La afición del Rayo empezó y terminó el partido apoyando sin descanso a un equipo que no consiguió mantener la chispa de la grada durante los noventa minutos que duró el choque contra el Sevilla.
Rozar los 12.000 espectadores en una mañana espléndida para la disputa de un partido de fútbol, tener a una afición ‘enganchada’ desde el primer minuto y confiando plenamente en las opciones de su equipo, no fueron argumentos suficientes para que el Rayo Vallecano sacara adelante el importantísimo encuentro que les enfrentó ayer al Sevilla en el Estadio de Vallecas.
La mañana empezaba bien, las gradas poco a poco iban recuperando el aspecto de las grandes citas futbolísticas del barrio de Vallecas, el estadio estaba preparado para repetir la gran fiesta vivida ante el Málaga, pero todo se torció y poco a poco se fue consumiendo el espíritu, el empuje y la garra de la grada.
Los primeros instantes del choque fueron intensos a todos los niveles. El Sevilla se parapetaba atrás, el Rayo intentaba hacerse más grande con el balón en los pies y la afición alentaba sin descanso para generar ese ambiente irrespirable que antaño se vivía en el Estadio de Vallecas.
Conforme pasaban los minutos, el Rayo se iba diluyendo, el Sevilla seguía igual de rocoso e impenetrable y el ambiente decaía, perdiendo su magia y transformándose en una versión más ‘light’ del infierno de Vallecas. Con el marcador en contra las cosas fueron peor todavía. Algunos rumores volvieron a escucharse desde la impaciencia de un público que sigue confiando, aunque menos, en el milagro que les permita salir de esta. Desde el fondo, los únicos que mantuvieron su apoyo constante durante los noventa minutos, se pedía el apoyo de todo el estadio, hasta que saltó la chispa de nuevo…
La expulsión de Iborra a falta de ocho minutos para el final volvió a encender el ambiente en Vallecas, la afición volvió a apretar y empujó a los suyos en busca de un empate que no llegaría, ni siquiera con el desesperado intento de un Rubén que subió a rematar el córner que cerraría el encuentro.
La afición trabajó, pero el devenir del partido le fue quitando la magia y la expresividad. El domingo, en horario nocturno por caprichos de la Liga, los seguidores del Rayo gozarán de una nueva oportunidad para llevar a los suyos a la victoria. Una larga semana por delante.
