Opinión. El domingo llega a Vallecas un entrenador diferente, uno de esos hombres que nunca pasan desapercibidos, que siempre están dispuestos a dar y a partirse la cara por los suyos. Simeone aterriza en Vallecas.
Opinión. No es un tipo corriente, tampoco pretende serlo. Es, simplemente, Simeone, el ‘Cholo’ Simeone, un hombre con carácter, con personalidad, líder y ejemplo para muchas generaciones del fútbol de su país. Simeone es un hombre diferente, uno de esos luchadores de los que siempre esperas tener en tu bando cuando llega el momento decisivo, cuando se acerca la batalla final. Un día hizo célebre una frase que le define como lo que es, como un auténtico guerrero. «Los partidos hay que jugarlos con el cuchillo entre los dientes», dijo en la previa de un internacional entre Argentina y Uruguay. Que se lo recuerden a Julen Guerrero, o a tantos otros que un día cruzaron sus caminos con un hombre que no dejaba lugar a la especulación ni a las medias tintas. Ese es su espíritu, ese es Diego Pablo Simeone.
Como jugador llegó a España sin mucho nombre, en Sevilla demostró de lo que era capaz y después de siete años en nuestro país terminó saliendo a hombros de una afición, la colchonera, que supo reflejar en sí misma el empuje de un hombre de corazón. Sus carencias futbolísticas fueron siempre suplidas por una garra espectacular y su forma de entender el fútbol caló hondo entre una afición acostumbrada a sufrir y que siempre tuvo que vivir a la sombra del ‘vecino rico’ de la Castellana. Simeone no se arruga, Simeone siempre lleva el corazón por delante.
El entrenador argentino ha conseguido seguir haciendo carrera en Europa y, de la mejor manera posible, lleva a su Atlético de Madrid con mano firme y con la decisión de un auténtico líder. Su equipo juega como a él le gusta, con entrega, con presión, luchando, peleando y explotando hasta el máximo su físico. Además, Simeone ha sabido aprovechar la calidad de jugadores de la talla de Falcao o Arda Turan, aunque sea un brasileño, Diego Costa, el que se haya convertido en su prolongación dentro del terreno de juego. Costa es ese tipo de futbolista que se asemeja al Simeone jugador. Nunca rehúye el contacto, más bien lo provoca, siempre está dispuesto para la brega, para el trabajo de todo tipo y siempre atento a las debilidades del rival. Su instinto es el de un depredador siempre alerta. Así era el ‘Cholo’ y así le gusta el fútbol, ese en el que los jugadores se vacían y cuando están vacíos todavía hacen un sobreesfuerzo para llegar a ese último balón que pueda significar un título o simplemente una palmada en la espalda como agradecimiento por el esfuerzo. El que no lo entienda, es que no sabe de qué va esto.
El Rayo deberá jugar el domingo «con el cuchillo entre los dientes» para superar a un Atlético de Madrid que está consiguiendo, con el espíritu de Simeone, ser la única sombra que le queda al F.C. Barcelona de Messi, un argentino que parece de otro planeta y que nunca será un ‘hombre Simeone’, por mucho que últimamente le vaya saliendo una faceta que tenía oculta tras su aura de ‘hombre perfecto’.
La pena para Simeone es que en Vallecas, uno de esos lugares donde el fútbol se mide por centímetros cuadrados y donde el contacto físico siempre puede ser una baza, no podrá jugar con su prolongación en el campo. Costa no estará, y aunque en el estadio franjirrojo habrá muchos que le echen de menos, el domingo se alegrarán de no tener que vérselas con un hombre que hizo las delicias en media temporada con la franja roja. Simeone sin Costa es menos Simeone, aunque su espíritu se transmita de jugador a jugador.
