El domingo…

El domingo…

Opinión. «Me gustaría recobrar el aroma de fútbol de antaño y borrar los formalismos, las medidas inquisitorias y el estado de excepción».

Opinión. El domingo tiene pinta de ser una de esas citas para el recuerdo, uno de esos momentos que llenan el corazón de emoción, de alegría, de nervios… de fútbol. El domingo es el día perfecto para reencontrarse con el rayismo perdido en los últimos años, porque si la Segunda B fue el momento de volver a la esencia, de recuperar los valores, de identificarse con unos colores, un escudo y un sentimiento inigualable, el paso por la Primera División, el descenso, los problemas institucionales y todo lo que ha envuelto al Rayo en los últimos tiempos han desenganchado a mucha gente. El domingo es el momento de recuperar parte del tiempo perdido.

El domingo echaré la vista atrás y recordaré cómo empujé con la cabeza aquel balón de Amaya en Zamora (yo y otros cientos más que disfrutamos de aquel momento por todo lo alto) o cómo elevamos a ‘Buzzlightyear’ Pachón a la categoría de ídolo rayista por devolvernos al fútbol profesional después de una larga travesía por el desierto. Escucharé en mi cabeza a Piti celebrando el gol ante el Betis y a Trejo, Armenteros y Susaeta perforando mi corazón al ritmo de goles al Xerez. Volveré a recuperar de ese rincón que nunca se borra en tu mente el sufrimiento del Granada, Cobeño, Piti… y Tamudo emergiendo cual gigante para conseguir que un «no descenso» se convirtiera en el mayor de los logros. Así es Vallecas y así debería ser siempre.

El domingo debería ser declarado en Vallecas día de la familia. El domingo deberíamos recuperar en Vallecas el sentimiento único de barrio luchador y cabezota, ¿qué le vamos a hacer? Somos así. El domingo el Rayo volverá a Primera (con permiso del Lugo), volverá a vérselas con Real Madrid, Barcelona, Atlético, pero también con Huesca y espero que con Cádiz (poco me haría más feliz futbolísticamente hablando), pero más allá de esto, el domingo debería significar un cambio de rumbo en lo que queremos que sea el Rayo. Me gustaría que la vuelta a Primera sirviera para modernizar la institución, para que el Rayo sea tan grande como lo es su gente (sigue estando a años-luz). Me gustaría que el club fuera por delante en todo lo relacionado con su afición, me gustaría que el Rayo me represente a mí y no solo en la dirección inversa. Me gustaría que el dinero que llegue no solo se vea como una oportunidad para tener una mejor plantilla, o para ‘tapar agujeros’ o para quién sabe qué otra locura tipo Oklahoma o sucedáneo. Me gustaría que regresara la armonía, la paz, la tranquilidad, el ambiente festivo, la animación sin igual, el ¡vivan los goles del Rayito!. Me gustaría recobrar el aroma de fútbol de antaño y borrar los formalismos, las medidas inquisitorias y el estado de excepción que impide que despliegues la bandera que te acompaña desde hace décadas o la que decidiste comprar ayer…

La vuelta a Primera será una gran alegría que minimice el dolor de Anoeta, pero también significará alejarme lo máximo posible de todos esos «me gustaría», aunque ese choque de trenes en las vías del sentimiento no me impedirá disfrutar el momento cuando llegue y brindárselo a quien se lo merece y ofrecérselo a quien lo soñó y ya no podrá disfrutarlo y compartirlo con los que siempre han estado a tu lado y disfrutarlo en la soledad de un estadio repleto de 14.000 almas. El regreso a Primera no debería estar reñido con la esencia de un club de barrio, cuidado, coqueto, limpio, moderno, elegante. Un equipo de barrio con mayúsculas, que nos represente a todos, que queramos todos, que vivamos todos y disfrutemos todos. El domingo….