La afición de la Ponferradina le adora, y no es para menos. El coruñés Mackay (14-7-1986) se convirtió en el auténtico héroe del último ascenso logrado por el conjunto berciano. Se enfrentaban Sant Andreu y Ponferradina y, tras noventa minutos de infarto, llegó… Mackay.
El Rayo Vallecano se enfrentará el sábado a un equipo con el agua al cuello, un equipo que lo tendrá muy difícil para salvar una temporada en la que las cosas no han salido y en la que las esperanzas depositadas en sus jugadores se fueron al traste muy pronto. Quedan nueve finales para ellos, nueve finales para hacer buena aquella noche del mes de mayo en la que Mackay pasó a la historia de la Ponfe.
Pongámonos en situación. La Ponferradina necesitaba mantener el 0-0 inicial para colarse en Segunda División A, tras dos intentos anteriores que se quedaron por el camino. El objetivo era más que posible y para ello la afición de Ponferrada abarrotó el estadio El Toralín varias horas antes del gran choque, pero las sensaciones empezaron a cambiar cuando el Sant Andreu, valiente y ofensivo, empezó a buscar un gol que les diese derecho a jugar la prórroga.
Ese gol tardó en llegar (lo hizo en el minuto 80) pero terminó apareciendo de la peor manera para los blanquiazules, gol en propia puerta de Jano y vuelta a empezar. El trabajo anterior no servía para nada, todo quedaba reducido a diez minutos y una prórroga que se hicieron eternos, interminables. De nada valía haber sido el mejor equipo del grupo I, de nada valían meses y meses de intenso trabajo, de lucha y de entrega. El futuro estaba ahí delante y nadie se imaginaba que llegaría de la manera que lo hizo.
La prórroga se consumió dando paso a una tanda de penaltis que puso a prueba los corazones de los aficionados de Ponferradina y Sant Andreu. Comenzó el turno Jonathan Ruiz (Ponferradina), le siguió Bueno (Sant Andreu), posteriormente Rubén Vega y Miguélez, Victor Salas y Aláez… nadie fallaba, gol tras gol la tensión subía y provocaba escenas de auténtico nerviosismo en la grada. Jano, gol, Queco, gol, Berodia y Lanzarote, también.
Se había cerrado la tanda de cinco penaltis y todos habían ido dentro. Entonces empezó la muerte súbita que pareció no acabar nunca. Los tres primeros lanzamientos de cada equipo fueron gol, el cuarto de la Ponferradina también. Candela lograba el 8-7 y dejaba toda la presión para un ex- del equipo leonés. Tarradellas se enfrentaba a Mackay, el coruñés le desafió con la mirada, se colocó bajo palos y adivinó el lanzamiento del jugador visitante. Mackay, en su primera temporada en la Ponfe había logrado escribir su nombre en el libro de oro del club. Su parada provocó un estallido de alegría tal que fue imparable durante horas. La Ponferradina regresaba a Segunda División tres años más tarde y lo hacía después de sufrir, sufrir y sufrir, y gracias a un Mackay que dejará grabado en la mente de todos aquel 23 de mayo de 2010.
