Opinión. Mucho ha dado que hablar el impresionante tifo que Bukaneros mostró el pasado fin de semana en las gradas del Teresa Rivero, y su particular caballo blanco me sirve para conducir este artículo en el que, una vez más, resaltaré el espíritu de unas gentes que domingo a domingo son felices con su caballo… franjirrojo.
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No quiero parecer oportunista, ni tengo la necesidad de serlo, pero el sábado según bajaba al estadio y escuchaba el ‘run-run’ de la Avenida de la Albufera, me venía preguntando por el tifo que Bukaneros habría preparado en el fondo de la Calle Payaso Fofó. Ni por asomo me podía imaginar la temática, ni mucho menos la sorpresa y la alegría que me llevé al comprobar el guiño que hacían a nuestro barrio y a sus gentes. Muchos conocen la historia, otros no, pero todos salieron del estadio encantados con un caballo que no trota, que galopa hacia unos pastos verdes que por la Castellana esperan a los vallecanos.
La leyenda del orígen del barrio y de sus gentes habla de una lechera propietaria de un caballo blanco tan hermoso que terminó, según las malas lenguas, enamorándola. De aquel «amor» nació un niño (un héroe) al que se atribuye la creación del barrio, circunstancia que, en general, no fue muy bien aceptada por los lugareños, que entendían la historia como un insulto. El paso del tiempo ha situado la narración entre una de las más bellas historias de nuestra ciudad y ha terminado siendo aceptada como una creación situada fuera de cualquier concepto histórico.
Pues bien, el caballo blanco -ahora con una franja roja en el lomo- vuelve a cabalgar por las calles del barrio de Vallecas. Hoy en día no hay lecheras -quizá alguna a las puertas del estadio-, ni relaciones amorosas -más allá de la relación de amor entre la afición y su equipo-… y por Vallecas, vuelven a resurgir los héroes que hacen que los vallecanos sigan aumentando ese orgullo que llevan marcado a fuego en el corazón. Sandoval cabalga sobre ese caballo majestuoso que él mismo se ha encargado de recuperar para la causa y, con mano firme y segura, le encamina hacia la gloria.
Por Vallecas, ‘los hijos del caballo blanco’ corean su nombre y entre todos se han empeñado en hacer que éste sea el año en el que apostaron a ganador… y ganaron.
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