El ‘arreón’ final casi consuma la remontada

El Rayo Vallecano echó mano de fe, garra y entrega para acorralar al Valencia en un partido que se puso cuesta arriba con un 0-2 en el minuto 55 pero que pudo empatarse en la última jugada.

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Ficha técnica: 

Rayo Vallecano (1): Cobeño, Tito (A), Arribas, Jordi Figueras, Casado, Javi Fuego (A), Movilla (Trashorras, minuto 71), Michu, Lass, Piti (Botelho, minuto 64) y Delibasic (Tamudo, minuto 55)

Valencia C.F. (2): Alves (A), Barragán, Rami, Dealbert, Jordi Alba (A), Albelda (A), T. Costa; Feghouli (Piati, minuto 77), Jonas (Pablo Hernández, 68), Mathieu y Soldado (Aduriz, minuto 58) (A).

Arbitro: Estrada Fernández.

Goles: 0-1. Minuto 20. Jonas; 0-2. Minuto 55. Tino Costa; 1-2. Minuto 84. Tamudo.


El Rayo Vallecano intentó por todos los medios acortar las distancias con uno de los grandes equipos que se «pasean» por la liga de la estrellas y en parte por su empeño y en parte porque el rival recortó esas diferencias, hubo momentos en que valencianos y vallecanos estuvieron cerca, demasiado cerca para la diferencia que se suponen entre dos equipos con aspiraciones totalmente opuestas.

Es cierto que el choque no empezó como se esperaba y que el Valencia, haciendo caso a su entrenador, Unai Emery, no solo se puso el mono de trabajo, sino que se vistió de Rayo Vallecano y presionó, juntó líneas y asfixió la salida del balón de un Rayo que no tenía la tranquilidad suficiente para hilvanar su fútbol. Los valencianistas tenían las pautas muy bien marcadas, dejaban que el juego se iniciara en los centrales, Jordi y Arribas, para desde ahí iniciar la presión que rápidamente les devolviera la posesión del balón. Fue así una y otra vez. El centro del campo del Rayo apenas existía y toda la creatividad vallecana se limitaba a la voluntariedad de Piti y Lass y a la omnipresencia de Michu, a tono con el rival de esta noche.

La primera mitad fue dominada en casi todas las facetas por el equipo de mayor nivel, dejando a los locales la sensación de querer y no poder, pero sobretodo de no saber cómo hincarle el diente a un conjunto que venía marcado por su paliza física con el Real Madrid y por el meneo que le endosaron al Genk en Champions.

De inicio quedaron sentadas las bases de lo que sería la primera mitad. El Valencia era mejor, mientras el Rayo buscaba las carreras de Delibasic, los regates de Piti y Lass y las incorporaciones de los laterales, principalmente de Tito que, una semana más, volvió a estar sobresaliente. Suya sería la mejor ocasión del partido para los rayistas, pero un exceso de premura al finalizar la última acción del partido privó al Rayo de un empate que mereció en una segunda parte de garra, entrega, lucha y presión.

Antes de todo eso, el Valencia ya había sacado el rédito suficiente como para sentirse cómodo en el partido. En la primera mitad, Jonas aprovechaba un balón en la frontal para superar a Cobeño. El de Móstoles poco pudo hacer para detener el disparo seco y ajustado de uno de los jugadores que están sabiendo interpretar el fútbol que propone su técnico y que aprovecha los minutos que tiene para anotar goles. En los franjirrojos sería Arribas el que gozaría de una gran ocasión, pero Alves y el palo se encargaron de desbaratar el remate con intención del central.

El desorden táctico y el empuje del Rayo voltearon el rumbo del partido

José Ramón Sandoval pidió a los suyos mayor intensidad y que el Rayo recobrase el espíritu de las grandes tardes de fútbol en Vallecas, y el equipo salió extramotivado desde el inicio de la segunda mitad. El primero en avisar sería Delibasic, pero de nuevo Alves demostraría sus grandes cualidades, evitando el gol del empate. No fallaría, sin embargo, Tino Costa. El valencianista, en la siguiente acción de ataque visitante, colocaría el esférico lejos del alcance de Cobeño llevando el partido al extremo más peligroso para el Rayo. Pero fue ahí, con el riesgo extremo, donde mejor se desenvolvió el equipo de Vallecas.

Su crecimiento en el partido fue paulatino y, aunque con mayores espacios y con su calidad el Valencia intentó aprovechar los contragolpes para redondear su gran noche, terminaría encerrado y pidiendo la hora ante un Rayo que pareció convertirse en un equipo Champions, enviando al conjunto ‘ché’ a los infiernos en una lucha suicida. El conjunto vallecano se quitó de encima toda la presión que le había atenazado durante buena parte del choque, abrió su alma y con el apoyo de una grada incondicional, extraordinaria una vez más, se lanzó a por la gesta. 

El balón tenía un dueño diferente, el Valencia se defendía como podía y sufría más de la cuenta y Sandoval, viendo que el rival empequeñecía por momentos, dio entrada a Tamudo para buscar la remontada que reclamaba la afición a gritos. El de Santa Coloma no defraudaría y a falta de seis minutos para el final culminó una de las numerosas acciones de ataque que se produjeron en los instantes definitivos de un choque llevado a la heroica por un Rayo que le perdió totalmente el respeto al Valencia. Tamudo controló un balón, quizá con ayuda de la mano -al menos eso reclamarían los visitantes y no aclararía el propio interesado posteriormente- para situar el 1-2 y provocar un estallido general que a punto estuvo de llevarse por delante a todo un señor equipo.

Cobeño se sumaría a la fiesta en las últimas llegadas del Rayo, subiendo a rematar varias jugadas a balón parado, mientras los de Emery se limitaban a achicar balones, perder tiempo y capear el temporal de la mejor manera posible. Los vallecanos, con garra, fuerza e intensidad buscaron el empate y Tito lo tuvo en sus botas. El lateral escuchó la contraseña que el gran capitán valenciano, Albelda, indicaba a sus compañeros y, rompiendo el fuera de juego, se plantaba ante Alves. Junto a él esperaban en el punto de penalti dos compañeros, que se desesperaron viendo como el defensa se precipitaba con un disparo de primeras que se marchó muy alejado de la portería valenciana y que despejó las dudas sobre las diferencias entre un grande y un aspirante a luchar por no descender. Mientras unos aprovechan sus ocasiones, los otros desperdician jugadas que parecen diseñadas para el disfrute. Ley de vida. Ni un reproche para un jugador como Tito, que se dejó el alma durante los noventa minutos y que tuvo la capacidad suficiente para leer una jugada defensiva del rival y gozar de la gran ocasión que podría haber supuesto un empate que el Rayo mereció, en un ‘arreón’ final que dejó muy buenas sensaciones una vez más.

Ahora toca pensar en el Barcelona, que esta misma noche ha sufrido la primera derrota en liga y que esperará a los de Sandoval con ganas de ‘vengar’ la afrenta del Getafe. Eso será otra historia.