Un hat-trick de Julián Alvarez sentenció a un Rayo Vallecano que plantó cara al Atlético para acabar hincando la rodilla.
Ficha técnica
Competición: PRIMERA DIVISIÓN - Jornada 6
Fecha: 24 Septiembre 2025 - 21,30 horas
Estadio: Metropolitano
At. Madrid (3): Oblak, Molina (Simeoe, minuto 55), Hancko, Javi Galán (Raspadori, minuto 73), Le Normand, Gallagher, Koke (Nico, minuto 55), Barrios, Marcos Llorente (A), Griezmann y Julián Alvarez.
Rayo Vallecano: (2): Batalla, Balliu (A), Lejeune, Jozhua, Chavarría (A), Oscar Valentín (Ciss, minuto 65), Unai López (Pedro Díaz, minuto 77), Ratiu, Fran Pérez (Alvaro, minuto 65), Isi (Gumbau, minuto 84)y Alemao (Pacha Espino, minuto 65); 3-2. Minuto 90. Julián Alvarez.
Goles: 1-0. Minuto 14. Julián Alvarez; 1-1. Minuto 45. Chavarría; 1-2. Minuto 78. Alvaro; 2-2. Minuto 80. Julián Alvarez; 3-2. Minuto 89. Julián Alvarez.
Árbitro: Alejandro Hernández Hernández (principal) - Daniel Jesús Trujillo Suárez (VAR)
Cuando empieza una temporada y uno empieza a repasar los rivales, los enfrentamientos, los desplazamientos, dónde sacar puntos y dónde es casi imposible, no somos conscientes de dónde estamos por miles de razones. Cuando llegas a un Metropolitano, porque es el caso, te das cuenta que tu liga no es esta, ni nunca lo será. Hay tantas diferencias que nadie podría decir que Atlético de Madrid y Rayo Vallecano pueden jugar a lo mismo.
No es cuestión de hacer sangre, pero mientras unos siguen avanzando hacia el futuro, otros siguen estancados en sus miserias y vergüenzas y sin ningún interés por mejorar. Esa es la desgracia, la pena. Sabemos que nunca podríamos alcanzar este nivel, pero no es aceptable estar tan lejos. Dicho esto, como me decía un buen amigo, yo me sigo quedando con mi Rayo, mi Vallecas y mi gente.
Las diferencias empiezan por la comunicación y visibilidad, siguen por el estadio (césped incluido, por supuesto), continúan con la plantilla (sus suplentes serían titulares en la gran mayoría de equipos de la liga) y podríamos seguir hasta mañana, pero vamos a parar ahí.

Para igualar fuerzas, en el único momento en el que se puede intentar, cuando echa a rodar el balón, Iñigo Pérez sorprendió a todos con algo que no suele ser habitual, las rotaciones. Para asaltar el Metropolitano removió todas sus líneas. En defensa, dando entrada a Balliu, Jozhua y Chavarría. En el centro del campo Unai y, por delante, Fran Pérez y Alemao. ¿Estaría pensando el técnico en que el domingo llega el Sevilla y el jueves el Skhendija en Conference?
Sea como fuere, ese once debía plantar cara a un At. Madrid sin Sorloth pero con Juliían Alvarez reclamado por todos como el mejor de su equipo para marcar goles y diferencias. Lo dijo su técnico, un Cholo Simeone al que por primera vez en mucho tiempo escuchamos mencionar al Rayo Vallecano (no es habitual). Y tras el saludo a Camello y, al ayudante de Iñigo, Adrián López por su pasado Atlético, empezó lo bueno.

