Opinión. El Rayo no podía perder su emblema en el retorno a Europa. Y no hablamos solo de la franja roja, que espero que vuelva a lucir en el pecho de las camisetas vallecanas, ni tampoco de esos escudos que tantas veces acabaron desapareciendo de esas mismas camisetas por evidentes defectos de calidad. No. Me refiero a su estandarte, a su buque insignia, a su faro, a su capitán, a su verdadero «dueño». Porque si hay un futbolista que se merecía ver al Rayo en Europa desde dentro, ese es Oscar Guido Trejo.
El argentino ama al Rayo, ama a Vallecas y, por extensión, ama a los vallecanos. Desde el primer día que puso un pie en el barrio decidió que este era el sitio, que este era su destino y que este debía ser el lugar en el que cumplir sus sueños de futbolista. La pasión de su gente, la cercanía de la afición, la humildad del club y ser parte activa de algo único han marcado la carrera futbolística de uno de los mejores jugadores que han vestido la zamarra franjirroja. Y todo esto, tanto para lo bueno, como para lo malo, han convertido a Oscar Trejo en un ídolo sin que él en ningún momento pretendiera tal cosa.
Trejo enseña a sus hijos lo que es ser del Rayo (lo han mamado desde bien pequeños), les explica el significado de cada momento que viven juntos. Y ellos son felices viendo a su padre en Vallecas y viendo a su Rayo, porque son tan rayistas como tú o como yo. Lejos queda aquella cesión del Mallorca, lejos queda aquella celebración de cada gol histórico, lejos queda su marcha pese a querer quedarse, lejos queda su paso por Gijón y por Francia… su destino estaba escrito, tenía que volver a Vallecas para seguir agrandando su historia. Volvió y siguió triunfando en Vallecas, volvió y siguió demostrando su extraordinaria calidad. Volvió y siguió siendo un referente tanto dentro como fuera del vestuario.
Me encanta escuchar a los jugadores recién llegados explicar cómo fue su primer contacto con el barrio y con el Rayo. Siempre aparece el mismo personaje: Oscar Trejo. El capitán sin brazalete, porque un día así lo decidió, es el primero en ponerse al frente y convertir a los agnósticos en fervientes defensores de la Religión del Santo Trejo: la vida en Vallecas, la vida alrededor del Rayo. Porque así es él, porque así le gustan las cosas. Un día, como ya sabéis, las diferencias con quien ya sabéis le llevaron a tomar una dolorosa decisión. Una pena, porque a mí me gustaba verle con el brazalete de capitán. Me encanta ver a su sucesor Oscar Valentín (de «Oscares» va el asunto), pero me sigue faltando algo.
Mucho más me hubiera faltado si la remota posibilidad de no ver su nombre entre los inscritos del Rayo para la Conference se hubiese consumado. Por una vez doy gracias a quien lo ha hecho posible (humano o divino), porque este Rayo no podía presentarse en una competición europea sin él en la plantilla, sin él en el vestuario, sin él en Vallecas. Sé que os alegráis, no es para menos. Porque Trejo es mucho más que un futbolista de una extraordinaria calidad. Es una gran persona, es alguien que ha dado la cara por mejorar las cosas, es alguien que siempre ha defendido el club, a su gente y que tiene ese arraigo que le hace diferente. Un argentino en Vallecas, un vallecano en Argentina. Tanto monta, monta tanto.
Trejo lucirá la camiseta del Rayo en Europa. Me alegro por él, me alegro por el Rayo. El Rayo seguirá siendo «El Rayo de Trejo» también este año.
