Opinión. Emaná fue uno de los jugadores más destacados del Real Betis en su enfrentamiento ante el Rayo y su gol, anotado desde el punto de penalti, en la recta final del encuentro y ‘a lo Panenka’, fruto de polémica.
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Tiene una clase excepcional, por algo es internacional y uno de los jugadores más importantes de Segunda División, y yo me atrevería a decir que incluso de Primera. Su poderío físico es incuestionable, su calidad también.
Alguien me decía ayer que por Sevilla están encantados con él, lógico, pero que sus ‘piradas de pinza’ le hacen ser un jugador cuestionable, capaz de lo mejor y lo peor. Si Mel sabe llevarle, si le reconduce esos arranques de hombre polémico y visceral capaz de abandonar a todos sus compañeros en busca de una guerra perdida, entonces, tendrán un jugador desequilibrante que les conduzca sin duda a la máxima categoría. Ayer fue ese jugador.
Aparte de las tonterías que se escriben en ciertos medios de la capital andaluza, que arremeten duramente contra Cobeño por lo que consideran una rabieta de niño de diez años, y que ven una persecución sin igual al jugador camerunés (leer para creer), hay que saber reconocer que estamos ante un crack, un fuera de serie, un genio.
Entiendo la rabia de Cobeño, yo mismo tuve que contener la mía, al ver cómo Emaná hacía una de esas genialidades reservadas a jugadores de su talla. Ya me dirán que no es lo mismo, pero también Trejo hizo un gol ‘a lo Panenka’ en el Trofeo Alcarria, ante un rival de inferior categoría, ¿intentó reírse del portero alcarreño?. La respuesta es evidente.
Cobeño sabe perfectamente cómo funciona el fútbol y cómo un portero se puede sentir «humillado». Que se lo pregunten a Jaime, aquel que recibió un gol de portería a portería mientras todo un estadio se reía literalmente de él. Ya, me dirán que tampoco es lo mismo, pero tampoco Cobeño quiso reírse de él.
A mí me dolió el gol de Emaná ‘a lo Panenka’, pero me dolieron más los cuatro goles que recibió mi equipo, la falta de puntería de sus delanteros en las dos ocasiones que tuvieron, que el control de balón no sirviera para nada, la alegría de los de al lado mientras yo sufría de lo lindo. Eso me dolió, el resto, pura anécdota.
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