El día que aprendimos a ser valientes sin morir en el intento

Opinión. El Valladolid encontró la llave para abrir la defensa de tres del Rayo Vallecano. Aquel día en el que el Rayo recibió una escandalosa goleada, la clave de la supervivencia se subió al proyecto franjirrojo.

Opinión. Llegaba el Rayo Vallecano a Pucela crecido por su excepcional arranque liguero, por unos resultados incontestables, por un juego que empezaba a mostrar los brotes verdes que posteriormente iría confirmando y lo hacía con una idea en la cabeza: valentía. El equipo de Paco Jémez había sabido sortear las dificultades de la Primera División en un inicio de liga con resultados positivos y, en Valladolid, maduró para convertirse en un equipo mucho más fuerte. La escandalosa goleada recibida ante el conjunto de Djukic sirvió a los jugadores, pero principalmente al cuerpo técnico, para reforzar su idea de valentía, aunque apoyada en la cordura y la practicidad.

El conjunto franjirrojo había sabido sorprender al Real Betis en el Benito Villamarín con una defensa de tres que Pepe Mel y los suyos tardaron en digerir. Cuando lo hicieron el Rayo se había llevado los tres puntos. Después llegarían más momentos con defensa «atacante» y con superioridad en el centro del campo, algo que los vallisoletanos aprovecharían para poner ‘colorado’ al míster franjirrojo goleando sin piedad a los de Vallecas. El Valladolid estudió bien el partido y encontró la clave para barrer a los franjirrojos. Diagonal del interior, arrastrar a Tito al centro, llegada por la banda descubierta, pase ‘de la muerte’ y gol. Tan sencillo, tan práctico, tan rápido… tanto que Jémez apenas pudo reaccionar y el Rayo se llevó ‘un saco’ del Nuevo José Zorrilla. Seis goles sirvieron para que el Rayito aprendiera a jugar a otra cosa, sin perder su espíritu, sin renunciar al ataque, sin dejar de ser osado. Aquel día, el Rayo aprendió a ser valiente y a sobrevivir en el intento.

Tras la debacle en Valladolid, poco más se supo de la criticadísima defensa de tres y, aunque el equipo volvió a encajar otro par de goleadas (4-0 en Anoeta y 0-5 ante el F.C. Barcelona), la dinámica sería totalmente diferente. Los jugadores se asentaron en el planteamiento del técnico, aprendieron a disfrutar con su juego y a sacrificarse en ayuda del compañero, crecieron como bloque y se convirtieron en un conjunto que después del ‘traspié’ en Anoeta ha sabido defender con inteligencia su portería.

En las cinco primeras jornadas, antes de la visita al Valladolid, el equipo había encajado siete goles, repitiendo dicha cantidad en los mismos partidos de la segunda vuelta. Estos goles en contra no impidieron sumar siete puntos en el inicio liguero, mientras que en la segunda vuelta han significado seis. Pero más allá de los números las circunstancias son muy diferentes. No hay que olvidar que el Rayo logró imponerse al Granada con un gol en el descuento y que el Sevilla falló dos penaltis en el Estadio de Vallecas. Ahora el equipo tiene ese aire de idea colectiva, de trabajo aprovechado y de fe en sus posibilidades. Se ha conseguido un punto menos, se han encajado los mismos goles en contra, pero nadie puede negar que la derrota en Valladolid supuso un antes y un después en el futuro de un Rayo que espera la llegada de los pucelanos para lograr dos objetivos. El primero, olvidar lo del Bernabéu, el segundo, vengar aquel día en el que el Rayo encontró la clave a base de goles en contra. El domingo seguro que será otra historia.