El Rayo se derrumba en los últimos diez minutos

El Rayo Vallecano ha dejado escapar una victoria que parecía tener amarrada hasta que en los últimos diez minutos, tras la expulsión de Armenteros, se vino abajo y encajó dos goles que le dejaron sin puntuar en el Gran Canaria.
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Ficha técnica:

U.D. Las Palmas(2): Barbosa, Aythami (Quiroga, minuto 76), David García (A), Samuel, Ruyman (A), Jorge (Randy, minuto 73) (A), Vicente, Javi Guerrero (A), Alvaro Cejudo (A), Jonathan Viera (A) y Vitolo (P. Vega, minuto 66).
Rayo Vallecano (1): Cobeño, Casado (A), Arribas, Amaya, Coke (A), Movilla (Trejo, minuto 65)(A), Javi Fuego (A), Rafa García, Piti (Provencio, minuto 75), Armenteros (A)(A) y Lucas (Delibasic, minuto 58).

Arbitro: Ontanaya López-Astilleros (colegio castellano-manchego).
Goles: 0-1. Minuto 20. Armenteros, de penalti; 1-1. Minuto 80. Quiroga; 2-1. Minuto 86. Javi Guerrero.
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Se pueden buscar todas las excusas, pero ninguna justificará que el Rayo Vallecano después de ochenta minutos dominando un partido haya dejado escapar la victoria en Gran Canaria. El árbitro pudo influir, pero los goles de los insulares fueron tan legales como el que anotó Armenteros para los rayistas, y en eso, la U.D. Las Palmas terminó siendo superior al Rayo. En lo único y lo más importante, los goles.

El viaje a las islas volvió a saldarse con una nueva decepción para la expedición de un Rayo Vallecano que llegaba con la clara intención de dejar atrás partidos insulsos, de dominio local y de momentos de baja intensidad para, desde el primer minuto, parecerse al equipo que apabulla en el Teresa Rivero.

Para ello Sandoval cambió de guión y modificó el esquema del equipo, dando entrada a Rafa García, que sirvió de escudero a Javi Fuego y Movilla y dejando en el banquillo a Oscar Trejo. La idea era clara, no había que dejar espacio para la gran clase de un Jonathan Viera que dejó destellos de su gran calidad, pero que no fue el jugador resolutivo y peligroso de este inicio de temporada.

Con el achique de espacios por el centro, Sandoval, que acertaba con el planteamiento inicial, logró sorprender a los de Paco Jémez, pero no fue el único. Movilla, sintiendo que tenía las espaldas cubiertas, se disfrazó de Trejo, adelantó unos metros su posición y repartió juego. Suyo sería el pase que, por alto y a la espalda de la defensa, habilitó a Armenteros a plantarse solo ante Barbosa. El central David García, último defensa y evitando una clara ocasión de gol, derribó al delantero dentro del área. Penalti y expulsión, era evidente para todos excepto para el colegiado Ontanaya López, que dejó la sanción en amarilla para sorpresa, y protesta airada y justificada, de los vallecanos.

Armenteros transformó la pena máxima y dio paso a un pequeño cambio de guión. Las Palmas intentó quitarle el balón al Rayo y lo consiguió por momentos, pero no supo muy bien qué hacer con él. Contínuas caídas (descaradas y vergonzosas alguna de ellas) buscando la «compensación» que entendían les correspondía, no influyeron en el colegiado y el conjunto canario se desquició tanto que incluso el míster amarillo sería expulsado camino de los vestuarios por, según el acta, «encararse con nosotros, protestando, de forma ostensible y reiterada, nuestras decisiones».

El fútbol, menos brillante que efectivo pero sereno y mostrando una gran superioridad, lo puso un Rayo que parecía encaminarse a una victoria sin sobresaltos, que finalmente no se produjo.

La expulsión de Armenteros y dos grandes pases de P. Vega voltearon el marcador

El Rayo volvió de vestuarios decidido a sentenciar el partido y buscó con mayor entusiasmo el portal de Barbosa. El primero en intentarlo sería Alejandro Arribas que, a la salida de un córner en el minuto 47, obligó al cancerbero local a salvar bajo palos el segundo gol de los de Sandoval. Tres minutos después Movilla volvería inventarse un nuevo pase interior, calcado al que supuso la jugada del primer tanto, pero Lucas no consiguió alcanzar un esférico que le hubiera dejado en clara ventaja. El canterano volvía a ser titular y, aunque no tuvo ocasiones claras de gol, volvió a dejar pinceladas de su calidad en punta de ataque.

Cobeño vivía plácidamente un partido en el que la pareja de centrales, Arribas y Amaya, no dieron ninguna concesión a los Guerrero, Cejudo, Viera y compañía. El Rayo, mientras tanto, seguía a lo suyo. En el minuto 56, Lucas desaprovecharía un contragolpe en ventaja de tres contra dos con un mal pase interceptado por un defensor, y cuatro minutos más tarde el recién incorporado Delibasic no llegaba a un buen pase de Piti, tras otro contragolpe franjirrojo.

Sandoval había movido el banquillo y sus cambios no dieron el resultado esperado en esta ocasión. Piti, que había sido el jugador más incisivo en la segunda mitad, dejó su sitio a un Provencio que apenas pudo ‘rascar’ bola, mientras Delibasic sustituía a Lucas y, jugando siempre de espaldas, perdía cada balón que tocaba. El tercero en discordia sería el peor de los movimientos del técnico. El argentino Trejo sustituyó a un Movilla que había llevado la batuta en el centro del campo de un equipo muy bien armado atrás, pero que se desarmó arriba.

Para mayor desgracia de los vallecanos, a falta de diez minutos, se produciría la jugada detonante del cambio de inflexión que requería el choque para los locales. Tras un aviso con remate a la escuadra de la portería de Cobeño y un disparo a la media vuelta de Viera, que obligó al mostoleño a emplearse a fondo, Armenteros sería expulsado -de manera más que discutible-.

Con la expulsión de Armenteros el conjunto amarillo, que había sido tan valiente que parecía encaminarse al suicidio colectivo con tres cambios de corte ofensivo que debilitaron al equipo atrás, se lanzó en tromba sobre el portal de Cobeño y con un P. Vega magistral, logró en seis minutos (del 80 al 86) dar la vuelta al marcador. Dos jugadas calcadas, dos remates idénticos y dos goles casi consecutivos dejaron helados a los vallecanos, encendiendo la grada de un estadio que clamaba justicia por la actuación arbitral (que a todas luces les había favorecido hasta ese momento).

Quiroga y Javi Guerrero pondrían la puntilla a Cobeño, que todavía tuvo que aguantar como un contragolpe de cuatro contra uno le dejaba en un mano a mano con Randy que el delantero amarillo no supo definir. Los intentos de los franjirrojos, con envíos al área a la desesperada, fueron valdíos y el Rayo vio como se esfumaban tres puntos merecidos en ochenta minutos y desperdiciados en diez.
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