El Rayo remontó el tempranero gol de Marcos Alonso y en una segunda parte de mucho sufrimiento mantuvo la ventaja para seguir soñando con Europa.
Ficha técnica:
Celta de Vigo (1): Guaita, Mingueza, Ilaix Moriba, Fran Beltrán, Pablo Durán, Williot, Marcos A. (A) (Borja Iglesias, minuto 84), Ristic, Fer López (Aspas, minuto 68), Yoel Lago (A) y Javi Rodríguez.
Rayo Vallecano (2): Batalla, Balliu (A), Lejeune, Pathe Ciss (A), Pacha Espino (Chavarría, minuto 60), Ratiu, Unai Lópezj (Pedro Díaz, minuto 75), Oscar Valentín (Gumbau, minuto 60), De Frutos (Trejo, minuto 88), Isi y Embarba (Alvaro García, minuto 60).
Goles: 1-0. Minuto 10. Marcos Alonso de penalti; 1-1. Minuto 17. Isi; 1-2. Minuto 47. De Frutos
Árbitro: Pulido Santana
VAR: Figueroa Vázquez
CELTA DE VIGO 1 (Marcos (p)) – RAYO VALLECANO 2 (Isi y De Frutos)
Un partido de fútbol se juega y se gana en diferentes ámbitos. Si nos fijamos en lo institucional la goleada del Celta al Rayo es de campeonato. Si vemos el recibimiento al equipo antes de la final de hoy, habrá que comparar con el próximo fin de semana. Pero si vemos todo con el contexto adecuado y la envergadura de los acontecimientos, todo estaba en contra de los vallecanos desde horas antes del inicio del partido. Que el Rayo se quejara amargamente porque la Policía tenía parado el autobús camino de Balaídos era el punto definitivo a un recibimiento impresentable y con muchas cosas impresentables. El partido fuera del terreno de juego empezaba mal para el Rayo. Así se juegan las finales de una liga de la que todos se quejan, pero en la que siempre sufren los mismos.
Con el 1-0 fuera del terreno de juego (con un ambiente precioso, en una previa preciosa y con un himno impresionante), tocaba esperar para ver cómo se comportaba un Rayo que buscaba seguir en la pelea europea a pesar de que todo estuviera en contra. Para conseguirlo, Iñigo Pérez recompuso la línea defensiva y movió banquillo para descargar piernas tras el esfuerzo del jueves ante el Betis. Otra final, otro esfuerzo titánico, otro partido histórico para un Rayo que cerrará su centenario el próximo fin de semana en casa y ante el Mallorca. Pase lo que pase, eso es un hecho.
El partido arrancó con dos equipos que se citaban con la mirada y con las intenciones. El Celta remataba fuera, mientras el Rayo veía cómo un balón se paseaba por el área sin rematador. El destino iba a ser esquivo de nuevo para los franjirrojos. Un nuevo penalti, por claras manos de Lejeune dentro del área, iba a permitir a Marcos Alonso anotar el 1-0. Esta vez, al contrario de lo sucedido en Mendizorroza, Batalla no detuvo el lanzamiento a lo panenka del celtiña, que celebraba poner al Celta rumbo a Europa a los diez minutos.
El partido tenía ritmo, el ambiente seguía siendo espectacular y el Rayo, que tenía mucho que decir en el partido, seguía vivo. Y lo iba a estar mucho más cuando Isi iba a cazar un buen envío al área para, libre de marca, hacer el empate y provocar la locura en la esquina donde se situaba la hinchada vallecana. 1-1 a los diecisiete minutos y todo volvía a la casilla de partida de un juego planteado por dos grandes equipos.
El empate le sentó de maravilla a los de Iñigo Pérez que a punto estuvieron de hacer mucha ‘pupa’ con un llegada de Ratiu por la derecha que no acertó a rematar De Frutos. La clarísima ocasión franjirroja sirvió de aviso a navegantes para los de Giráldez, que ya no se sentían tan protagonistas y que veían que los vallecanos les podían hacer más daño todavía.
Los locales andaban ya con la mosca detrás de la oreja, pero aún así, se vieron sorprendidos. Un pase por el centro para De Frutos iba a pillar a la defensa celeste mirando para otro lado y el Rayo no iba a perdonar. Regate, remate y 1-2 antes del descanso. El Rayo volvía a pisar Europa con 45 minutos por delante.
La segunda mitad arrancó con el Celta volcado en busca del empate y con Balliu haciendo de Batalla para salvar el 2-2 bajo palos. Los de Giráldez debían poner toda la carne en el asador y los de Iñigo jugar con cabeza y paciencia para contener las llegadas celtiñas y poner la puntilla al encuentro. Williot lo buscó pero su remate se marchó fuera y la afición celeste la tomaba con las decisiones arbitrales mientras seguía apretando desde la grada.
El Celta ya dominaba el partido de cabo a rabo y el Rayo se defendía con uñas y dientes. Quedaba media hora por delante para defender una ventaja exigua, pero más que valiosa. La tensión se cortaba en el ambiente, el partido era un monólogo de los gallegos, que apostaron por su eterno capitán: Iago Aspas.
La segunda parte era un monólogo del Celta, que avasalló, encerró y apabulló a un Rayo que lo confió todo, absolutamente todo, a la defensa numantina del área de Batalla. Tocaba sufrir, apretar los dientes y seguir trabajando para cimentar la victoria que de momento seguía favoreciendo a un equipo que está haciendo una temporada IMPRESIONANTE.
Los minutos finales mantuvieron todo igual. El Celta apretaba, el Rayo resistía. Todo un ejemplo de resiliencia ante la insistencia del conjunto gallego, que buscó hasta el final el empate. El Rayo aguantó como un jabato y suma una victoria que acerca a realidad el sueño de jugar en Europa. El domingo, a reventar Vallecas.
