En Vallecas la ilusión no se paga con dinero

El Rayo Vallecano consiguió derrotar al Málaga (2-0) gracias a los goles anotados por Botelho y Tamudo. Eliseu, expulsado en la primera mitad, fue el protagonista negativo de un Málaga sin espíritu.

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Ficha técnica:

Rayo Vallecano (2): Cobeño, Tito (A), Arribas, Jordi Figueras (A), Botelho, Movilla, Javi Fuego, Michu, Lass (Pacheco, minuto 65), Piti (Trashorras, minuto 65) y Tamudo (Koke, minuto 77).

Málaga (0): Willy, Gámez, Demichelis (A), Joaquín (A), Toulalan (A) (Apoño, minuto 72), Van Nistelrooy, Seba, Cazorla (Maresca, minuto 72), Duda (Monreal, minuto 41), Eliseu (R) y S. Sánchez.

Goles: 1-0. Minuto 7. Botelho; 2-0. Minuto 70. Tamudo.

Arbitro: Ayza Gámez. Colegio Valenciano.


El Rayo Vallecano dio una lección a un Málaga plagado de estrellas. En Vallecas, la ilusión no se paga tirando de talonario, aquí el corazón tiene más poder. El conjunto de Sandoval aprendió de los errores del pasado más inmediato y lejos de continuar con la tónica anodina, aburrida y con poca garra del partido del Espanyol, saltó al remozado césped del Estadio de Vallecas con una idea en la cabeza, ‘fusilar’ a Willy Caballero.

La primera media hora de esta noche fue un auténtico espectáculo futbolístico. Un repaso en toda regla. Pellegrini se puede quejar de la expulsión de Eliseu, importante sin duda, o de las dimensiones del terreno de juego -como si no lo hubiera sabido de antemano-, pero debe reconocer -y así lo hizo, por cierto- que el Rayo fue mejor. El conjunto vallecano salió enrabietado, desatado y ya en el primer minuto gozaba de una clara ocasión en un balón enviado desde la banda izquierda al que no llegó Lass.

El técnico madrileño se vio obligado a realizar cambios en su alineación por la ausencia de Casado y la alternativa, por lógica y más que sabida, fue toda una sorpresa por lo espectacular de su resultado. Botelho cuajó su mejor partido como franjirrojo, corrió los noventa minutos y, más allá de la anécdota del gol, se convirtió en el fuelle que insuflaba aire a las venas de Tamudo y de Piti. El primer tiempo de Piti, uno de los ídolos de la afición, fue para enmarcar. Su movilidad, sus caídas a ambas bandas, sus diagonales, su continua presencia en los apoyos, presentaron la mejor versión de un gran jugador que necesita confianza y que, hoy, demostró su gran calidad. El catalán se sintió apoyado por Lass que, mientras le duró el físico -fue sustituido por una lesión sin aparente importancia-, realizó una auténtica exhibición de carreras, presión y regates, que siguen presentándole como la gran esperanza del rayismo de cara a futuro.

Con la premisa de olvidar lo ocurrido ante el Espanyol, los vallecanos decidieron que la presión y continua ofensiva les darían el triunfo. Así fue. Desde el primer instante los franjirrojos salieron en busca del gol. El primero en intentarlo sería Lass, que no llegó a un envío desde la banda izquierda, y el segundo, con mayor fortuna, sería Botelho, que encontró la portería de Willy cuando se cumplía el minuto siete de juego. Además, Tamudo estrelló un balón en el cuerpo del cancerbero visitante, que tapó como pudo los huecos para evitar el segundo, y Arribas, con otro gran remate de cabeza, hizo temblar a la parroquia malagueña presente en Vallecas esta noche.

Michu dijo «aquí mando yo» y junto a Movilla y el buen hacer de Javi Fuego un poco más retrasado, desactivaron a un Málaga que, sin las incursiones de Cazorla y Joaquin, y con Toulalan perdido en la maraña del centro del campo, se convirtió en un equipo vulgar, triste y simple. Mucho más cuando Eliseu se ‘autoexpulsó’ con la inestimable ayuda de Lass, dando razones a su técnico para justificar lo injustificable, que su equipo fue peor que un Rayo plagado de ilusión y alejado de los ceros en las cuentas corrientes de los de enfrente. El Málaga se quedó con diez tras el manotazo que Eliseu propinó a Lass, después de varias ‘guerras’ mantenidas en roces anteriores durante los 36 minutos que el centrocampista portugués estuvo en el campo. 

Otra gran acción personal de Botelho, con remate de Tamudo salvado por Willy, pondría punto final a una primera mitad extraordinaria de un Rayo que se reencontró con una afición a la que, en palabras de su propio técnico, se le debía una.

Tamudo celebró con rabia un nuevo gol y Cazorla salió ovacionado del Estadio de Vallecas

Tamudo fue protagonista en la segunda mitad. El delantero del Rayo, que celebró de una manera poco efusiva su gol en Santander y que comentó que no celebraría un hipotético tanto ante el Espanyol, se reivindicó y quiso demostrar que sus goles tienen el mismo sentimiento que los que marcaba en otras épocas.

Nada más iniciarse la segunda mitad Michu disparó al poste de la portería visitante, mientras Lass se quedaba en la banda doliéndose de su tobillo. El guineano sería sustituido por Pacheco, que en su primera acción de ataque terminó estrellando el balón en el cuerpo de Willy. Michu lo volvería a intentar con un remate que se marchaba alto, mientras Tamudo se acercaba a su gran momento con un remate que pasó rozando el poste. Instantes antes (minuto 60) llegaba la primera ocasión de los visitantes, con un remate de Van Nistelrooy que se marchó fuera.

El Rayo cedió algo de terreno y lo hizo con intención, porque sus salidas fueron fulgurantes, recuperación de balón, contra y peligro. Tamudo aprovechó una de las acciones de ataque franjirrojas para marcar el segundo de la tarde y lo celebró como se merece, con la afición, para despejar cualquier duda.

La entrada de Trashorras por Piti, que había ido de más a menos, y de Koke por Tamudo, sirvieron para que ambos jugadores se lucieran. El primero con su participación en el juego del centro del campo y el segundo con acciones de jugador bravo y mostrando ciertos alardes en los regates, de esos que alegran la vista al aficionado, sobre todo ‘con viento a favor’. La sustitución de Cazorla sirvió para que el público de Vallecas reconociera su esfuerzo en la segunda mitad y su trayectoria en los últimos años, con una ovación poco habitual con jugadores rivales.

El Rayo consiguió derrotar a un Málaga plagado de figuras, unas estrellas que esta noche no lucieron en el nublado cielo de una Vallecas que dormirá con una sonrisa tras ver como su ‘Rayito’ tumbaba a un grande.