Para poder explicar algo es necesario llegar a entenderlo, de lo contrario es imposible ofrecer un relato verídico y acertado. Pues bien, cualquiera que no suela vestir una camiseta rojiblanca, estará en la misma tesitura que nosotros. Imposible explicar lo que no se puede entender.
Lo sucedido ayer en el Metropolitano sólo puede plantearse desde el prisma del grande y el pequeño, de la repercusión y la imagen, porque de otra manera la lógica se hubiera impuesto y el Atlético de Madrid hubiese perdido a dos de sus futbolistas antes de acabar el derbi contra el Rayo.
Las reacciones de Koke y Marcos Llorente no pueden explicarse, o sí, basadas en que el Rayo provocó, el Rayo perdió tiempo, el Rayo hizo faltas, el Rayo esto y el Rayo lo otro. Las reacciones de Koke y Llorente eran merecedoras de cartulina roja y sólo el colegiado (y el VAR) sabrán por qué decidieron no hacer nada ante las agresiones de los jugadores del At. Madrid.
Explicamos ambas tal cual sucedieron. Batalla se encaró con Barrios y, de repente, Koke apareció en escena para agarrar del cuello al portero franjirrojo durante unos segundos. Balón sin estar en juego, es decir, no es una acción de fútbol que pueda tener matices. Agresión y roja directa. Si el árbitro no lo vio, que estaba a escasos metros, el VAR debería haber intervenido (que luego lo hacen con algunas jugadas que dan risa).
La segunda acción fue tan clara como la primera. Chavarría agarra de manera continuada a Marcos Llorente, el colegiado deja seguir la acción, el jugador del Rayo persiste en su intento de hacer falta y el atacante del Atlético de Madrid le golpea con el puño en el estómago. Algunos pensarán que es una reacción lógica ante la insistente acción de falta del franjirrojo, pero con el reglamento en la mano, cualquiera podría decir que eso también fue una agresión. Puedes protestar al árbitro la falta, pero no puedes tomarte la justicia por tu cuenta. El colegiado volvió a decidir que una amarilla para cada uno era suficiente castigo, para el agarrón y para la agresión.
Imposible explicar lo que no tiene explicación alguna.
