció el estadio nada más comenzar el partido. Habían pasado apenas 60 segundos cuando el marcador del Santiago Bernabéu, con la estética característica de los estadios de los años 80 (y aún no convertido en una lata de sardinas), mostraba el 0-1. Pérdida de Rincón, Baroja filtra el pase a Aquino que galopando por banda izquierda le sirve el gol en bandeja al bigoleador de aquel día.
La alegría en casa del pobre iba a durar poco cuando tres minutos después Raúl aprovechaba un pase de Laudrup mientras el Rayo colocaba una barrera innecesaria. Pese a los gritos de Abel (que casi se escucharon en Vallecas) reclamando a su defensa que el balón estaba en juego, el 17 madridista ponía las tablas. Desde ese momento los merengues llevaron la batuta del encuentro hasta que se encontraron con el segundo zarpazo del ariete rayista.
Los de Vallecas sufrían constantemente los ataques de un Real Madrid muy necesitado de puntos. Pero la desesperación y el buen hacer defensivo de los franjirrojos consiguieron mantener la igualada hasta el segundo acto. En esa segunda parte, el césped madridista parecía ya más una piscina que un campo de fútbol, algo casi impensable a día de hoy (entre otras cosas porque el estadio está cerrado y todo apunta a que la cubierta se ha estropeado y no se puede abrir). Tal era el diluvio que Abel Resino jugó con camiseta azul en la primera mitad y la sustituyó por una verde en la segunda.
Fue entonces cuando emergió la figura de Guilherme. El delantero brasileño se convirtió en leyenda aquella tarde. Su doblete no solo dio la victoria al Rayo, sino que provocó una de las consecuencias más sonadas de la temporada: la destitución de Jorge Valdano, entonces entrenador del Real Madrid. La derrota desencadenó una reunión de urgencia de la directiva blanca que terminó con su cese horas después del partido. Para Guilherme, aquel día marcó su carrera. Años después, el propio jugador recordaría el encuentro como “la noche más especial” de su vida deportiva, un partido que lo convirtió en ídolo para siempre entre la afición rayista.
Desde aquel 21 de enero, el Rayo ha visitado el Bernabéu en numerosas ocasiones, pero nunca ha vuelto a ganar. La estadística es contundente: es su única victoria en el estadio madridista en toda la historia de la Liga. El paso del tiempo no ha hecho sino engrandecer aquella hazaña. Para muchos aficionados, especialmente los más veteranos, aquel partido simboliza la esencia del club: lucha, humildad y la capacidad de desafiar a los gigantes.
Treinta años después, el Rayo Vallecano sigue soñando con repetir aquella gesta. Y muy pronto, el próximo 1 de febrero regresaremos al Santiago Bernabéu. Pero, pase lo que pase, el 1-2 de 1996 permanecerá para siempre como uno de los capítulos más gloriosos en sus ya más de 100 años de historia.
