Hace tiempo que venimos destacando la unidad del vestuario del Rayo Vallecano, algo que ha caracterizado a este grupo en su defensa de la camiseta, del escudo, de los colores y sobre todo de los valores de su afición en los últimos tiempos. Con la llegada de Iñigo Pérez este sentimiento de ‘buen rollo’ se ha potenciado hasta el punto de denominarse con asiduidad a esta plantilla como una ‘familia’.
En las buenas es fácil que esto suceda, en las malas es más complicado, pero hasta el momento incluso cuando las cosas se tuercen todo se sigue basando en lo mismo, el buen ambiente que domina cada entrenamiento, cada viaje, cada partido y cada historia de estos jugadores.
Los últimos meses han sido especialmente complicados para uno de sus integrantes. El Pacha Espino, según desveló ayer en zona mixta tras la victoria del Rayo Vallecano ante el Jagiellonia, viajó en varias ocasiones hasta Uruguay con permiso del club y con el apoyo de sus compañeros y del cuerpo técnico, que le ayudaron en todo momento.
El jugador franjirrojo consiguió marcar anoche el gol de la victoria europea del Rayo en Polonia y la dedicatoria fue para su padre, fallecido la semana pasada. La explosión de alegría de todos sus compañeros fue espectacular. Le arroparon, le abrazaron, le zarandearon… mostrando ese sentimiento que sólo los grupos sanos pueden ofrecer. Titulares y suplentes, protagonistas o no, todos vivieron el gol del Pacha como suyo. Por lo que significaba para el equipo, pero, principalmente, por lo que significaba para él.
Lejeune nos dijo en la zona mixta del Chorten Arena de Bialystok que «sabemos muy bien cómo es el Pacha. Soy muy cercano a él. Se lo merece y estoy muy orgulloso de él». Camello comentaba que «me ha pillado perfecto, lo he visto entrar y creo que fui el primero en celebrarlo. Sabemos que ha pasado meses muy jodidos. Es una persona muy querida en el vestuario, muy cariñosa, siempre con una sonrisa. Nadie se merecía más que él meter este gol y poder dedicárselo a quien se lo ha dedicado».
El Pacha le dedicó el gol a su padre. «Lo primero que se me pasó por la cabeza fue mi padre, que lo perdí hace una semana. Muy contento por el gol», decía, agradeciendo, además, el trato y la comprensión del club hacia su especial situación personal y el apoyo incondicional de su familia futbolística, es decir, sus compañeros y demás integrantes del club, y la que le rodea en el día a día fuera del fútbol. «Quiero agradecer también que en el último mes me fui tres veces a Uruguay y el club se portó espectacular: mis compañeros me trataron de maravilla, me entendieron, el cuerpo técnico también. Eso es muy valioso para mí. Y, obviamente, a mi familia que me apoya en todo».
Es en los momentos complicados de las personas cuando se hacen visibles los valores, los sentimientos y la fortaleza de quienes nos rodean para ayudar a superar cada revés. ‘La familia’ del Rayo estuvo a la altura, el club también. Nuestro apoyo incondicional al Pacha y nuestro respeto, transmitido en privado, pero también en público.
