El Rayo Vallecano cayó en su visita a Osasuna (2-0) en un partido marcado por la ineficacia ofensiva y las concesiones defensivas.
Ficha técnica
Competición: Primera División
Fecha: 14 Septiembre 2025
Estadio: El Sadar
C.A. Osasuna (2): Herrera, Cruz, Torró, Moncayola, Raúl (Budimir, minuto 60), Aimar (A) (Benito, minuto 70), Rosier, Víctor (Rubén García, minuto 60), Boyomo, Abel Bretones (A) y Catena (A)
Rayo Vallecano (0): Batalla, Ratiu, Lejeune (Trejo, minuto 70), Luiz Felipe, Pep Chavarría, Pathé Ciss (A), Unai López (Camello, minuto 64), Pedro Díaz (Becerra, minuto 70), De Frutos, Isi (A) y Alvaro (Alemao, minuto 64).
Goles: 1-0. Minuto 14. Raúl García; 2-0. Minuto 76. Benito
Árbitro: Cesar Soto Grado (VAR: Juan Luis Pulido Santana)
En Pamplona hablaban de la intensidad y la velocidad del Rayo, en Vallecas del ADN y de la entidad de Osasuna. Entre tanto, yo recordaba unas palabras de Andoni Iraola diciendo que el Rayo debía mirarse en el espejo de la entidad rojilla para recorrer el mismo camino y aspirar a estabilizarse en Primera División. Deportivamente, el Rayo ha conseguido en unos años transitar por el camino marcado por los navarros, institucionalmente la distancia cada día que pasa es mayor.
Solo hay que darse una vuelta por los alrededores de El Sadar y de Vallecas, solo hay que poner un pie dentro de cada estadio, solo hay que ver cómo se miman los detalles en un lugar y cómo se descuidan en el otro. Lo dicho, que, salvo deportivamente, la distancia entre una y otra entidad es de varias categorías.
Dicho esto, que me parece muy relevante para elevar el mérito de lo logrado por Iñigo Pérez y los suyos, nos centraremos en lo específicamente deportivo y en lo temporalmente más cercano, porque el choque entre Osasuna y Rayo de la cuarta jornada de liga prometía emoción, sentimiento, lucha, entrega y buen fútbol. La apuesta de dos entrenadores que con 37 años Iñigo y con 39 Lisci, imprimen a sus equipos una identidad que aprovecha el ADN de ambas entidades y sus aficiones para reforzar positivamente sus opciones.
Iñigo apostó a seguro en su once inicial, volviendo a confiar en el bloque que de momento le había llevado a cosechar 4 de 9 ante rivales de alto nivel como Girona, Athletic y Barcelona. Osasuna por su parte prescindía de Budimir, con supuestos problemas físicos y que estaba en el banquillo, para apostar por un Raúl García que en la temporada 23-24 marcó el 1-0 definitivo en el minuto 95, pero que en lo que va de campeonato apenas había jugado media hora.

El primer minuto del Rayo fue clarificador. Dominio de balón, cambios de orientación, profundidad por bandas, centros y remate para finalizar. Una vez finalizada la jugada posicionarse para presionar alto. El ABC del fútbol de Iñigo Pérez condensado en apenas sesenta segundos. El segundo minuto puso las cosas en su sitio. Llegada de Osasuna, centros al área, remate y saque de esquina. Las cartas estaban sobre la mesa, los dos querían ganar duelos, los dos querían protagonismo con y sin balón, los dos querían los tres puntos.
Mientras unos y otros pensaban en cómo dominar al rival llegaba la primera mala noticia para el Rayo. En un intento de corte, el central Luiz Felipe se lesionaba y tenía que abandonar prematuramente el terreno de juego. Apenas habían transcurrido diez minutos y los vallecanos afrontaban el primero de sus retos en contra. Jozhua, que tuvo una gran actuación en la eliminatoria europea ante el Neman Grodno bielorruso, abandonaba su plaza en el banquillo para jugar un partido de ochenta minutos en el Sadar para el que no estaba inicialmente previsto.
Nada más entrar ya tuvo que emplearse a fondo con Víctor Muñoz, el mismo jugador que con su acción de velocidad inicial había provocado la lesión de Luiz Felipe. El joven central estuvo rápido y expeditivo para cortar el avance del veloz atacante rojillo. Pero su buen hacer inicial no tendría continuidad en la siguiente acción en la que un centro lateral prolongado hacia atrás por Ratiu iba a ser rematado a placer, una vez más, por Raúl García para hacer el 1-0. Otra vez Raúl García, que emulando a Sancet con el Athletic le tiene cogida la medida al Rayo. Jozhua no estuvo atento a la marca, se despistó un segundo y pagó las consecuencias.
