Opinión. El Rayo Vallecano jugará hoy en los juzgados de lo Mercantil el partido más importante de los últimos años y uno de los más intensos de su historia, para salir de una situación tan merecida como vergonzosa.
Opinión. Hoy el Rayo Vallecano jugará su partido más importante de los últimos años, el que le saque de un concurso tan merecido como salvador, tan merecido como injusto para otros, tan merecido como vergonzante. Que un club de fútbol tenga la desfachatez de pagar salarios millonarios a sus trabajadores, entiéndase que hablo de los futbolistas de primer nivel, y se permita el lujo de defraudar al resto de ciudadanos de un país, sea el Rayo o sea el ‘Tataramundi de abajo’ es un auténtico despropósito. Esta es la fuerza que tiene nuestro ‘deporte rey’ y ese es el escudo tras el que se han cobijado todo tipo de personajes sin escrúpulos que, valiéndose del poder de las masas, han saqueado, han desvalijado y han dejado ‘en cueros’ a los de dentro y a muchos de fuera. En una ocasión, alguien que sabe mucho del tema me explicaba cómo se las gastaba cierto presidente de Primera División -hoy en otra categoría menos glamurosa- en determinadas negociaciones. «Esto es así», decía, «somos intocables, porque tenemos detrás a toda una ciudad capaz de salir a la calle por conseguir que esto funcione». Lamentablemente no estaba hablando de generar puestos de trabajo, ni de hacer las cosas bien, hablaba de su impunidad y de su capacidad para hacer lo que le diese la gana, porque ningún poder iba a ser capaz de tumbarle. Así de triste, pero así de cierto.
El fútbol de hoy en día es una auténtica vergüenza, por mucho que los Tebas de turno quieran hacer borrón y cuenta nueva. Que un club de Primera, Segunda o la categoría que sea haya llegado al extremo de dejar de pagar a varios cientos de acreedores durante años y, sobre todo, que no haya cumplido con Hacienda y con la Seguridad Social, no tiene nombre. Esto es así y, por mucho que duela que uno de esos clubes sea el de uno mismo, lo justo es reconocerlo.
Dicho esto, las cosas son como son y, al igual que otros tantos clubes a lo largo de los últimos años, el Rayo se ha aprovechado del concurso de acreedores para sobrevivir a costa de todo ese dinero que nunca pagará a quienes le sirvieron durante años, porque ahora que nos van a explicar las quitas, esto no es más que dejar de pagar gran parte de lo que se adeuda a gente que cumplió aportando sus bienes, su trabajo, su tiempo y su dinero, para terminar siendo ‘estafados’.
Una vez superado esto, quedarán un montón de años por delante con la ‘Espada de Damocles’ acechando sobre la cabeza de todos los rayistas. El convenio se firmará, de eso pocos tenemos dudas (principalmente porque la liquidación te supone perderlo todo y el convenio recuperar parte), pero después hay que cumplirlo, hay que confiar en que los ingresos sigan entrando en la proporción esperada, hay que confiar en que los gastos no se disparen por la razón que sea, hay que confiar en que los que mandan hagan, esta vez sí y por fin, lo que deben. De lo contrario… se acabó.
¿Qué pasará con el dinero que el club haya generado hasta ahora una vez se dio el paso de entrar en concurso? ¿Qué pasará cuando los administradores concursales hagan sus maletas y abandonen las instalaciones del Rayo Vallecano -ojalá, para no volver nunca más-? Esas preguntas y alguna más se hacen muchos aficionados rayistas, los mismos que no querían entrar en concurso, los mismos que han clamado durante meses por su salida y los mismos que ahora, viendo la inminencia de este nuevo escenario, empiezan a plantearse que el futuro más inmediato podría estar tan plagado de sombras como lo ha estado la época anterior. ¿Alguien sabe lo que hizo ‘el amigo de Tebas’, aquel que no ofreció una sola explicación pública durante su estancia en Vallecas? ¿Alguien sabe en qué ha consistido el asesoramiento del propio Tebas? ¿Alguien sabe a qué se han dedicado los administradores concursales en todo este tiempo? ¿Alguien sabe…? Complicado, ¿verdad? Veremos a partir de ahora.
Hoy el Rayo juega el partido más importante de los últimos años y uno de los más intensos de su dilatada historia. El de hoy será el primer paso hacia un nuevo futuro que, sinceramente, y desde mi punto de vista, está plagado de incertidumbre. Dudoso por el clima «bélico» de una parte de la afición hacia los dueños del club, complicado porque una entidad deportiva sin pertenencias (sin estadio propio, sin ciudad deportiva propia, sin terrenos, sin nada…) solo puede sobrevivir a base de la venta de su único patrimonio, unos jugadores que cada año que pasa son menos en propiedad y más en préstamo. Ingresos por publicidad reducidos a la mínima expresión, ingresos por televisión de lo más escasos (aunque ahí es para estar contentos porque, según me cuentan, las audiencias televisivas del Rayo son para echarse a llorar)… suma y sigue.
Por otro lado, hay quien ve la botella medio llena y me explica que peor que hemos estado es difícil que nos volvamos a ver, que si salimos de esta con vida, el futuro solo puede ir a mejor. En eso tengo que darles la razón, y a eso me gusta siempre añadir que, independientemente de la categoría en la que esté este club, mientras tenga detrás la afición que tiene, el futuro más esplendoroso está asegurado. Solo espero y deseo una cosa, que, en el día en el que el Rayo se juega tanto, alguien se comprometiera a mimar, a cuidar y a aplaudir a unos aficionados que han sabido estar con su equipo en todas las situaciones y que, en las peores, han sacado la cara por su orgullo, el orgullo del barrio de Vallecas.
