El Rayo Vallecano no pudo romper la imbatibilidad del F.C. Barcelona en su estadio, ni siquiera fue capaz de marcar el primer gol como visitante, en cambio recibió cuatro, pero salió fortalecido.

Ficha técnica:
F.C. Barcelona (4): Valdés (A), Alves, Piqué (A), Mascherano, Abidal, Keita, Xavi (Thiago, minuto 55), Iniesta (Cesc, min.55), Villa, Alexis (Adriano, minuto 70) y Messi.
Rayo Vallecano (0): Cobeño, Botelho, Labaka, Jordi Figueras (A), Arribas(A), Casado, Movilla, Javi Fuego (Rafa García, minuto 54), Míchel (Tamudo, minuto45), Lass (A) (Piti, minuto 69) y Michu.
Arbitro: Pérez Lasa.
Goles: 1-0. Minuto 30. Alexis, 2-0 Minuto 40. Alexis, 3-0. Minuto 43 Villa, 4-0 Minuto 49. Messi.
Seguramente muy pocas veces una abultada derrota como la sufrida por el Rayo Vallecano en el Camp Nou tuvo tantos matices y tanto regusto a buena imagen y orgullo como la de esta noche en Barcelona. Los de Sandoval, fieles a su estilo, fueron valientes, plantaron cara, complicaron la vida a los de Guardiola y pudieron marcar algún gol. Eso sí, los de enfrente, mejores que casi cualquiera en esta liga, aprovecharon jugar como locales y su calidad para decantar un partido que hubieran terminado ganando a la gran mayoría de rivales de la Primera División.
El partido en el bando rayista se planteó de manera diferente a lo habitual, lo que sorprendió a los culés. De partida el Rayo varió su defensa, metiendo una línea de cinco evitando la facilidad de llegada por banda y bloqueando las tan temidas diagonales y pases verticales a la espalda de la defensa. Sandoval incluyó a Labaka en el once inicial para acompañar a Arribas y Jordi, habituales en el centro de la defensa vallecana. Además, ante la definitiva ausencia por sanción de Tito -que se ejercitó en solitario instantes antes del choque- la opción utilizada fue la de Botelho, confirmando la nula confianza de Sandoval en el brasileño Sueliton Pereira, recambio natural del alcalaíno en el lateral.
Esa fue la primera sorpresa, pero no la única. El técnico madrileño tenía un nuevo as guardado bajo la manga. Intentando retrasar la esperada ‘cornada’ de los catalanes, Sandoval incluyó a Michel en el centro del campo, tejiendo una tela de araña con Javi Fuego y Movilla y dejando mayor margen de maniobrabilidad tanto a Lass como a Michu. Lo del guineano es digno de mención. Al joven jugador franjirrojo no le asustan los grandes partidos, ni los escenarios espectaculares. Ya lo demostró en el Bernabéu y en esta ocasión en el Camp Nou. En Madrid se ‘pegó’ con Marcelo y en Barcelona con Mascherano. Mayor desparpajo no se le puede pedir al chaval. Además tuvo su oportunidad para marcar.
El planteamiento inicial del Rayo sorprendió totalmente al Barcelona
La disposición táctica del Rayo Vallecano pilló desprevenido a Guardiola. El técnico catalán, al que no gustaba lo que ocurría en los primeros veinte minutos, tuvo que utilizar sus notas para variar la forma de jugar de los suyos. Cambió de posición a Dani Alves, adelantado unos metros, y varió el esquema táctico para acoplarse al escenario planteado por los madrileños. Ahí se acabó el partido para el Rayo. Ahí y cuando los blaugranas empezaron a hacer de las suyas. Los pases cortos, la búsqueda de huecos con intención, la velocidad de balón y Alexis Sánchez. El delantero del Barcelona amargaría la noche a los madrileños. Suyos serían los dos primeros goles de su equipo, redondeados por Villa y por el mejor jugador del mundo con el balón pegado a los pies. Messi se inventó una de las suyas para superar a Cobeño. Regateó, corrió y superó al portero con un toque de superclase.
Por su parte, el Rayo seguía corriendo y corriendo, peleando y presionando. Daba igual ir perdiendo por 1-0 que por 4-0, los franjirrojos siguieron mordiendo a su rival y le pusieron en dificultades. El propio Alves comentaría después, en zona mixta, que el Rayo había sido el equipo que más problemas había planteado en el Camp Nou, incluso más que el propio Sevilla, capaz de arañar un punto gracias a la magistral actuación de su cancerbero, Javi Varas.
El Rayo perdió, sí, recibió una goleada, también, pero acabó el partido dejando una reflexión. ¿Qué hubiera pasado si esta noche el rival hubiera sido otro? Nunca lo sabremos, eso sí, a Guardiola le encantan los entrenadores valientes y los equipos que juegan al fútbol y el Rayo jugando así «se salvará, no hay duda», dijo.
Para el anecdotario, o el recuerdo, del partido quedará que los goles se consiguieron en apenas veinte minutos, que Movilla trabajó como si tuviera veinte años, que la afición blaugrana no perdonó el pasado españolista de Tamudo y que la afición de Vallecas se dejó escuchar en el majestuoso estadio culé con gritos de «olé, olé» cuando el marcador ya reflejaba el 4-0. Vallecas es diferente.
