Reflexiones en frío… orgullo vallecano

Reflexiones en frío… orgullo vallecano

Opinión. «Bueno me hizo creer, igual que Michu en su día, que era posible dar un susto en la casa del todopoderoso, que se podía dar un puñetazo en la mesa de la liga».


Opinión. Me gusta arrancar los viajes hacia el Bernabéu rodeado de mi gente, rodeado de rayistas que cantan, gritan, botan y se hacen notar en el Metro de Madrid. Me gusta. Este año, una vez más, he vuelto a hacer ese camino hacia la zona noble de la capital de España, con la misma ilusión y el mismo espíritu de siempre y, de vuelta, con la misma sensación de orgullo y rabia. Orgullo, porque sí, porque será imposible comparar un club y otro, un capital y otro, unos jugadores y otros, los goles de uno y los de otro, pero no su potencial humano, su gente, sus ganas, su lucha, su entrega, su apuesta, su sentimiento, su valentía, su coraje, su puesta en escena y su espíritu. Vallecas is different, aquí y en la Castellana. Y la rabia, porque Bueno me hizo creer, igual que Michu en su día, que era posible dar un susto en la casa del todopoderoso, que se podía dar un puñetazo en la mesa de la liga y que se podía igualar el capital económico con el corazón futbolístico. Kroos, Pérez Montero y Cristiano Ronaldo se encargaron de devolverme a la realidad, pero los quince  minutos del descanso y los diez de inicio del segundo tiempo, no los cambio por nada. Una lástima.

En mis reflexiones en voz alta, y en frío, vuelvo a lanzar una mirada al cielo de Madrid, lluvioso un año más, y sigo viendo y escuchando, escuchando y viendo, a cientos de rayistas con sus bufandas al viento y su voz en grito animando al Rayo. Da igual que enfrente tengan a treinta, cincuenta o noventa mil, da igual, unos pocos siempre dejan su firma allá donde estén. Chapó.

Un año más nos ha tocado cenar con una rueda de prensa en la que los blancos solo hablan de lo suyo y desayunar, comer y volver a cenar con unos programas deportivos y telediarios en los que hacen un repaso exhaustivo a todos y cada uno de los jugadores del Madrid. Que Navas estuvo nervioso e impreciso, que Ramos volvió a marcar, que Pepe terminó con un bonito recuerdo en la cabeza, que lo de Kroos fue de otra galaxia y lo de James imperdonable, que Bale le da más profundidad y Cristiano se pasó todo el partido quejoso… en fin, poco que hablar del gol de Bueno, de la presión de Leo, de la presencia defensiva de Abdoulaye, del gran manejo de balón y la apuesta ofensiva del Rayo, de la velocidad de Kakuta, de la entrega de Tito y Quini, de los paradones de Cristian Alvarez, del trabajo de Zé Castro, del Trashorras dominador del juego, del incansable Licá ni del debutante Fatau. ¿Acaso jugaron? De vergüenza.

Yo vi a Alex Moreno, Embarba y Lass contemplar con envidia el calentamiento de sus compañeros, mientras otros seguían deslumbrados por el resplandor obsceno y manoseado de una bota de oro. Yo vi a un entrenador sonreír en la previa, disfrutar y sufrir, y viceversa, en el desarrollo y resignarse al final, pero defendiendo lo suyo, mientras otros solo veían a un entrenador que dejaba en el banquillo a ‘un tal Casillas’. Yo escuché a la afición del Rayo gritar, mientras otros solo escuchaban los silbidos por el ‘caso Zidane’. Yo me mojé bajo la lluvia, mientras otros disfrutaron de un baño de la naturaleza. Diferencias, todas.

Volviendo a casa, en las tertulias rayistas, en las de los bares y los encuentros casuales, siempre la misma cantinela del estilo y la posesión, de la imagen y las goleadas… y siempre las mismas conclusiones. ¿Merece la pena salir goleado jugando valiente y ofensivo o terminar de la misma manera, o parecido, encerrados atrás y sin querer hacer nada más? Para cada día más gente el »estilo Jémez» es válido, para nosotros también. Caer con el Madrid con una ‘manita’, como cantaban los del fondo sur del Bernabéu, no es ninguna deshonra, ganar por 5-1 y estar demasiado tiempo a merced de un equipo pequeño, quizá sí debería serlo. Mirar el marcador, a mí me da rabia, pero en el fondo… no me representa. Más orgullo.

Ahora, vuelvo a entrar en el Metro y escucho los ecos de los aficionados del Rayo. Han pasado unos días, pero no se apagan, esperando que el año que viene volvamos a vivir una noche mágica en el Bernabéu (esperemos que con final feliz), porque «ahora que hemos vuelto del infierno…». Aúpa Rayo.