Después de dos victorias y un empate en este mes de enero de 2026 la visita del Fuenlabrada a Vallecas podía suponer un auténtico punto de inflexión en la temporada de un Rayo B que parecía haber pasado los momentos más complejos de la temporada. Sin embargo, el equipo azulón volvió a poner de manifiesto las debilidades de un equipo al que le costaron muy caros sus errores.
Apenas había arrancado el choque en Nuestra Señora de la Torre cuando una internada por banda de Iván Alonso estuvo a punto de convertirse en el primer gol de la tarde. Sin embargo la falta de efectividad de Baldobar dio al traste con lo que podía haber sido un inicio inmejorable. El fútbol le tenía predestinada una tarde mucho más sufrida a los de Jorge Vallejo que en un error clamoroso en la salida del balón regalaban (prácticamente) el 0-1.

El Fuenlabrada vio reforzado su plan de partido y tirando de oficio fue comiéndole la moral a un Rayo B que pisaba el área constantemente pero al que se le hacía de noche a la hora de definir. Y cuando perdonas, lo acabas pagando. Antes de la media hora los azulones ya habían hecho el 0-2 en un mano a mano de Nates con Juanpe que nada pudo hacer para evitar el doblete.
Quedaba una hora de partido pero parecía una de esas tardes-noches en las que todo sale al revés. El filial tenía el balón, quería dominar el choque pero sufría un auténtico martirio defensivo cada vez que sufría una pérdida. Y por si ello fuera poco a escasos minutos del descanso un choque fortuito en el centro del campo nos dejaba sin un incisivo y participativo Baladía que abandonaba el partido en ambulancia encogiendo el corazón a los escasos aficionados rayistas allí presentes.

El segundo acto fue un quiero y no puedo de un Rayo B romo en ataque que cambió varios de sus jugadores intentando revolucionar el partido y que pudo caer goleado a poco que el Fuenlabrada hubiera estado más acertado en los disparos lejanos con un Juanpe que ejercía de único defensa en el centro del campo. No era el día y ni siquiera el postrero gol de Sergio Alonso sirvió para dotar al partido de epicidad.
El Rayo B pagó muy caros sus errores y en vez de mirar al cielo vuelve a tener la vista puesta en el ‘infierno’.
