Que no me toquen la moral

Opinión. ‘Que no me toquen la moral’ es una expresión de sentimiento, es una llamada al futuro, es una reflexión en voz alta. En este apartado de opinión, desde Pasión por el Rayo (PXR) queremos creer en el futuro, necesitamos creer en el presente y gritamos bien alto: «Que no me toquen la moral!»

 Hoy tengo el corazón ‘partío’. Por un lado, sigue todavía presente el subidón que me produjo el gol de Piti, ese que nos regalaba un punto que bien puede valer un ascenso, ese que se saborea mejor si se produce en el último minuto, con un jugador que echa mano del escudo y reivindica su sentimiento, su garra, su entrega. Piti no es sospechoso de no querer a este club, seguramente lo quiera tanto como tú o como yo, porque lo ha sufrido y mucho. Hoy tengo el corazón ‘partío’ porque esa alegría no apacigua mi estrés, mi angustia. Ver como el dueño de todo este ‘tinglao’ sale ante los medios para decir que el barco se hunde, ver como aparece en una televisión para ser públicamente acribillado, ver como mi equipo, mi club, mi estadio, mi gente entra en estado de depresión… me deja vacío.

Sinceramente, no sé qué pensar. Por un lado me gustaría creer que la pose de Teresa Rivero es la realidad y que «no pasa nada, todo está tranquilo». Me gustaría creer que cuando me dicen que los jugadores salieron satisfechos de Somosaguas, lo estaban de verdad y que cuando se habla de una solución, es porque se tiene conocimiento de causa. Se habla, se dice, se comenta… muchos lo veían venir, nadie se creía lo de unos pagarés o no sé qué gaitas, bueno, solo unos cuantos ¿incautos? que apostaron a caballo ganador cuando iba último en la carrera más importante de su vida.

Que no me toquen la moral. Me resisto a pensar que esto es el final de la ilusión de un ascenso, me resisto a pensar que todo acaba de esta manera, que los catastrofistas que veían venir al diablo doblando la esquina de la M-30 y enfilando Albufera arriba tenían razón. El Levante ascendió y está en Primera División después de atravesar la peor etapa de toda su historia y ahí está, cumplidos sus cien añitos. ¿Acaso en Vallecas vamos a ser diferentes? Se equivocan los que buscan culpables a su alrededor, sin distinguir colores, edades o sexos. Se equivocan. También lo hacen los que culpan a los aficionados del equipo contrario, al árbitro y sus ayudantes, a los periodistas y al que no piensa como ellos. Se equivocan.

Ahora más que nunca es momento de demostrar que en Vallecas está la mejor afición de Segunda División. Esa que hace unos días superó los 10.000 abonados, esa que reventó el cielo de Salamanca gritando un ‘a las armas’ que se escuchó en Soria, para ser repetido semanas después en Los Pajaritos, y esa que expulsó a gorrazos a uno que perdió la cabeza y pagó su desesperación con el de la ‘banderita’. Ahora, más que nunca, hay que demostrar que en Vallecas no hay rendición posible, que ante la adversidad nos crecemos y que los problemas, con fe, son menos. Es verdad que eso no hará mejorar la situación económica y que las deudas acumuladas por los que dirigen el cotarro seguirán estando, pero al menos, nosotros habremos cumplido.

Me cuenta alguien que sabe de esto, y sabe mucho, que los jugadores han sufrido un duro golpe, que hicieron un esfuerzo, que arrimaron el hombro cuando se les solicitó y que ahora ven el horizonte muy negro. No me extraña. Me queda la duda de lo que pasará en el futuro, si este sentimiento es momentáneo o duradero, si provocará que el equipo se desconecte, si Sandoval podrá reconducir la situación, si nosotros creeremos en el milagro y si los que mandan encontrarán la solución a nuestros problemas.

El Rayo es de ellos, eso es innegable, sería un necio si pensara de otra manera, pero también es tuyo, mío y de mi vecino, que en su día pasamos por la taquilla para adquirir ese derecho a gritar, animar, alegrarnos y enfurecernos por un buen puñado de euros. Yo quiero creer, necesito creer.

Hoy aplaudo a los que se afanaron en hacer esas pancartas que reflejaban mi sentimiento y aplaudo a los que ya están planificando el viaje a Huesca. Hoy aplaudo a Vallecas y le pido, desde este pequeño rincón que me cede PXR, que siga creyendo y que grite bien alto: «Que no nos toquen la moral!». Suerte.