Con Oscar Trejo no sólo se va un futbolista, se va un trozo de la historia del Rayo Vallecano. Todavía recuerdo aquella conversación que tuvimos hace ya demasiados años en la que me decías que te hubiera gustado quedarte en el Rayo, pero que no dependía de ti. El Mallorca mandaba más que tú y la opción del Rayo se quedaba sólo en tu corazón, en tu cabeza, repicando una y otra vez. Triunfaste en España y en Francia y podías haber elegido el lugar que te hubiera dado la gana, pero decidiste volver con los tuyos, querías volver al barrio y sentir la pasión de la gente de Vallecas a pecho descubierto.
En Toledo, en aquella pretemporada de tu regreso vi la felicidad en tus ojos y estoy seguro de que tú también la viste en los míos. El regreso de Trejo significaba volver a disfrutar del fútbol de alguien diferente, de ese futbolista sobrado, sobradísimo, para Segunda División, y muy preparado, preparadísimo para Primera. Y nos hiciste disfrutar y te convertiste en nuestro faro y agarraste con fuerza ese brazalete que le perteneció a Cota, a Míchel y a tantos otros y que Trejo defendió desde el primer al último día.
Con Trejo no sólo se va un futbolista de dibujos animados, un bailarín de salón con un balón de cuero pegado a la bota, con Trejo se marcha alguien que entendió los valores de una afición combativa y los hizo suyos. Se marcha alguien que dio la cara hasta verse obligado a dar un paso a un lado para poder disfrutar sus últimos años en Vallecas.
Trejo no faltó a una entrega de premios, a una charla coloquio, a una cerveza en la barra de un bar del barrio rodeado de gente tan normal como él. Trejo siempre mostró su cariño hacia los que tanto demostraron quererle. El capitán del Santa Inés siempre cercano, siempre accesible, siempre humano, siempre amigo. Trejo es uno más, Trejo es el Rayo.
Trejo no podía irse de Vallecas sin jugar una competición europea y, aunque sea un pu* sueño, si hay una razón más para llegar a una ansiada final europea ya la tenemos aquí. Trejo ha sido feliz en Vallecas, su familia ha sido inmensamente feliz en Vallecas. El Rayo le debe mucho a Trejo y Trejo lo dio todo por la gente de Vallecas.
Han pasado muchos años desde aquella conversación que sirvió como despedida en tu camino a Gijón y otros destinos. Ahora, echando la vista atrás, sólo puedo darte las gracias por haber vuelto, por haber defendido esta camiseta y este escudo como si hubieras nacido entre los edificios de este dichoso barrio y por entender que no todos podemos ser grandes y que los modestos, los pequeños, los humildes también existimos.
A Trejo le queda el último baile, los últimos compases de un tango vallecano.
Trejo, capitán, nos queda el último baile.
Gracias por ser tan grande.
