El Rayo aprende la lección

El Rayo no pudo pasar del empate (3-3) con un Albacete que está sufriendo para salir de los puestos de descenso y que, en apenas diez minutos al inicio de la segunda mitad, recibía un contundente 3-0. Los vallecanos no conservaron la ventaja y en el descuento se consumó el empate.

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Ficha técnica:

Rayo Vallecano (3): Cobeño, Brayan Angulo, Coke, Arribas (R), Rafa García (Juli, minuto 58), Movilla (A), Javi Fuego (A), Armenteros, Piti, Trejo (Aganzo, minuto 66) y Delibasic (Yuma, minuto 80) (A).

Albacete (3): Navas, Tarantino (A) (Ortuño, minuto 85), De la Cuesta, Calle, Tato, Sousa, Kike Tortosa (A), Miguel Núñez (A), Diego Camacho (Verza, minuto 70), Antonio López (A) (Cristian, minuto 66) y Ramón B.

Arbitro: Hernández Hernández (colegio canario).

Goles: 1-0. Minuto 47. Piti; 2-0. Minuto 48. Delibasic; 3-0. Minuto 55. Armenteros; 3-1. MInuto 73. Tato; 3-2. Minuto 86. Calle; 3-3. Minuto 92. Verza.

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El fútbol es así, no hay enemigo pequeño o un partido dura noventa minutos. Cualquiera de los tópicos más tópicos que se utilizan para explicar lo inexplicable en el mundo del fútbol podrían ser válidos para lo vivido en el Campo de Vallecas esta tarde. O ninguno de ellos, porque el Rayo, incomprensiblemente, ha dejado escapar dos valiosos puntos en su carrera por el ascenso después de situarse con un claro 3-0 al inicio de la segunda mitad. Un exceso de confianza y decisiones equivocadas, tanto dentro como fuera del terreno de juego, terminaron llevando el partido a unos minutos finales en los que el Albacete, que vivía a la desesperada, supo sacar provecho del bajón físico y mental de los vallecanos.

El líder llegaba al choque contra el Albacete, que lucha por salir de la quema del descenso, después de una semana de declaraciones y contradeclaraciones, después de ver cómo los que venden el club no lo venden y los que lo compran, tampoco lo compran, y después de participar en algún que otro ‘show’ mediático que, siendo seguramente necesario, no ayuda a la dinámica de un equipo cuya única tabla de salvación es lograr un ascenso que tienen en sus manos.

Para medirse a los albaceteños Sandoval tiró de lógica, tanto en defensa, situando a Rafa García como compañero de Arribas en el centro y manteniendo en los laterales a Coke y Angulo, como en ataque, dando continuidad y confianza a un Delibasic que parece otro futbolista tras su buen partido en Pucela. El resto del equipo era el habitual, con Cobeño, Movilla, Javi Fuego, Armenteros, Trejo y Piti, que regresaba al once tras sus problemas físicos de la semana pasada. Enfrente, un Albacete con muchas dudas pero con ganas de vender cara su caída y que realizó un buen fútbol por momentos, confiando a la fe y a su esfuerzo un partido que estuvo más que muerto para ellos.

La primera mitad fue igualada, aunque serían los manchegos los que imprimieran una mayor velocidad y verticalidad a su fútbol, obligando a Cobeño a lucirse para evitar que los de Simón se fueran al descanso en ventaja. La timidez del Rayo, que trabajaba con paciencia su creación ofensiva y que vivía al límite con una defensa de circunstancias, no hacía presagiar lo que se viviría en una frenética segunda mitad en la que el estadio de Vallecas volvió a ser el de antaño.

Seis goles en la segunda mitad fueron el reflejo de cuarenta y cinco minutos de locura en Vallecas

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Piti encendió la mecha y Delibasic reventó la línea de flotación de un Albacete que necesita pocos empujones para desequilibrarse. El catalán aprovechó su calidad una vez más -lástima de futbolista que se perderá el Rayo el año próximo- para, con un gran lanzamiento de falta directa escorada a un costado, sorprender a Keylor Navas y adelantar a un Rayo que salió en tromba llevándose por delante a los manchegos. Apenas acaban de situarse en el terreno de juego y los rayistas ya soñaban con la victoria y con mantener el liderato, dejando muy descolgado a un Celta que había vuelto a perder en su estadio. Todo se puso mucho más de cara cuando dos minutos más tarde un Delibasic en estado de gracia sorprendía a todos para lograr el 2-0 con un remate cruzado. Dos llegadas del Rayo y dos goles, culminados con un tercero, obra de Armenteros de cabeza a pase del propio Delibasic, cuando todavía no se habían alcanzado los diez minutos de la continuación. El equipo de Sandoval había borrado del mapa a un Albacete que se veía haciendo las maletas y llenándolas de goles, porque la goleada parecía cantada.

Pero el fútbol tiene estas cosas y en el partido de hoy se encontraron dos tendencias inversas en el mismo momento. Por un lado, el Albacete empezó a creer en sus posibilidades cuando Tato recortaba distancias a falta de un cuarto de hora y, por otro, el Rayo empezaba su caída libre tanto física como psicológicamente. Antes de todo eso, se vivía la ola en la grada, Sandoval con 3-0 hacía cambios valientes y ofensivos y el Albacete no parecía tener muchas opciones.

El técnico del Rayo debió pensar que el 3-0 se quedaba corto para los merecimientos de su equipo y, ante ciertos problemas físicos de Rafa García, decidió sentar al central y mover piezas en defensa. No dio entrada a otro hombre de corte defensivo -podía haber echado mano de Yuma- sino que situó a Juli en el carril derecho, con toda la banda para él, y colocó a Coke en el centro de la defensa. Más tarde metió más mordiente en ataque, dando entrada a Aganzo por Trejo, pero el Rayo empezó a sufrir, principalmente cuando Tato recortó distancias. Otras veces, los cambios hubieran ayudado a conseguir una goleada, hoy no ayudaron a fortalecer a un equipo que se descosió por el centro y que se acobardó ante el arreón final del rival.

Hasta los instantes finales, los franjirrojos habían vivido con suficiencia un partido controlado y exageradamente solvente, pero un penalti anotado ‘a lo Panenka’ por Calle, que supuso la expulsión de Alejandro Arribas, y una última llegada en el tiempo extra en la que la defensa no acertó a despejar un balón aprovechado por Verza, puso en evidencia el miedo que había a un empate que no pudo ser evitado.

Con el 3-1 Sandoval había entendido que era hora de plegar velas y sentó a Delibasic para dar entrada a Yuma, apuntalando el centro del campo y anticipándose a la que se avecinaba. Los instantes finales llevaron el desasosiego y la desesperación a una grada que, una semana más, volvió a clamar contra la familia Ruiz-Mateos en general y contra Teresa Rivero en particular.

El Rayo dejó pasar una gran oportunidad de meter pie y medio en Primera División, pero su sustancial distancia con el tercero, aumentada un punto más esta semana, permite seguir siendo optimistas (sobre todo porque queda una jornada menos). El equipo ha aprendido la lección y deberá seguir remando. Próxima parada: Ponferrada.

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