Opinión. El fútbol negocio vuelve a imponerse, una vez más, al fútbol romántico y de sentimiento, ese del que muchos no queremos desprendernos pero que entre unos y otros siempre se encargan de robarnos.
Corren malos tiempos para la lírica del fútbol. Los nostálgicos, los amantes del deporte rey, los ideólogos y los filósofos de verbo fácil con micrófono delante deben hacer hueco, y lo hacen, ante el auténtico dueño de este ‘tinglao’ llamado fútbol y apellidado negocio. Así es, el fútbol negocio se lleva por delante, una vez más, los sentimientos, las alegrías, las tristezas, los cánticos, los abrazos y las bufandas al viento. Todo tiene un precio y el fútbol un 2 de enero, también.
Mal por los gestores, esos que firman convenios y luego no los cumplen, esos que dirigen los hilos para que todos nos pleguemos a sus exigencias. Estoy harto, y digo harto, de tanto vaivén televisivo. Que a los de la «caja tonta» se les antoja jugar un viernes, pues nada, cogemos los bártulos y al estadio el viernes, que además quieren un sábado a las cuatro, pues más de lo mismo, si no, pues a las seis o a las seis y media, o el domingo a las doce o a las cinco o a las siete y de remate, tenemos el lunes a las nueve. Todo por lo mismo, dinero, dinero, dinero…
¿Y para qué sirve tanto dinero si luego no se gasta con prudencia?. ¿Cómo es posible que el Betis compre al Pichichi de Segunda División y luego no pueda pagar al Elche?. ¡Que se lo devuelvan, leche!. Si esto no es adulterar una competición… No me extraña que los modestos se quejen por el reparto televisivo. Visto lo visto, deberían negarse a jugar y que lo hicieran solo los que están conformes con el dinerillo que les toca en la pedrea que dejan Madrid y Barcelona, a ver qué tal les iba.
Los jugadores no cobran. Claro, la crisis, el momento coyuntural-estructural-invernal-vendaval… ¡menuda broma de mal gusto!. Si los jugadores no cobran no es por la crisis, sino porque los que deben pagarles se han gastado el dinero (que por lo general no suele ser suyo, salvo honrosas y aplaudibles excepciones). A los lumbreras de turno, a esos iluminados de los números, conserjes metidos a economistas o empresarios ávidos de negocio fácil y despreocupado, no les importa inflar presupuestos, hacer burbujas, explotarlas, y salir corriendo. Ya vendrán otros a solucionarlo o si no, pues ya saldrá la gente de Sevilla o de Vigo a la calle para que no les desciendan a su equipo de fútbol (mientras los de las fábricas, los curritos de las seis de la mañana, se muerden las uñas viendo cómo al de enfrente le acaban de mandar a engordar las listas de desempleo). ¿Y Zapatero qué opina de esto?. Ya solo me falta oír a Rajoy y compañía salir a la palestra a defender a los futbolistas, con el discurso de todos los días, el único y verdadero.
En fin, intentaré descansar, a ver si con un poco de suerte el año nuevo me devuelve algo de romanticismo futbolístico, de sentimiento y pasión por los colores, de canciones eternas que se clavan en el corazón y de orgullo por llevar un escudo (aunque cueste dinero, mucho dinero).
