El «espíritu» de Michu volverá a Getafe para hacernos soñar

El «espíritu» de Michu volverá a Getafe para hacernos soñar

Opinión. El Rayo regresa al Coliseum Alfonso Pérez, aquel lugar en el que Michu dejó su primera semilla, aquel lugar en el que su gol, «el gol», se convirtió en la primera victoria del Rayo tras su regreso. Allí volverá el domingo.

Opinión. Ha llovido mucho, física y figuradamente, desde que el ya lejano 18 de Septiembre de 2011, Michu, un centrocampista semidesconocido para el gran público, empezase a labrar su historia y la de un Rayo Vallecano al que todavía le quedaban demasiadas emociones que vivir, disfrutar y sufrir. Tamudazo incluido. Aquel día de Septiembre, en el ilusionante arranque de una liga de Primera División a la que regresaba el Rayo sin pena y con mucha gloria, un asturiano abría de par en par su corazón y hacía cabalgar la emoción, el orgullo y la esperanza de miles de vallecanos que nunca dejarán a su franja sola.

El tren que llevó a cientos de seguidores franjirrojos hasta Getafe no descarriló aquel día, ni mucho menos, sino todo lo contrario. Aquel tren se convirtió en una locomotora que surcó el habitualmente desierto graderío de un estadio al que es prohibitivo acudir y se convirtió en el motivo de lucha de un barrio acostumbrado al sufrimiento por encima de todo. Vallecas estaba viva, Vallecas conquistaba Getafe, Vallecas volvía a recobrar, a través de su equipo de fútbol, la importancia que nunca debió haber perdido y que, modestamente espero, jamás debería volver a perder.

Aquel gol de Michu, el que dejaba para más adelante el debate de si éste o aquel era el tercer equipo de Madrid, significaba el inicio de una ilusión. El Rayo Vallecano conseguía su primera victoria en el retorno a Primera División y, de paso, dejaba «sentado» a un rival al que no se le perdonará jamás haberle adelantado por la derecha en la época de «vacas flacas» a nivel deportivo. Eso jamás.

Después llegaría otra victoria, esta vez con el Estadio de Vallecas como protagonista, y una más en la primera vuelta de esta liga que llega a su fin y que, pese a los despachos, los comités, las licencias, las UEFAS y, con perdón, la madre que parió al más pintado, nos hace soñar con volver a pasear nuestro escudo, nuestra franja, nuestro sentimiento y nuestro orgullo más allá de los Pirineos. Para alguien que ha vivido la época de Segunda B, prefiero no calificarla, y que ha sufrido y disfrutado de lo que ya era un logro, vivir plácidamente en Segunda División, estar cerca de Europa, pese a quien pese, es lo más grande. Y Getafe, sin Michu, pero con su espíritu, promete ofrecernos nuevas emociones y muchas más alegrías.

Aquel gol de Michu supuso una liberación, una explosión de sentimientos difícilmente explicables con palabras. Simplemente un gol dirán algunos, aunque otros crean que aquel fue «el gol». Los ha habido más bonitos, más importantes, más elaborados, más… lo que quieran, pero aquel fue el primero que nos hizo volver a ganar. Y, además, lo hizo en Getafe, y además, con muchos de los nuestros gozando en las gradas del Coliseum. «Que sí, joder, que vamos a ascender». Ese era el grito meses antes. Ahora toca soñar con la UEFA, dejar al equipo en puestos europeos y presionar a quien corresponda para que haga sus deberes y evite que nos priven de ese sueño.

El espíritu de Michu, de su garra, de su puntería, de su fútbol… desde Swansea o desde Bangladesh, volverá a estar presente en el Coliseum para empujar al Rayo hacia la victoria. Y allí, le pese al que manda en Getafe, o al que lo hace en el Rayo, habrá cientos de seguidores con su franja en el pecho, labrada con 40 euros de una entrada de fútbol y con mil latidos de un corazón que se les sale del pecho al gritar: Goooooool, porque no es un gol, es «el gol». Y después, el Dios UEFA dictará sentencia, porque los euros de Vallecas valen mucho menos que los de otros lugares, incluso de nuestro mismo país. Eso Platini y los suyos lo tienen claro.

Señores rayistas, disfruten de su gol, «el gol», y que nunca nadie les quite la ilusión de gritarlo con todas sus fuerzas (sin necesitar a Tamudo para darnos la vida, ni a Tebas para reanimarnos).