Opinión. ‘En Vallecas son conscientes de que el futuro se empieza a construir en el presente y nunca en el pasado y que la base de un proyecto debe tener cimientos firmes’.
Opinión. Mucho han cambiado las cosas en apenas unos meses. Desde que el Rayo Vallecano salió de la indeseable, injusta y horrible ley concursal, la vida por Vallecas se ve de otra manera. Las manos atadas de los directivos franjirrojos se han liberado y, ahora, hipotecan o aseguran el futuro con la mejor de sus intenciones. Hace unos años, fichar a jugadores por cuatro temporadas era impensable. En algunos momentos, porque gastar determinadas cantidades de dinero solo estaban al alcance de los que algo tenían que esconder, y era difícil mantener garantías, y en otros momentos, porque «los de la corbata» impedían cualquier movimiento que pudiera hacer plantear un futuro que fuese más lejano que el hoy y el ahora.
La nueva era del Rayo Vallecano ha llegado, y lo ha hecho precisamente en el año en el que el conjunto vallecano se reencontrará con su pasado y vislumbrará el futuro con ilusión, como lo hizo aquella grandiosa y triste tarde de rayismo en Ipurúa. Allí nació la comunión más espectacular que se ha vivido nunca entre una afición y una plantilla, dos plantillas, varias plantillas,… hasta nuestros días. Varios años han pasado, pero el espíritu de Ipurúa sigue latiendo y la nueva era del Rayo tendrá la oportunidad de recuperar lo que aquella tarde quedó pendiente.
Para el Rayo las cosas este verano están siendo diferentes. Cada año la misma canción, fichaje por una temporada o a lo sumo, y con suerte, dos, fiasco o éxito… y vuelta a empezar. Esta temporada, sin las ataduras de los últimos campeonatos, el Rayo se permite el lujo de fichar a Mojica o Alex Moreno por cuatro temporadas, a Morcillo, Diego Aguirre o Jozabed por tres o, incluso, a Antonio Amaya por dos campañas. Siempre quedarán jugadores de un solo año (Boateng, Manucho o Pozuelo) y otros que llegarán cedidos (Kakuta, Cristian Alvarez y quizá Sissoko), pero la tónica está empezando a cambiar. En Vallecas son conscientes, y Paco Jémez ha sido el mayor pregonero de la idea, de que el futuro se empieza a construir en el presente y nunca en el pasado y que la base de un proyecto debe tener cimientos firmes.
Ahora viene la segunda lectura de todo esto. Jémez está ante la que seguramente sea su última campaña en el banquillo vallecano. Su amago de salida, su «cumplimiento» de contrato, sus quejas y lamentos porque todavía no tiene lo que quiere y necesita y su premonición de que tarde o temprano el Rayo se irá a Segunda División, son la antesala del final de una época. No pasa nada, Jémez ha dado al Rayo varias campañas en Primera, su mejor clasificación histórica en la liga y una «casi» clasificación europea que, con la perspectiva del tiempo, casi habrá que agradecer que no llegara (y si no que se lo digan al Betis).
Por su parte, tampoco Felipe Miñambres parece tener asegurada la perpetuidad en el cargo, y los rumores, coqueteos y ruidos mediáticos solo pueden llevar a una salida airosa y por la puerta grande, cuando esta se produzca. Felipe puede presumir de los ascensos, las permanencias, los fichajes exitosos (y algún que otro fracaso), pero sobre todo puede estar orgulloso de su trabajo de años. El servicio prestado al Rayo no tiene precio.
Aquí empieza el filo del abismo para el club. Con una directiva con apoyos, pero con mucha oposición, con un entrenador que quizá sí, pero seguramente no y con un director deportivo que puede que busque nuevos retos, el éxito o el fracaso están demasiado cercanos. La afición del Rayo únicamente espera que los futbolistas fichados por dos, tres o cuatro años sean parte de un futuro de alegrías, porque la apuesta, siendo alentadora, también es arriesgada. Hipoteca o inversión de futuro, dos situaciones que vuelven a depender una vez más de una defensa de tres, de una salida de balón al toque y de un remate acertado… la semilla está plantada, la recogida, a finales del mes de mayo, nos situará en el mapa. La nueva era del Rayo ya está en marcha… que ustedes la disfruten.
