El Rayo Vallecano dijo adiós a sus opciones de avanzar a cuartos de final de la Copa del Rey ofreciendo una mala imagen, sobre todo en la segunda mitad, ante un Levante que supo aprovechar sus armas para derrotar a un equipo muy limitado.

Ficha técnica:
Levante (1): Javi Jiménez, Nikos (Juanfran, minuto 80), Vyntra, Nagore (A), El Adoua, Camarasa, Pinto, Elzhar (A) (Nong, minuto 89), Pedro Ríos (Xumetra, minuto 81), Angel y Barral (A).
Rayo Vallecano (0): Cobeño, Mario, Gálvez (A), Galeano (A) (Bueno, minuto 72), Nacho, Baena, Saúl, Falqué (A) (Rubén Ramiro, minuto 82), Embarba, Adrián y Nery Castillo (Larrivey, minuto 45)
Arbitro: Fernández Borbalán.
Gol: 1-0. Minuto 42. Barral.
El Rayo Vallecano ha quedado justamente apeado de la Copa del Rey ante un Levante que fue mejor en líneas generales, que aprovechó una de las numerosas ocasiones que tuvo para marcar y que después hizo su particular partido, desquiciando los nervios de los franjirrojos. El Rayo volvía a mostrar sus carencias a todos los niveles y, salvo en los primeros compases del partido, no encontró la manera de afrontar una eliminatoria que se puso en contra al filo del descanso y que ya solo ofreció sobresaltos.
Sorprendió Paco Jémez situando al joven Mario en la banda derecha y jugando con Galeano y Gálvez en el centro de la zaga, acompañados por Nacho en el otro costado. Además, pensando tanto en esta eliminatoria, como en ‘la final’ del fin de semana en Elche, reservó a hombres clave como Trashorras, Bueno o Tito, a la vez que ofrecía nuevos galones a Saúl y Adrián, dejando a Baena la ardua tarea de estabilizar la defensa, con Nery Castillo corriendo sin descanso en punta y Falqué y Embarba intentando llegar por las bandas.
El arranque de partido fue prometedor para el conjunto franjirrojo que, cambiando el guión y la personalidad de su fútbol, se afianzó atrás y buscó la velocidad de los hombres de ataque. Así tomaron protagonismo los dos extremos y el mexicano Castillo, que presionó hasta la extenuación todos los balones. Saúl, con un espectacular remate con la pierna izquierda desde la frontal del área, que se estrelló en el palo de la portería de Javi Jiménez, tuvo en sus botas el cambio de perfil de un encuentro predestinado a un desenlace por la mínima. Falqué se mostraba incisivo por la banda izquierda, que terminariá permutando con Embarba en busca de la sorpresa, mientras Adrián se colaba entre líneas buscando la superioridad por el centro.
Los ataques del Levante, que irían de menos a más, empezaron a resquebrajar la defensa y a mostrar las carencias del equipo vallecano. Primero sería Angel el que avisaría con un remate al palo, tras protestar varias acciones dentro del área de Cobeño, que hoy volvía a ser titular realizando una actuación con más luces que sombras, con paradas de enorme mérito en la segunda parte. Posteriormente, en una pérdida de balón del centro del campo franjirrojo, el propio Angel superaría a la defensa para centrar al corazón del área, donde aparecía Barral para abrir las puertas del cielo al Levante y las del infierno al Rayo.
La segunda parte no se jugó, porque el Levante no quiso
Larrivey apareció en la segunda mitad para intentar un cambio de registro en la delantera del Rayo, pero el partido estaba prácticamente visto para sentencia, porque el Levante lo llevó a su terreno y terminó matándolo de aburrimiento y de acciones que provocaban cortar el ritmo, perder el tiempo y aprovechar el inexorable paso de los minutos.
Pese a todo, sería el Levante el que gozaría de las mejores ocasiones de gol. Angel, Barral, Camarasa… con varias llegadas de peligro pudieron sentenciar la eliminatoria, que ya solo se mantenía en pie por lo incierto del marcador, porque el Rayo estaba completamente desaparecido. Su fútbol de toque, ausente, sus llegadas con claridad por banda, inexistentes, sus remates a puerta, nulos. Entonces comenzó el recital levantinista. Primero con los recogepelotas, que hicieron desaparecer los balones de los alrededores del terreno de juego, posteriormente con los ‘simulacros’ de lesión y finalmente con el carrusel de sustituciones a cámara lenta. Esto provocó que el colegiado añadiera cinco minutos, de los que apenas se jugó prácticamente nada, porque el Levante sabía muy bien lo que tenía que hacer.
El Rayo no inquietó a Javi Jiménez en una segunda mitad en la que también intervinieron, en la recta final, tanto Bueno como Rubén Ramiro, sin que ninguno hiciera nada reseñable por cambiar el rumbo del partido (el canterano apenas jugó ocho minutos).
Lo peor para el Rayo esta noche no fue la eliminación en Copa, sino su imagen, su falta de personalidad, su lío entre el juego al pie y en largo, sus limitaciones defensivas, las dudas en la portería, la falta de creación y la ausencia de remates peligrosos en una segunda mitad para olvidar. Mucho tendrán que cambiar las cosas el próximo sábado para que el equipo vallecano no traslade a la liga las malas sensaciones coperas y para que el espíritu de Getafe se imponga a las sombras ofrecidas hoy en el Ciutat de Valencia.
