Opinión. Una representación de la afición del Rayo volvió a alentar a los nuestros en el estadio de Mestalla. Su presencia, en lo alto del estadio valencianista, no pasó desapercibida, al menos no lo hizo para todos.
Opinión. Llegamos a Valencia con ilusión pero conscientes de la realidad, de la historia, de la estadística, de los números, de lo que decían los periódicos, los telediarios (ah, no, perdón, que ahí salimos poco)… en fin, que Mestalla es uno de esos sitios donde casi siempre que vienes palmas, cosas del destino.
Fue precisamente el destino el que dio un balón de oro al ‘Chori’. Insultado, «maltratado», vilipendiado, el argentino se encomendó a su suerte y lejos de arrugarse nos brindó uno de esos momentos inolvidables. Desde el gallinero, en un lugar a medio camino entre el cielo y el infierno, un grupo de aficionados del Rayo celebraban la gallardía del de River.
A Valencia habíamos llegado después de dos tropiezos, uno justo, el otro menos y desde el «cielo» de Valencia el grito de euforia se confundió con los abucheos, pañoladas y protestas de los que insultaban, «maltrataban» y vilipendiaban a un jugador que no triunfó a su paso por Valencia, hasta que gozó de una segunda oportunidad. Ayer, ‘Chori’ llegó, vio, venció, convenció y, de paso, mandó a paseo a aquellos que le relacionaban con «la botella».
De vuelta a la tierra, donde nuestro Rayo se reencontró con la gloria, los valientes viajeros que siempre siguen a la franja allá donde va, se merecían un pedacito de esa gloria, y es tan justo reconocérselo como injusto sería obviarlo, aunque desde hace algún tiempo esta parece ser la costumbre. Ayer, en la alegría, los jugadores sí se acordaron de agradecer su apoyo -algo que no ocurrió en Pamplona, donde también estuvieron, y donde únicamente recibieron las «gracias» de los tres capitanes-.
El gallinero de Mestalla se convirtió en una fiesta, no era para menos. Lo que fastidia es que los ‘locos’ de la Liga, los jefes que todo lo manejan, nos priven de otro espectáculo en La Catedral. Bueno, seguro que una representación de los viajeros también acude al último partido del Rayo en el viejo San Mamés. La ocasión lo merece. Un saludo desde el gallinero de Mestalla y un abrazo para el ‘Chori’.