Con el marcador en contra los vallecanos empezarían a evidenciar síntomas de impotencia para superar la defensa de cinco de los de Lisci. El balón era del Rayo, pero el muro defensivo plamplonica parecía ya la muralla china. El recién estrenado internacional español Jorge de Frutos intentó derribarla con un disparo que salió cruzado, pero que sería una bocanada de aire fresco para un Rayo asfixiado y falto de claridad de ideas. Su siguiente acción acabaría en gol, pero por milímetros iba a ser ilegal por fuera de juego (rodillita y hombrito sobre la línea de lo apto o no). Así se consumiría la primera media hora que de no ser por Batalla bien pudo haber llegado con 2-0.
Otro error de Jozhua al intentar dejar el balón atrás permitió a Víctor Muñoz llegar hasta ‘toparse’ con Batalla, que haciéndose enorme, evitó el segundo de Osasuna. El argentino ya sumaba a la causa, mientras otros restaban, aunque después estuviera a punto de liarla con una alocada salida que ponía de manifiesto el desorden en el que se estaba convirtiendo el fútbol del Rayo en ese tramo de encuentro. Las piernas de los rayistas parecían ir más deprisa que sus ideas y el colapso ya era notable, aunque De Frutos se empeñara en lo contrario.
Tras una gran recuperación de Ciss en el centro del campo, Isi lanzó a la carrera a De Frutos que empaló enviando el balón a la madera de la portería de Herrera. La mala suerte volvía a cebarse con el atacante vallecano que, como todos, terminaría aplaudiendo la espectacular ‘palomita’ de Batalla para evitar de nuevo el segundo de los locales. El ida y vuelta y el golpe a golpe, de momento seguía favoreciendo a los navarros.

Antes del descanso un centro de De Frutos no sería rematado por Isi, que se peleaba en cada acción con Catena (ambos verían amarilla en uno de sus enganchones) llevando el partido al ‘entretiempo’ con la sensación de haber hecho menos de lo necesario para intentar ‘rascar’ algo de El Sadar.
Posesión sin acierto del Rayo y sentencia a la contra de Osasuna
El segundo tiempo arrancó con otro desajuste defensivo por banda derecha que aprovechó Bretones para provocar el lucimiento de Batalla, que volvía a hacer su trabajo con nota, repitiendo minutos después al desbaratar otra llegada saliendo muy lejos de su portería. El Rayo se tenía que ir arriba con casi todo y asumir más riesgos defensivos. Chavarría llegó a los metros finales para poner un gran centro rematado de cabeza por Alvaro. La profundidad de las bandas era el arma a utilizar, porque la posesión seguía sonriendo a los de Iñigo.
La posesión y el dominio de momento no eran suficientes, aunque Lejeune y Jozhua estuvieran cerca de empatar tras un centro al segundo palo. El Rayo percutía por banda, movía el balón y ahora sí encontraba al menos los centros al área. El cambio de imagen era más que notable, el Osasuna estaba encerrado y con más de media hora de partido por delante parecía apostar por una posible contra o por otra concesión defensiva para sentenciar.
El Sadar empezó a apretar viendo las dificultades de los suyos y Lisci movió un par de piezas en su equipo para darle frescura en ataque. Budimir y Rubén García se sumaban a la fiesta rojilla. Iñigo emuló a su rival y también introdujo un par de cambios para dar más mordiente ofensiva a los suyos. Camello y Alemao, que debutaba con el Rayo, sustituían a Alvaro y Unai López. Después entrarían Trejo y Becerra, que también debutaba en liga.
El partido entraba en la fase de los ‘calambres’, los parones, los cambios, las faltas… el portero de Osasuna se marcaba un Batalla y se quejaba de calambres antes de casi liarla parda con una salida de la que estuvo a punto de aprovecharse de Frutos, pero que acabaría en nada. Quedaban 20 minutos y el Rayo seguía avasallando a un Osasuna que se dejaba dominar, parapetado atrás, y que buscaba mantener la ventaja y sentenciar.
Dicho y hecho, en un desplazamiento largo a la espalda de la defensa, con Benito partiendo de su propio campo, llegaría el 2-0 y la puntilla definitiva a un partido en el que el Rayo lo había intentado de principio a fin, incluso con un remate en el descuento de Isi despejado por Herrera, pero en el que se vio condenado por su atasco en ataque y sus concesiones defensivas.
