El Rayo tampoco se rinde

El Rayo tampoco se rinde

El Rayo Vallecano empató ante el Granada (2-2) en un partido en el que tuvo que remontar por dos veces los goles de los nazaríes. Pablo Hernández y Zé Castro marcaron.

GRANADA 2 – RAYO VALLECANO 2


Ficha técnica:

Granada (2): Jesús Fernández, Biraghi, Babin, El Arabi (Peñaranda, minuto 85), Success (A)(A), Abdoulaye (Rene, minuto 51), Cuenca (Edgar, minuto 78), Rubén Pérez, Foulquier, Rochina y Costa (A).

Rayo Vallecano (2): Juan Carlos (A), Tito, Zé Castro (A), Crespo (A), Quini (A) (Ozbiliz, minuto 72), Iturra (Manucho, minuto 55), Trashorras, Embarba (A), Piti (Bebé, minuto 38), Pablo Hernández y Miku.

Arbitro: Hernández Hernández.

Goles: 1-0. Minuto 11. El Arabi; 1-1. Minuto 45. Pablo Hernández; 2-1. Minuto 54. El Arabi, de penalti; 2-2. Minuto 87. Zé Castro.


El Rayo Vallecano sumó un punto dejando escapar dos o perdió dos puntos pero hizo bueno un empate que a muchos sabe a poco tras lo vivido en noventa minutos de vaivenes de sensaciones en una ciudad volcada con su Granada y que pasó del éxtasis al casi «suicidio» colectivo en apenas noventa  minutos. Por el camino, y mientras cada cual hace sus ‘cuentas de la lechera’ y ve la botella medio llena o medio vacía, queda la sensación de endeblez defensiva de un Rayo que si no aguanta en Primera será por no saber defender, ni más ni menos.

Otra vez tocó remontada, tocó pelear contra los elementos, tocó defensa de tres y todos al ataque, en definitiva, tocó sufrir. Todo empezó mal una vez más. En la primera llegada del Granada, el ‘pistolero’ El Arabi hacía diana y obligaba a los de Jémez a afinar en su fútbol y a no cometer errores que decidieran de manera temprana el partido.

El cuadro vallecano, que presentó una defensa sin Llorente por sanción y sin Nacho por decisión técnica, contó con dos laterales derechos para las bandas (Tito y Quini) y con dos centrales Zé Castro y Crespo, que sufrieron por momentos los envíos a la espalda y la prueba de velocidad con los puntas nazaríes. Además, en su búsqueda del once ideal, Jémez confió en Trashorras e Iturra, pero también en el recuperado Pablo Hernández y en Embarba y Piti, que salió lesionado a las primeras de cambio (no sin antes haber sufrido en ‘sus carnes’ la ira de una grada que no perdonó lo que consideraron una traición a su causa).

Con el marcador a favor, el Granada intensificó su apuesta defensiva y confió todo a las acometidas de Rochina, El Arabi o Success, mientras el Rayo trabajaba su juego de ‘amasamiento’ para poner en peligro a los locales. Lo intentó Miku sin éxito, también lo harían Embarba y Trashorras, en una primera parte marcada por el psicológico momento en que se consiguieron los goles porque, si importante fue empezar el partido marcando para los andaluces, mucho más lo sería el momento en que Pablo Hernández mandaba a todos a la ducha con un empate que devolvía la vida al Rayo.

En la segunda mitad tocó vivir de todo. Expulsados, penaltis, goles y ocasiones falladas, alguna de manera increíble, para finiquitar un partido que terminó en empate pero que pudo finalizar de cualquier manera. En una rápida contra Juan Carlos cometía penalti y El Arabi anotaba para adelantar de nuevo a los suyos. Otra vez tocaba la heroica para el Rayo, con el apoyo de una afición que en número de quinientos aficionados no perdió la fe para catapultar a los suyos hacia el empate y la ‘casi-victoria’ final.

El 2-1 hacía peligrar la apuesta futbolística del Rayo y ponía en evidencia a un equipo que debía irse arriba con todo en busca de un premio que no había sabido ganarse. Trashorras siguió manejando el partido, mientras Bebé, que había entrado en la primera mitad en lugar del lesionado Piti, percutía sin piedad por banda para hacer temblar a una defensa rojiblanca que sufría y anticipaba una catástrofe que finalmente quedó en susto, principalmente porque los intentos vallecanos no tuvieron la excelencia que hubiera mandado a los locales al lugar al que ni unos ni otros querían ir. 

Zé Castro volvía a marcar y permitía sumar un punto que Trashorras y Bebé, pero sobre todo Manucho y Miku, no multiplicaron por tres de puro milagro. La expulsión de Success en la recta final del partido había permitido a los vallecanos irse con todo el bloque al ataque y su insistencia casi le supuso lograr una remontada solicitada desde la esquina por su incansable afición.

Al final, reparto de puntos que sirve para poco más que para mantener a ambos en la pelea, aunque el Rayo consigue el premio de consolación: el ‘golaverage’ en un hipotético empate le es favorable, un clavo ardiendo al que aferrarse tal y como vienen las cosas.

Lo más positivo, una semana más, el apoyo «en las malas» de la insuperable afición de Vallecas, que no paró de animar durante los noventa minutos. Simplemente para quitarse el sombrero.