El regreso del Real Madrid a Vallecas vuelve a quedar marcado por la ruptura social entre parte de la hinchada y la directiva del club. En lo deportivo, Jémez recuperará probablemente la defensa de cuatro.
La visita de uno de los grandes a Vallecas se ha encuadrado, en estos dos años tras el retorno del Rayo Vallecano a la Primera División, en un ambiente hostil hacia la directiva, en una falta de entendimiento entre los dirigentes vallecanos y parte de su hinchada y en una falta de tacto tal que, lamentablemente, podría conducir al desastre. Porque desastre, más allá del resultado final del derbi entre Rayo y Real Madrid, será un estadio a medio llenar -y aquí no habrá cabida para las botellas medio llenas o medio vacías-.
El retorno de Mourinho, que el año pasado se encargó de dar un bofetón a su afición tras comprobar cómo habían dado la espalda a su equipo y cómo en las gradas del estadio de Vallecas tan solo aparecían un ‘puñado’ de seguidores, con espíritu pero sin convicción, será una vez más un espectáculo en sí mismo. Además, este año, el portugués ha aderezado el cóctel merengue con lindezas del tipo ‘no tengo equipo’, mientras «el triste» intentaba olvidar el mal trago sin conseguirlo en unos partidos de liga que han dejado al descubierto las peores miserias de un vestuario plagado de estrellas, pero sin un único líder.
Los blancos llegan a Vallecas rememorando el partido del año pasado en el que una genialidad del genio desniveló una balanza injustamente volcada hacia los de Chamartín. Aquel día, Ramos y Pepe tuvieron minutos extra gracias a la benevolencia arbitral, mientras que Cristiano logró uno de esos goles que solo un jugador con una cabeza privilegiada es capaz de inventarse, uno de esos goles que uno logra de cada mil intentos. Si hay un hombre capaz de buscar esos intentos, ese es Cristiano Ronaldo, un jugador en estado de «tristeza» capaz de echarse al equipo a las espaldas en la Champions y capaz de hacer resurgir a un Real Madrid demasiado timorato en la liga. La euforia del luso en Europa contrasta con sus penurias caseras en liga.
El balance de los blancos fuera del Santiago Bernabéu seguro que hará pensar a Mourinho sobre la conveniencia de levantar el castigo a Sergio Ramos -pocos dudan de su regreso, su amigo Casado entre ellos-. Con la vuelta del central sevillano al once inicial, Varane, que fue titular ante el Manchester City, volvería a tener plaza en el banquillo y el Madrid se parecerá más al equipo que el año pasado sufrió para llevarse la victoria de un estadio que no se llenó, pero que estuvo inmenso en favor de los suyos.
Con Arbeloa, Marcelo y Pepe, el técnico portugués tendrá completa una línea defensiva protegida por Khedira y Xavi Alonso, dos escuderos que en un terreno de juego de las dimensiones del Estadio de Vallecas serán más que necesarios. Modric y Ozil serán la única duda seria de un equipo comandado en ataque por el de los ‘taconazos de lujo’ y por Higuaín.
El Madrid ha perdido seis puntos en sus dos primeros desplazamientos lejos del Bernabéu. Primero cayó ante el Getafe y hace una semana hizo lo propio en el Pizjuán ante el Sevilla de Michel y Coke. Los madridistas, actuales campeones de liga, ven cómo el Barcelona se les escapa en la tabla y miran con desesperanza como su rival de mañana afronta el partido con tres puntos de ventaja sobre ellos. Ver para creer.

La ‘guerra’ del día del club ha empañado una gran semana de fútbol
En Vallecas el debate no es la tristeza de sus jugadores (ayer Amat, por ejemplo, confirmó su inmensa alegría por jugar en el Rayo), ni siquiera si jugará éste o aquel jugador. Aquí la polémica llega desde fuera, una vez más. El pulso que desde hace un año mantiene la actual directiva, aunque Antonio Fernández Monterrubio ya no esté entre los ‘elegidos’, con la Plataforma ADRV lleva camino de enquistarse definitivamente, si no lo ha hecho ya. La de ahora, como ocurriera la temporada anterior, es la guerra de los días del club y la obligación de los abonados franjirrojos a pasar por ‘caja’ para arrimar el hombro en tiempos de crisis para todos. El desencuentro es total y los aficionados han anunciado que protestarán contra la gestión de Martín Presa cada diez minutos. El espectáculo extradeportivo está asegurado.
Así, con un ambiente nuevamente enrarecido, se afronta el derbi con el Real Madrid. Algunos jugadores, aprovechando los pocos ratos que les ha dejado Jémez entre entrenamiento y entrenamiento, han aprovechado para solidarizarse con sus seguidores, en un gesto que les honra. Entre tanto, el técnico canario del Rayo, Paco Jémez, se ha encargado de dar más de un ‘tirón de orejas’ a sus jugadores por lo ocurrido en el anterior derbi ante el Atlético en el Calderón. La falta de agresividad de alguno de los titulares podría provocar que pierdan su sitio en el once, dando paso a aquellos que rozaron la perfección en la casi-remontada ante los rojiblancos. Así, está en peligro la plaza de Piti, la de Adrián o Trashorras y la de Bille, por poner algunos ejemplos de lo que sucedió hace una semana. Esperando su oportunidad se encuentran Lass, el ‘Chori’ y un Delibasic en estado de gracia de cara al gol.
Aparte de los movimientos individuales, que podrían estar marcados por la recuperación o no del joven brasileño Leo Baptistao, la gran duda se plantea en el dibujo táctico de los vallecanos. Con las cartas mostradas por Jémez, el Rayo retornará a una defensa menos peligrosa, recuperando cuatro posiciones de retaguardia y perdiendo una pieza de centro del campo. Aún así, el conjunto vallecano intentará discutirle la posesión al Madrid y buscar las llegadas con un número de efectivos suficiente como para inquietar a Casillas. Con cuatro y Javi Fuego por delante, el Madrid tendrá menos facilidades de las encontradas por el Atlético con Falcao y Diego Costa.
El derbi ante el Real Madrid podría quedar marcado por el desastre de una gestión que podría dejar las gradas de Vallecas a medias de todo y de nada, por la guerra entre la masa social y los dueños del club y por la apuesta de un Rayo tan valiente como inteligente.
