Opinión. «Los sevillanos han sido el cortijo de Lopera y todo el mundo, medios de comunicación incluidos, le han reído las gracias a un tipo cuyo ego le llevó a ponerle su propio nombre al estadio».
Hay nombres que no se pueden eludir a la hora de hablar de la historia más reciente del Real Betis Balompié. Diarte, Gordillo, Cardeñosa o Rincón forman parte de esa lista de honor de un club que ha estado marcado en sus últimos años, sin embargo, por una persona que ha desempeñado su labor fuera de la cancha. Y es que el Betis de hoy no se entiende sin la figura de Manuel Ruiz de Lopera… y para mal, vamos a dejarnos de tonterías.
Lopera pertenece a esa estirpe de dirigentes que, en un momento dado, surgieron como salvadores de un club y, por tanto, fueron abrazados por la afición como verdaderos mesías. Sin embargo luego se convirtieron en los caciques, dueños y señores de un corral en el que hicieron y deshicieron a su antojo. Pero ni Gil en el Atlético ni Lopera en el Betis fueron buenos, ni para sus clubs en particular ni para el fútbol en general.
Los sevillanos han sido el cortijo de Lopera y todo el mundo, medios de comunicación incluidos, le han reído las gracias a un tipo cuyo ego le llevó a ponerle su propio nombre al estadio, hoy devuelto a don Benito Villamarín (un poco de seriedad, por favor). No voy a enumerar aquí las numerosas tropelías que ha causado “don Manué” en la imagen de un club que, estoy seguro, es bien visto en toda la España futbolística, pero son las mismas que causó en su día Jesús Gil con el Atlético de Madrid.
En fin, parece que ahora ya está alejado del club y eso, al menos, ya es un punto positivo. Lo que tiene ahora que hacer el Betis y su masa social es limpiar esa imagen, borrar para siempre a Manuel Ruiz de Lopera y sus bufonadas y convertirse en un club serio…y es que creo que esa es una de las carencias que arrastra el conjunto beticista. Una y otra vez se le ve como una entidad proclive al cachondeo y a la jarana (¿se acuerdan de las juergas del equipo y con la llegada de Lopera y Juande varios jugadores saltando por la ventana?), además de rica en anécdotas curiosas (un hombre llevaba las cenizas de su padre al estadio en un brick para que disfrutara de los partidos del Betis una vez muerto), pero no se le ve como una entidad seria y moderna, más bien como un club de barrio marginal…y parece que sus aficionados se sienten cómodos en esa piel.
No sé, quizá estaré siendo injusto y tal vez la realidad no sea así, pero creo que es eso lo que transmiten y en estos tiempos, en los que es tan importante la imagen, el Betis debería preocuparse y cuidar mucho más estos temas.
