No dejo de sorprenderme con algunas cosas. No termino de entender cómo pasamos de casi idolatrar a un futbolista, y pedir de manera coral que vaya a la selección, a casi crucificarle cuando las cosas no salen. Interpretar la secuencia del lanzamiento de la camiseta de Oviedo o no acercarse en Bratislava a la grada tanto como hubiera gustado a más de una y de uno, como una falta de compromiso, me parece una barbaridad aun respetando la opinión de cada uno. Esa es la mía.
Pero darle voz y categoría de noticia a dos tuits y cuatro comentarios me resulta mucho más sorprendente todavía. Hace unos años a ningún periodista se le hubiera ocurrido decirle a Isi que había oído en la barra de un bar o en el salón de una casa que alguien le había criticado por esto o por aquello. Hoy sí se hace. Se eleva al máximo exponente cualquier crítica en las redes sociales, algo que no deja de ser esa tertulia entre amigos frente a una cerveza, aunque con un altavoz que llega mucho más lejos. Con esto quiero decir que parece que toda la afición del Rayo, o la mayoría, está criticando a Isi y ni creo que sea justo ni que sea verdad.
Puedo entender y aceptar que se diga que este Isi no es el de “Isi Selección” que pedíamos, evidentemente no lo es. Puedo entender y aceptar que se le critique por su juego, yo mismo lo hice durante la retransmisión del partido de Copa. Hasta él mismo fue autocrítico con su partido. Eso es lógico, es entendible y es lo que se debe hacer, desde vuestro papel de aficionados y desde el nuestro como medio de comunicación. Pero jamás nos oiréis decir que Isi no corre, no lucha, no pelea, no se entrega, no lo da todo. Cuando veamos esto lo diremos, entre tanto, hablar a la ligera es tan grave como insultar a un futbolista o poner en duda su profesionalidad.
En la sala de prensa del Tartiere ya hubo quien hizo la pregunta de rigor a Iñigo sobre la falta de respeto de Isi, cortada de raíz por el técnico, y el jueves, ya se le preguntó a Isi por las críticas en las redes sociales, cortada de raíz por el propio jugador. Lo peor es que todo queda, que nada es en balde y que, se quiera o no, el daño está hecho.
Luego vamos a lo de que todos somos personas y los problemas de salud mental y ahondar en la crisis personal de un futbolista al que no le salen las cosas, que está preocupado y, además, al que se ataca gratuitamente con estos o aquellos comentarios por cosas que vemos de lejos y que interpretamos sin tener ni idea. Y si encima se le da valor noticia a los mismos, la bola se hace gigante. Respeto, comprensión y profesionalidad. No pido más.
