El Rayo consiguió una importante victoria ante un rival directo como el Getafe gracias a los goles de Javi Guerra y Miku, tras un partido tenso pero bien controlado por los vallecanos.

Ficha técnica:
Rayo Vallecano (2): Juan Carlos, Quini, Crespo, Llorente, Tito (A), Baena (A) (Amaya, minuto 86), Trashorras, Pablo Hernández, Bebé (Joni Montiel, minuto 80), Miku y Javi Guerra (A) (Manucho, minuto 69) (A).
Getafe (0): Guaita, Lago, Vergini (A), Cala (A), Lacen (Goitom, minuto 55), Álvaro (Buendía, minuto 75), Sarabia (A), Vigaray (A), Víctor R (Wanderson, minuto 66), Juan Rodríguez (A) y Medrán.
Arbitro: Jaime Latre.
Goles: 1-0. Minuto 14. Javi Guerra; 2-0. Minuto 70. Miku.
Más allá del discurso de Paco Jémez, de su lógica futbolística basada en el buen juego y en la posesión del balón, en ser mejor que el rival y en demostrar que su fútbol tiene más valor que lo que demuestra la clasificación del equipo, el partido de esta noche ante el Getafe era de los de ganar o ganar, a toda costa. Así lo entendieron ambos conjuntos y así lo entendió, por encima de todo, el público de Vallecas. Al final, se impuso la lógica y el Rayo derrotó a un Getafe que se queda por el camino con todas sus dudas, con todos sus problemas y con una sensación de impotencia que quedó reflejada en los noventa minutos de juego.
Para empezar, tanto Getafe como Rayo introdujeron variantes en sus onces iniciales. Los azulones provocadas por los viajes internacionales de alguno de sus jugadores o por la baja forma de otros, caso de Damián, y en el Rayo porque a las lesiones se sumaron las sanciones y a ambas la decisión de Jémez de añadir más ataque, dando la opción a Miku y Javi Guerra y acompañándoles de un Pablo Hernández que cuando juega hacia el interior es un espectáculo y de un Bebé que rompe por fuera desquiciando a cualquier defensa que se ponga por delante. La baja definitiva por sanción de Zé Castro, confirmada hoy mismo por la negativa del TAD a concederle la cautelar, dio la opción a un Crespo que rayó a buen nivel, custodiado por Tito y Quini y con la ayuda de Llorente y Baena, que poblaron un centro del campo en el que destacó la figura del capitán Roberto Trashorras. El gallego estuvo de dulce, corrió más que nadie, presionó arriba cuando los puntas no llegaban, recuperó terreno para ayudar en la frontal, dirigió el juego de su equipo y terminó el partido desgastado y agotado. Puro ejemplo.
La victoria de hoy, cimentada en la presión y el compañerismo de todo el equipo, es una bocanada de aire fresco que revitaliza las opciones del Rayo y que deja muy tocado a un Getafe que no pareció tener esquema y que, salvo en los primeros minutos, deambuló por el césped del Estadio de Vallecas en busca de una acción aislada, de un balón suelto o de un error de los locales para engancharse al partido. Su apuesta duró apenas unos instantes y, tras intentar llevar el duelo a la guerra psicológica jugando con la posible ansiedad del Rayo, terminaron a merced de un rival que fue mejor en todos los aspectos: recuperando, creando, generando, rematando y acertando. Poco que añadir.
Javi Guerra volvió a parecerse al jugador de principios de temporada: activo, dinámico, veloz, inquietante y molesto para la defensa azulona. A los diez minutos el delantero franjirrojo ya había logrado acertar con la portería de Guaita pero, tras varios minutos de incertidumbre y con todo el estadio celebrando su puntería, el colegiado Jaime Latre deshacía las ilusiones vallecanas anulando la acción por fuera de juego. Hasta ese momento el Getafe había sido mejor que el Rayo, aunque los de Jémez ya habían conseguido rehacerse y a partir de ahí no dieron opción a su rival. Lejos de venirse abajo, los franjirrojos siguieron a la carga y de nuevo Javi Guerra, a la salida de un córner y apenas unos minutos después de la acción anulada, cazaba un balón suelto para anotar el 1-0 y provocar el delirio en las gradas. Tras romper el marcador inicial los de Jémez llevaron el partido a su ritmo y, pese a lo tenso de determinados momentos, supieron tener controlada la situación sin dejar de generar peligro. Miku en un par de ocasiones rozó el 2-0, aunque tendría que esperar a la segunda mitad para recoger el premio a su insistencia.
En la segunda mitad el partido continuó volcado hacia el área de Guaita y la apertura de líneas del Getafe provocaba espacios para el espectacular lucimiento de un Bebé que abandonó el terreno de juego aclamado por su afición. Antes de eso, varias galopadas suyas y algún intento de remate, aderezado con varios centros al área, le permitieron ser uno de los grandes destacados del partido de esta noche. Tampoco quiso ser menos Jaime Latre, que se ‘cenó’ un clarísimo agarrón sobre Llorente dentro del área azulona, lo que encendió mucho más a una afición que siguió creyendo en los suyos. Con la tensión que provocaba el apretado marcador, con la guerra de guerrillas planteada por los de Escribá y con las experiencias anteriores, el gol de Miku a falta de veinte para la conclusión fue el oxígeno que necesitaba el equipo. Pablo Hernández emergió para relanzar las últimas oleadas de un Rayo que se apoyó en el coraje de Trashorras para buscar el tercero y, sobre todo, para lograr una victoria que no supone la salvación pero que, al menos, permite seguir soñando con ella.
La entrada de Manucho, Joni Montiel y Amaya serían una anécdota más dentro de un partido que sirve para que el Rayo viaje a la Catedral con la sensación de poder hacer daño a cualquier rival.
