¡Pues sí que me están haciendo trabajar estos días, sí! Porque el Rayo sigue siendo lo que era, un manantial de noticias, rumores y, sobre todo, desencantos para aquellos que siguen empeñados en recuperar primero sus símbolos y después todo lo demás.
Porque si la Agrupación Deportiva Rayo Vallecano levantara la cabeza creo que no se reconocería, porque nosotros hemos cambiado bastante en varias décadas, pero ella, o su versión masculina como Rayo Vallecano a secas, mucho más.
Lo de los símbolos puede parecer una tontería, pero es el principio de todo. Es lo que te representa, por lo que se te reconoce. Y si el escudo de las cuatro letras pasó un día a tener tres y si al nombre se le añadió un apellido a todas luces innecesario (aquello de «de Madrid»), pues ya vamos encaminados.
Pero ahí no queda todo, ni mucho menos. Hace unos días, la marca que viste al Rayo escribía sin ruborizarse que «Valentía, Coraje y Nobleza no es solo un lema, es una actitud». Está claro que llegaron un día, como antes habían estado otras, y que están de paso, como todas las demás. ¿No es «solo» un lema? No, claro que no es un lema, ni una actitud, es un sentimiento arraigado durante años y años, es una forma de vida y algo que se enseña a los niños de este barrio cuando lo escuchan por primera vez. No es solo un lema, claro que no. Queremos ser modernos y terminamos metiendo la pata. Lo de la colección «Valentía, Coraje y Nobleza», repleto de modelos que en poco o nada se diferencian de los del catálogo de la marca ya es el remate. Cero cariño, cero sentimiento. Los mensajes que quieren enganchar se quedan muy lejos de conseguirlo.
Este Rayo, con ese apellido que nadie usa y sin los símbolos que todos querríamos utilizar, sigue pisoteando ese sentimiento y sigue yendo a contracorriente de lo que sus aficionados quieren y esperan. Si todos queríamos la franja para el año del centenario, plantamos un logo horroroso que no representaba a nadie. No hubo marcha atrás, debía parecer muy moderno, pero a mí que debo ser muy clásico me pareció un ‘churro’.
Para el regreso a Europa… ¡tampoco!
¿Y este año para volver a Europa? Pues más de lo mismo. Este Rayo con ese apellido que seguramente su dueño utilizará cuando le toque viajar por el viejo continente, se vuelve a olvidar intencionadamente de la franja y vuelve a ‘tirar’ del Rayo que no representa a nadie más que a quien un día decidió que había que enterrar la franja «para siempre». Lo que parece querer olvidar el que toma las decisiones es que la gente no es tonta y en Vallecas «la franja es sagrada».
Recapitulando. Si un día cambias el nombre del Estadio y le llamas Teresa Rivero con votación o sin ella – eran otros tiempos – (felizmente recuperado para la gente del barrio de Vallecas), si un día cambias el escudo y dejas de llamarte A.D. Rayo Vallecano para pasar a llamarte Rayo Vallecano de Madrid, si además te quieres llevar el equipo a otro sitio y si otro día le quitas su valor visual distintivo y lo cambias por «un churro», si además cada año es más difícil poder seguir abonándose, ¿qué diríais que queda del Rayo? Lo que apetece decir es que queda poco, pero tampoco es así. Quedáis vosotros, quedamos nosotros y quedarán los que vienen empujando por detrás, las nuevas generaciones de rayistas. Y tenemos la obligación de enseñar a los rayistas del futuro que por mucho que nos quieran cambiar los símbolos, los emblemas, la franja o lo que sea, y por mucho que alguien diga que «Valentía, coraje y nobleza» es un lema, Vallecas siempre habrá defendido lo que le pertenece. Su Rayo, su estadio, su franja y su espíritu luchador.
Por suerte, unos y otros están de paso, yo también porque es ley de vida. Solo espero que el daño que se está haciendo al corazón de Vallecas no sea irreparable y creo que buena parte del éxito en esta contienda pasa por la memoria colectiva, la lucha por preservar la herencia de nuestros mayores y ser capaces de transmitir el mejor legado que podamos dejar a los que recojan nuestro testigo. Porque ser del Rayo no es ponerte una camiseta, coger una bufanda, ir al estadio, animar y olvidarte hasta el siguiente partido. Ser del Rayo es mucho más, pero eso no te lo tengo que explicar yo, porque salvo unos pocos que siguen sin enterarse, tú que eres del Rayo lo sabes mejor que yo.
Lo de la franja sigue siendo un sacrilegio, en el centenario, por Europa o simplemente paseando por las calles del barrio. No permitamos que la memoria se borre. Y para los que esperaban mi opinión sobre las nuevas equipaciones del Rayo, allá va, me parecen muy feas.
