No pudo el Rayo celebrar con su afición un casi definitivo ascenso a Primera División. No fue por falta de capacidad o por errores de bulto, sino más bien por una conjunción de factores que evitaron que los franjirrojos sellaran su gran sueño. Los palos, los penaltis y el rival, llevaron al Rayo hasta Vigo, donde habrá una nueva oportunidad.
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Ficha técnica:
Rayo Vallecano (1): Dani, Tito, Casado, Amaya (A) (Piti, minuto 55) (A), Arribas, Movilla, Armenteros, Juli (Delibasic, minuto 66) (A), Javi Fuego, Aganzo (A) (Borja, minuto 71) y Trejo (A).
Elche C.F. (2): Jaime, Carpio, Ripa (David Sánchez, minuto 26), Mantecón (Acciari, minuto 17), Angel (A), Kike Mateo, Xumetra (Vasco Fernandes, minuto 80) (A), Pelegrín, Generelo, Edu Albacar (A) y H. Verdés (A).
Arbitro: Ceballos Silva.
Goles: 0-1. Minuto 4. Albacar, de penalti; 0-2. Minuto 36. Angel; 1-2. Minuto 72. Delibasic.
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Habrá que seguir esperando, no queda otra. El Rayo Vallecano dejó escapar, ante el Elche, una nueva oportunidad de haberse asegurado prácticamente de manera definitiva el ascenso a Primera División, pero una conjunción de factores adversos lo impidió. Y es que el Rayo, a pesar de su empuje y su garra en la segunda mitad, tuvo que enfrentarse a un rival que destrozó el partido con una táctica tan rácana como poco elegante, además de toparse con los palos de la portería rival, con un penalti en contra en el minuto cuatro y con uno a favor desaprovechado por Trejo en el ochenta y nueve. Así se escribe la historia de un ascenso que pocos dudan, pero que se está haciendo de rogar.
Sorprendió Sandoval dejando en el banquillo a Piti y dando entrada a Juli y apostó por Aganzo en detrimento de un Delibasic que terminaría siendo protagonista principal en una película que empezó mal y terminó peor para los intereses de un Rayo que no desplegó su mejor fútbol en la primera mitad. Enfrente, el Elche de los Pelegrín, Albacar y compañía, empezó apretando, cerró las líneas de pase, se concentró en la presión y buscó romper el partido con continuas caídas al césped y provocaciones varias, que a punto estuvieron de acabar con Aganzo en el vestuario antes de tiempo. Porque lo del delantero, tan alabado en infinidad de ocasiones, empieza a ser para estudio personalizado. Se ganó una tarjeta en los primeros minutos, algo que no le hizo bajar de revoluciones hasta el punto de entrar en ‘rifi-rafes’ continuos, protestas y algún que otro gesto que le perdonó Ceballos Silva. No perdonó el colegiado, sin embargo, un choque de Amaya con un rival nada más arrancar el partido, condicionando el desarrollo posterior del mismo. El penalti sería lanzado por un Edu Albacar al que su paso por Vallecas no le dejó la huella suficiente para no haber celebrado el tanto -más bien todo lo contrario-. Era el minuto cuatro de encuentro y el Rayo, sin esperarlo, ya veía que la cuesta hacia Primera División empezaba a empinarse.
Los franjirrojos no encontraron su fútbol durante una primera parte en la que el Elche, con seriedad y rigor, supo cortar las líneas de pase y frenó la creatividad del juego ofensivo de un Rayo que, a pesar de todo, gozó de oportunidades para haber empatado el encuentro. Un remate al poste con intervención posterior de Jaime a disparo de Armenteros anunciaba tiempos mejores, que finalmente tuvieron que esperar a la reanudación. Entre tanto, un error en la salida del balón permitía a Angel realizar una buena jugada en la frontal y anotar el 0-2, congelando el ambiente en Vallecas. El Elche, simplemente con táctica, estaba superando al Rayo.
Los cambios fueron providenciales y el Rayo creció hasta acorralar a su rival
No hubo que esperar mucho tiempo para comprobar que la segunda mitad no se parecería en nada a la primera. El partido cambió desde el inicio y el Rayo se volcó sobre el portal de Jaime buscando la heroica y aprovechando la inercia de un ambiente atronador y espectacular en el estadio de Vallecas. Trejo, que estaba siendo el mejor del partido hasta el momento, tomó las riendas de un equipo ‘enchufado’ y llevó el partido hasta el área ilicitana. Los de Bordalás, superados por todos los flancos, acrecentaron sus «mareos» hasta el punto de desquiciar al propio Sandoval, que terminó expulsado tras encararse con el fisioterapeuta del conjunto levantino.
Mientras el Elche buscaba cortar la avalancha como podía, Sandoval daba entrada a los tres hombres que terminarían por revolucionar el encuentro de manera definitiva. Piti, Delibasic y Borja, echaron más leña al fuego creado en la defensa franjiverde, haciendo avanzar más metros a los suyos. Delibasic metió la cabeza a un buen centro desde la banda para hacer creer en el milagro (1-2), Piti era derribado de manera clara dentro del área con Ceballos Silva mirando para otro lado y Borja, desbordaba una y otra vez por el costado izquierdo. La ofensiva era total, las recuperaciones de balón constantes y la remontada posible.
Otro remate al palo, uno posterior al larguero, dos intervenciones de mérito de Jaime y varios remates fuera, resumieron lo que sucedió en una segunda parte para la esperanza en la que el Rayo dejó sentadas las bases de lo que debería hacer en Vigo. La ventaja otorgada en la primera mitad podía ser neutralizada, pero para ello hubo que contar con la fortuna que, en esta ocasión, dio la espalda al Rayo. Mucho más cuando, en una internada de Borja García dentro del área, Vasco Fernándes le derribaba y el colegiado indicaba el punto de penalti. La gesta estaba hecha, el empate en la mano… un punto que podía suponer mucho. Trejo cogió el balón y empezó a valorar las opciones. Enfrente tenía a un portero que fue compañero suyo el año anterior, que le conocía, en el banquillo Bordalás hacía gestos de hacia dónde dirigiría el lanzamiento y el argentino, superado por la presión que también le realizó Pelegrín, decidió cambiar a última hora y su disparo se marchó fuera, llevándose con él el trabajo de una segunda mitad impresionante.
No es nada nuevo, pero sí destacable. Nadie tiene dudas a estas alturas que la afición del Rayo es diferente y ayer, una vez más, volvió a demostrarlo. Los gritos de «Trejo, Trejo» nada más errar el penalti o la gran ovación a su equipo a pesar de su segunda derrota consecutiva, engrandecen mucho más el espíritu de Vallecas. El año que viene, en Primera División, toda España será consciente de que en Vallecas el fútbol se vive de otra manera.
