Dijo Iñigo el otro día que estaba preocupado por ver al aficionado del Rayo triste. También dijo que le gustaría ayudar, pero que no sabía cómo. Seguramente si os preguntara a vosotros se os ocurrirían algunas ideas sobre la ayuda que os pueden prestar desde dentro, tanto el entrenador como los jugadores. Queda claro que no gustó el silencio de la huelga de animación, pero creo que es mucho más claro que hay una y mil razones para protestar y que cada uno lo hace a su manera.
No voy a ser yo quien se erija aquí como representante ni portavoz de cada uno de vosotros, porque cada cual tendrá su razón y su manera de expresarla. Pero es cierto que la gente está triste, y sí que tiene rabia y desesperanza y pena y siente asco y vergüenza. Pero que nadie dude. Porque también hay orgullo y cabezonería y algo de lo que siempre hablo y que algún ignorante todavía no ha terminado de entender, un sentimiento de pertenencia que es mucho más fuerte que cualquier descalificación o insulto.
Tristeza por ver cómo su club, que aparentemente brilla por fuera, está como está por dentro. Rabia, porque su lucha sigue topándose con los que blanquean todo lo que envuelve al club apoyándose únicamente en los resultados deportivos. Desesperanza, porque el futuro se ve tan negro como hace ya un buen puñado de años. Pena por ver cómo se dejan escapar oportunidades maravillosas como un centenario o una clasificación europea y no se hace nada, absolutamente nada, por fomentar y potenciar el rayismo. Asco por ver cómo está todo, el estadio, la ciudad deportiva, la tienda… un suma y sigue. Vergüenza por el trato que se dispensa a los que vienen o quieren venir a Vallecas y por ver cómo la imagen del club y del barrio se ven manchadas muy a menudo por el de siempre.
Pero, repito, que nadie dude que detrás de esa tristeza y rabia hay mucho más. Orgullo por defender lo que les pertenece desde hace más de un siglo, un club, un estandarte, un escudo, una franja y un estadio. Cabezonería, mil y una veces demostrada, para seguir adelante y luchar contra todo y contra todos. Sentimiento de pertenencia que os hace únicos y auténticos y que sirve de motor para seguir peleando.
El Rayo merece la pena, sigamos peleando por él.
