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© PXR. Vallecas, 18 Julio 2009
Opinión. Si hay un jugador «gafado» en la liga española ese es Ricardo Oliveira. Dos descensos, y un ascenso sin consumar por abandono, jalonan una trayectoria en los últimos años que ha dejado mucho que desear.
Nadie en su sano juicio podrÃa discutir su calidad, la que le ha llevado a militar en el Valencia, en el Milán, en el Zaragoza o en el Betis. Otro cantar es su ‘apego’ hacia cada equipo en el que ha militado, principalmente en los últimos años. Una vez consumado el descenso del Zaragoza a la Segunda División, se especuló durante mucho tiempo sobre su posible salida del conjunto maño. A nadie le hubiera extrañado, no en vano es un profesional y como tal tiene que irse al mejor equipo posible. Lo que no podÃa, y sobretodo no debÃa olvidar, era que él habÃa sido uno de los jugadores que no lograron mantener al Zaragoza entre los grandes. Al final fue Milito quién abandonó la nave y Oliveira se quedó para «ayudar al Zaragoza a ascender».
Lo hizo durante unos meses, pero no cumplió con su palabra. Bien avanzada la competición, Ricardo Oliveira escuchó la oferta de un Betis en el que ya habÃa militado y, sin cumplir su objetivo de ascender al Zaragoza, se marchó a Sevilla. Paradojas de la vida. El brasileño abandonaba la Segunda División para volver meses después, ahora con el Betis. Entre tanto el que ascendÃa era el Zaragoza y Oliveira volvÃa a estar ‘en el pozo’ de nuevo. Viaje de ida y vuelta… sin retorno.
Pero está visto que la Segunda no es una categorÃa hecha para el delantero carioca, un jugador que necesita mejorar y siendo un profesional deberÃa irse al mejor equipo posible. Pero esta vez, en su huida hacia adelante, en su afán por abandonar la Segunda División ha elegido la opción del dinero. Para Oliveira, en declaraciones al medio oficial del Real Betis, «ha sido una decisión que he tomado con mi familia. Es un tren que no podÃa dejar escapar porque era una oferta irrechazable. Me voy con mucho cariño hacia el Betis y su afición. Sé que voy a una liga menor, pero he antepuesto los intereses de mi familia».
Mientras tanto en Zaragoza se frotan las manos. El negocio no podÃa haber salido más redondo. Aprovecharon sus goles mientras jugó con ellos, lo vendieron al Betis y ahora se quedan con la mitad del botÃn de la operación. Se especula que estarÃamos hablando de un montante de unos catorce millones de euros, de los cuales siete irÃan a las arcas de un Real Zaragoza al que nunca le pudo venir mejor que Oliveira «les dejara tirados» en su lucha por el ascenso.
El «gafado» de la liga española se marcha al Al-jazira. Mientras, en Zaragoza y Sevilla, aunque no disfrutarán de sus goles y de su fútbol, vuelven a respirar tranquilos.
Un sentimiento, una ilusión… ¡aúpa Rayo, aúpa campeón!
