Media hora de silencio… que juega el Rayo

El Rayo Vallecano ha sido capaz de sorprender durante media hora al Real Madrid y al Barcelona. Al final, salió goleado de ambos partidos pero su afición disfrutó del juego de los suyos.

Opinión. Media hora. Treinta minutos de disfrute, de deleite, de gozo y de orgullo. Alguien me recordaba antes del partido del Camp Nou que no hace tanto tiempo el Rayito se había tenido que ‘jugar los cuartos’ con el Santa Brígida. Un pasado que hoy, más que nunca, debemos tener presente para ser conscientes de dónde estamos, de donde venimos y, sobre todo, dónde queremos ir y estar de ahora en adelante. Parece una perogrullada, pero que nadie se equivoque, que el fútbol es muy traicionero y cuando te quieres dar cuenta… Pero hoy no. Hoy me toca ser optimista. Suena raro, después de recibir cuatro goles, después de jugar contra el que en los últimos años ha sido, con diferencia y merecimiento absoluto, el mejor equipo del mundo. Aún así, orgullo y optimismo.

Media hora. Treinta minutos llevaron a los aficionados del Bernabéu a desesperarse con su equipo, al ‘run-run’ e incluso al abucheo y pataleo. En ese tiempo, el Rayo fue mejor que el Madrid y lo plasmó sobre el terreno de juego a base de coraje, de empuje, de presión y de fútbol. Porque este equipo juega al fútbol. Cayeron seis, pero siempre hay maneras de perder y cuando se hace con la cabeza alta, las ‘cornadas’ son menos dolorosas. Aquel día aprendí una nueva lección de una afición que, incluso con un seis en contra es capaz de corear los pases de su equipo como si fueran ellos los que hubieran goleado.

Media hora. Treinta minutos fue el tiempo que estuvo Guardiola repasando sus notas y descifrando el jeroglífico que le había planteado Sandoval. Alves para arriba, defensa de tres… rompo la de defensa de cuatro y gano un hombre en el centro del campo. Me están comiendo el terreno. Menos mal que tengo al Alexis, ¿pero de dónde ha salido Michel, si no había jugado nada este año? Y el Lass este, ¡cómo corre!. Gol, gol y gol. Menos mal, ya está arreglado. ¡Qué mal lo pasé!. Media hora. Treinta minutos en los que el Rayo maniató al Barcelona en el Camp Nou, cuando los grandes jugadores del conjunto blaugrana parecían no dar una a derechas y el gran Messi se desquiciaba. Lass era una liebre, Michel tuvo el gol soñado, Michu se hacía fuerte entre los centrocampistas de la roja, Movilla rejuvenecía quince años y los defensas salían con el balón en los pies, estilo Beckenbauer. Una gozada.

De nuevo la misma lección. 4-0 en contra, un estadio con más de 50.000 personas y un puñado de ‘locos por el Rayo’ que volvían a atreverse con los ‘oles’ y los cánticos desde lo más alto, desde el mismo cielo de Barcelona. Mi enhorabuena para ellos, una vez más.

Lástima que solo durase treinta minutos. Ese tiempo, en el Bernabéu y en el Camp Nou, el Rayo Vallecano pareció el grande, mientras Real Madrid y Barcelona se afanaban en buscar una solución a un problema inesperado, por muchas alabanzas y elogios lanzados en las horas previas, por si acaso.

El Rayo ha demostrado tener soltura y recursos para sorprender a los grandes de la liga, orgullo y optimismo, pero deberá seguir pensando en dejar por debajo a Racing, Sporting, Zaragoza… con tres será suficiente. Entre tanto, media hora de silencio… que juega el Rayo.