Alicia fue protagonista en la semifinal copera del Rayo Vallecano ante el R.C.D. Espanyol. De héroe a villano en apenas unos segundos, la cancerbera no acertó con su lanzamiento de penalti.
El fútbol tiene estas cosas. La portería, puesto específico y especializado donde los haya, es un lugar diferente. El portero debe estar concentrado durante noventa minutos para intervenir en momentos puntuales y sus aciertos y sus errores son siempre trascendentales durante la disputa de un partido. La cancerbera del Rayo Vallecano ha destacado desde su llegada al primer equipo del Rayo por su calidad y por imprimir una seguridad al grupo destacada por todos. Ayer, la mala suerte se cebó con ella.
Alicia no había tenido excesivo trabajo durante la disputa de la eliminatoria de Copa de la Reina ante el R.C.D. Espanyol. El que tuvo, lo solventó sin demasiados problemas. Siempre atenta a las rápidas contras de las blanquiazules, supo atajar los remates que, con cuentagotas, llegaron sobre la portería franjirroja. Entre tanto, contemplaba impasible cómo las ocasiones de su equipo se marchaban al limbo una tras otra.
Después de ciento veinte minutos de lucha constante contra el rival y contra el mal fario, llegó el momento de Alicia. Las tandas de penalti siempre fijan todos los focos en la portería. Allí Alicia estuvo tranquila, consciente de las oportunidades que su equipo tendría de sacar adelante la eliminatoria. El lanzamiento fuera de Marta Torrejón aclaró el camino hacia la final del Rayo, aunque un posterior acierto de Mariajo deteniendo el lanzamiento de Pili, volvió a convertirla en la gran protagonista de la eliminatoria. Nada pudo hacer para detener el resto de penaltis de las jugadoras catalanas y Joserra Hernández, tras seis intentos anotados decidió que fuera ella, la portera, la que mantuviese al Rayo con opciones. No era una decisión aleatoria, no. Alicia entrena los lanzamientos de penalti, es más, Alicia es una buena lanzadora de penas máximas, pero ayer no acertó. La cancerbera franjirroja intentó asegurar, buscó un remate fuerte y al centro, pero su intento se marchó por encima de la portería del Espanyol. Así es el fútbol.
Alicia terminó con lágrimas en los ojos y con la sensación de culpabilidad que siempre dejan este tipo de circunstancias. En ese momento no recordaba sus grandes actuaciones a lo largo de la temporada, en ese momento no pensaba que gracias a ella y a su buen trabajo el Rayo es tan grande como es. Alicia solo veía un balón que se perdía por encima de la portería del Espanyol en la negra noche de Las Rozas. La soledad y la desgracia de un portero.