Una de las premisas principales del partido era asfixiar la salida del balón de los atléticos con la habitual presión alta y otra, aprovechar que los de Simeone no han empezado nada bien la liga para generar nervios y tensión en una grada bastante más despoblada que en otras ocasiones. Los primeros silbidos, tras una pérdida, llegaron justo antes del primer acercamiento de Griezmann con parada de Batalla. Diez minutos sin mucho que rascar, que siempre son buenas noticias para el Rayo en este escenario. Bien defensivamente, serios, ordenados y con trabajo coral.
Pero todo iba a saltar por los aires cuando tras un centro lateral desde la derecha, el ‘reclamado’ iba a responder a todos marcando el 1-0. Julián Alvarez aprovechó el centro medido de Llorente dándole a su técnico lo que pedía. Remate y gol, el Atlético ya mandaba y al Rayo le tocaba de nuevo ir contracorriente.
La respuesta rayista llegaría con un disparo de Isi que despejó Oblak y con un posterior intento de Lejeune que se iría a las nubes. Pero el Atlético tenía claro por donde atacar y encontró un filón en su carril derecho defendido por Chavarría y por un Fran Pérez al que le costaba ayudar atrás.
En el ecuador del primer tiempo el partido estaba donde quería el Atleti, con un Rayo que buscaba sin éxito a su hombre referencia en ataque, Alemao. Isi no lo veía claro y acudía a la banda a charlar con Iñigo. El equipo no hacía daño con balón y, aunque tampoco sufría en exceso, todo seguía el plan trazado por los colchoneros. Marcador a favor, tranquilidad y a esperar otro destello para sentenciar. Y mientras tanto Iñigo pidiendo calma a los suyos una y otra vez.
Tras una excepcional llegada de Fran Pérez por banda izquierda su centro iba a ser rematado por un Alemao que reclamó penalti no concedido por el colegiado ni corregido por el VAR. El Rayo quería igualar el choque antes del descanso viendo que el Atleti no parecía tener el colmillo afilado, algo que quedaría evidenciado en un remate a puerta vacía de Julián Alvarez que no pudo embocar. Segundo aviso del Atlético, que esta vez decidía dejar vivo a su rival.
Unai lo intentó y Lejeune estuvo cerca de tocar el rechace de Oblak, el Rayo pareció despertar en el tramo final de un primer período que parecía que iba a acabar con todo igual, con el solitario gol de Julián Alvarez y con el equipo franjirrojo intentando hacer daño. Y ¡vaya si lo hizo!. Chavarría, que había sido el jugador que más había sufrido en todo el primer acto, se sacó de la chistera un tremendo disparo que sorprendió a todos, Oblak incluido. El misíl de Pep heló el Metropolitano al ver cómo el Rayo igualaba el choque. 1-1 y ¡a soñar de nuevo! Así acababa la primera parte, con el Rayo de menos a más.
El Rayo pausó su fútbol y mejoró sus prestaciones, pero perdió
Tardó en saltar al terreno de juego el Rayo y la impaciencia de los locales quedó patente, desde la grada hasta el banquillo pasando por los jugadores, que estuvieron varios minutos peloteando a la espera de volver a ver los franjirrojos sobre el césped. El equipo había recibido la instrucción de su entrenador de viva voz y no sólo con gestos: calma y tranquilidad.
Pero la calma y la tranquilidad iban a desaparecer en apenas un segundo. Una caída de Marcos Llorente dentro del área sería contestada por Chavarría y Batalla, que fueron a buscar al jugador del Atleti caído para recriminarle que se hubiera tirado. El resto era de esperar, la tangana no tardó en llegar y Batalla al suelo para mayor ‘bronca’ de la hinchada local.
El Rayo empezó muy bien, tanto que Isi estuvo a centímetros de hacer el 1-2 tras una gran jugada de ataque vallecana. Y Simeone, que no veía las cosas claras, decidió mover el banquillo alcanzado el minuto 55 de partido. Doble cambio para revitalizar a los suyos, porque el partido había cambiado radicalmente y ahora se jugaba más a lo que quería el Rayo que a lo que pretendía el Atlético.
Alcanzada la hora de partido llegaba el momento de mover ficha para los de Vallecas. Ciss, Pacha y Alvaro iban a sustituir a Fran Pérez, Oscar Valentín y Alemao. La desesperación local iba ‘in crescendo’, mientras que la calma rayista le daba para mantener a raya a los atacantes rojiblancos.
El Rayo seguía a lo suyo y generaba mucho peligro. Hasta en dos ocasiones estuvo casi sobre la línea de gol para poder empujarla, pero sin saber cómo ni por qué el balón no acabó dentro, algo que iba a suceder poco después tras una galopada de Alvaro. El utrerano regateó a Oblak y tras la revisión del VAR su gol fue dado por válido. 1-2 y a soñar más fuerte.

La alegría apenas duró tres minutos, los que necesitó Julián Alvarez para volver a igualar el encuentro. El partido estaba loco y le quedaban diez minutos de infarto. El Rayo competía, plantaba cara a todo un At. Madrid y quería ganar en el Metropolitano. Pero el gol espoleó a los de Simeone que dos minutos más tarde estrellarían un balón en el larguero. Menudo final de partido.
Una clara falta de Chavarría y una más clara agresión de Llorente sobre el rayista iba a ser saldada con doble cartulina amarilla y con el VAR mirando para otro lado. En fin, las cosas de siempre con los de siempre. Y de ahí al final de casi siempre. Otro golazo del At. Madrid, otro golazo de Julián Alvarez para finiquitar el duelo y tumbar a un Rayo que cayó con todos los honores.
