¿Dos años o toda una vida?

Opinión. Hace menos de dos años el Rayo Vallecano visitó Valladolid pensando en el ascenso a Primera División, tras un amago de huelga de su plantilla y con González Sobrino en la grada como «salvador». Dos años y tanta actualidad que parece una vida.

Opinión. Han pasado menos de dos años y ya parece una eternidad, el pasado lejano de un club que todavía tiene ante sí muchos retos por superar y muchas respuestas por contestar. Hace menos de dos años, la entidad todavía presidida por Teresa Rivero, estaba en pleno proceso de ebullición, con rumores de desaparición, de abandono, de escándalo semana a semana. Por aquel entonces, cuando el Rayo visitó por última vez Valladolid, todo apuntaba a que González Sobrino, un empresario que apareció de la nada y al que se negó la posibilidad de «comprar» la deuda, sería el próximo propietario del club vallecano. Mediático, movió los hilos para viajar a Pucela y se mezcló con la afición de Vallecas, que le aclamó como el posible salvador de la vida de un club medio moribundo. Los acontecimientos posteriores terminaron por cerrarle las puertas, a pesar de su demostrado interés por quedarse al mando de todo.

En aquellos momentos, ahora tan lejanos en la memoria colectiva de una afición que sigue pagando los errores del pasado, Martín Presa no existía para el Rayo, aunque otros nombres habían aparecido y desaparecido con mayor o menor notoriedad pública. El ex-gerente Jesús Fraile daba la cara por una directiva mucho más pendiente de otros problemas que de los de su equipo de fútbol. Javier Ruiz-Mateos solo salía cuando y donde le apetecía (siempre en medios afines y poco «guerreros») para ofrecer su versión de unos hechos ampliamente explicados por una plantilla al borde de la autodestrucción.

Los jugadores, hartos de soportar mentiras, engaños, medias palabras y promesas siempre incumplidas se plantaron y llegaron a amagar con una huelga que finalmente no se llevó a cabo. Su medida de presión fue amenazar con no acudir al partido ante el Valladolid, el mismo que menos de dos años después se disputa en Primera División y con el Rayo pensando en fútbol, aunque no lo haga siempre porque la actualidad enciende fuegos semana tras semana. Las reuniones, las presiones, las conversaciones… todo giraba en torno a una única realidad, ascenso o desaparición. Al menos eso fue lo que se les dijo a los jugadores y eso fue lo que se le dijo a la afición, que como de costumbre estuvo muy por encima de sus dirigentes, los pasados, los presentes y los futuros El equipo sobrevivió a Valladolid, a la segunda división y a todos los asuntos extradeportivos que, tiempo después, finalizaron con unas transacciones de las que muchos siguen dudando.

Casi dos años después de todo aquello, los que no cobraban ya han «volado» de Vallecas (salvo algunas excepciones), el que sí lo hacía aunque no lo decía y era aclamado popularmente ya no está en el club, y los que mandan, cuando otros les dejan, son unos señores vigilados por el rayismo, que no se fía ni de su sombra.

No han pasado dos años de todo aquello pero parece toda una vida. El Rayo es de Primera, su afición de Champions, pero su realidad sigue distando bastante de la que, por supuesto, se merece un club como este. Una vida…