Movilla volvió a dar una nueva lección de profesionalidad

Quería jugar en Primera División con el Rayo Vallecano. Cuando Movilla llegó procedente del Murcia a Madrid su idea era clara y, esta semana, por fin, lo ha conseguido.

La intención de Movilla cuando llegó a Vallecas procedente del Real Murcia era la de devolver al equipo de la Avenida de la Albufera a la Primera División. Su compromiso desde que aterrizó en el barrio vallecano ha sido innegable y sus muestras de cariño hacia el club, hacia la afición y hacia el resto de compañeros, toda una muestra del carisma del jugador y de sus ganas por seguir agrandando su ya de por sí extenso curriculum.

Movilla ha demostrado estar por encima de los dirigentes de la entidad franjirroja desde que se oficializó su traspaso. En los momentos de dificultades económicas y cuando algunos compañeros atravesaban por serios problemas, Movilla dio un paso al frente y se erigió en cabeza visible de una plantilla unida ante la adversidad. Sus condiciones económicas le permitieron entonces ser generoso y permitir que otros hombres intentaran repartirse las pequeñas cantidades que por aquel entonces iban apareciendo.

Durante la crisis, Movilla fue junto con el resto de capitanes (Michel, Cobeño y Coke), avanzadilla de una plantilla dispuesta a luchar por el ascenso a toda costa, defendiendo a la vez sus derechos. Su intención era regresar a la máxima categoría y así lo hizo.

A lo largo del verano y con la prolongación de los problemas derivados de la temporada anterior, el centrocampista madrileño ha terminado siendo el centro de todas las miradas, junto con el entrenador, José Ramón Sandoval, y otros jugadores (Cobeño, Casado o Susaeta) a los que los administradores concursales han ‘presionado’ para que revisaran sus respectivos contratos. Esto no ha afectado a un jugador que, en San Mamés, se enfundó el brazalete de capitán y tiró de un equipo con ganas de lucimiento en Primera División. Con Coke defendiendo otra camiseta y con Michel y Cobeño fuera de los planes iniciales del técnico, Movilla fue el estandarte del rayismo en La Catedral. Lo asumió y, tirando de galones, engrandeció un poco más a un Rayo que ya cabalga entre las grandes estrellas de nuestro fútbol.

Además, algo raro en él, consiguió el gol que permitía a los rayistas sumar un valioso e importante punto en su visita al Athletic Club. Movilla volvía a dar una nueva lección de profesionalidad, orgullo y respeto por un escudo, una camiseta y un equipo a los que ha sabido adaptarse a las mil maravillas.