El Rayo Vallecano sufrió una dolorosa e inoportuna derrota ante un Sporting de Gijón que planteó mejor el partido y que fue superior a su rival en pegada y en presencia sobre el terreno de juego.

Ficha técnica:
Rayo Vallecano (1): Cobeño, Tito (A), Arribas (A), Labaka, Casado, Movilla (Rayco, minuto 45), Michu, Rafa García (Delibasic, minuto 64), Trashorras, Piti (Koke, minuto 74) y Tamudo.
Sporting de Gijón (3): Juan Pablo, Gregory, Botía (A), Iván Hernández, Canella (A), Rivera, Andre, Nacho Novo (Bilic, minuto 70), De las Cuevas (Sergio, minuto 81), Trejo y Barral (Carmelo, minuto 77).
Arbitro: Mateu Lahoz (colegio valenciano).
Goles: 0-1. Minuto 9. Barral; 0-2. Minuto 36. Nacho Novo; 0-3. Minuto 66. Nacho Novo; 1-3. Minuto 89. Michu.
El Rayo Vallecano depositó en el partido de esta mañana ante el Sporting tantas esperanzas como desilusiones terminaría recogiendo después de noventa minutos plagados de errores, de ‘auto-presión’ y de falta de criterio ante un rival serio, tranquilo y especialmente preparado para aprovechar las dobleces de un proyecto que deja al descubierto algunas heridas que puedan llegar a enquistarse.
El conjunto vallecano, que no podía contar con la presencia de hombres hasta ahora indiscutibles -mucho más después de lo visto hoy- como Jordi Figueras, Javi Fuego o el propio Lass, planteó un partido que no pudo desarrollar por el baño táctico y de disposición que, principalmente en los primeros veinte minutos, le propuso el equipo de Manuel Preciado. Los asturianos, apremiados por la realidad clasificatoria, llegaron al Estadio de Vallecas dispuestos a dar un golpe sobre la mesa y a presentar su candidatura a seguir un año más en la élite, por mucho que las dudas sobre su técnico hubieran sobrevolado el Molinón en más de una ocasión.
El Sporting sabía que, con velocidad arriba y con presión asfixiante, el Rayo podría sufrir, como así fue. El conjunto norteño apretó las clavijas en varias zonas donde la baja de hombres importantes podía representar una ventaja para sus intereses. Sin Jordi, la salida de balón desde la ‘cueva’ defensiva se complicaba y tanto Labaka como Arribas completaron un partido para olvidar. Ambos colaboraron de manera directa en la consecución del primer y tercer gol, con la inestimable ayuda de un Cobeño que hoy tampoco tendría su día. Barral aprovechó el primer regalo de la zaga franjirroja para adelantar a los suyos. Una salida en falso del meta mostoleño, y su posterior encontronazo con Labaka, dejaba en bandeja el balón para que el delantero visitante anotase el primero de su equipo a los nueve minutos. Antes, el propio Barral caía dentro del área tras una entrada de Arribas en la que se solicitaría un penalti no concedido por Mateu Lahoz.
El Rayo se veía incapaz de sacar el balón con fluidez. A esto tampoco ayudó la presencia de Rafa García que le puso empeño pero que rebajó el nivel que habitualmente presenta el equipo cuando Javi Fuego aparece por esa zona del campo. La conexión con Trashorras no fue ideal y el lucense se desesperaba pidiendo balones una y otra vez y cayendo desde banda al centro para iniciar unas jugadas de ataque que jamás tuvieron finalización. El primer intento vallecano llegaría a los veinte minutos con un disparo de Piti, alarmantemente desconectado también, y un posterior remate de cabeza de Arribas a la salida de un córner.
El partido entró en una fase de ida y vuelta de la que los visitantes sacarían mayor provecho. Los escasos intentos vallecanos, aderezados con continuos errores en el pase y con malas decisiones en la zona definitiva, se perdían sin consecuencias para el portal de Juan Pablo y, en cambio, la gran aportación de hombres como De las Cuevas o incluso de Trejo -que también estuvo presente en muchas acciones ofensivas de su equipo- permitieron a Nacho Novo plantarse solo ante Cobeño para, a los treinta y seis minutos de juego, dejar el partido casi visto para sentencia.
El Rayo seguía sufriendo con y sin balón. Trashorras, que fue el jugador más destacado del partido, trabajaba hacia adelante pero perdía protagonismo a la hora de defender, rompiendo el equilibrio del equipo. Además, Tamudo era un islote en ataque porque, ante la ausencia de Lass, el Rayo no llegaba por banda y Michu se diluía entre la poblada defensa rojiblanca. Mención aparte merece la ‘empanada’ defensiva. Ni los centrales, tremendamente descolocados, ni los laterales, estuvieron a buen nivel. Casado fue una sombra del jugador que en el Calderón ofrecía su mejor versión y Tito luchó pero se quedó lejos. Movilla también estuvo desaparecido.
En la segunda mitad se avanzaron metros y se perdió a la contra
Con el 0-2 que reflejaba el marcador al descanso, Sandoval dio la oportunidad al joven Rayco. El canario estuvo combativo y tuvo presencia en ataque, pero sus remates nunca encontraron el camino de la portería. Con el quiero y no puedo de Trashorras y Michu, el técnico franjirrojo optó por acumular hombres de ataque, sin que esto supusiera mayor agobio para el cancerbero visitante. Delibasic sustituía a Rafa García y Koke hacía lo propio con Piti, momento que la grada aprovechó para mostrar su descontento con la imagen general de un equipo deslavazado y falto de ideas.
El Sporting, por su parte, replegó velas y esperó que su rival se descompusiera solo. Sin presionar más allá de campo propio, los de Preciado dedicaron todos sus esfuerzos a limitar la llegada del Rayo y a aprovechar alguna de las ocasiones que, al contragolpe, terminarían presentándose. Una de ellas sería aprovechada, previo error de Arribas en la salida del balón, de nuevo por Nacho Novo, cerrando definitivamente el partido.
Desde ahí hasta el final el Rayo tuvo mucho balón y pocas ocasiones. El partido se perdía entre pases imprecisos y la desesperación de una hinchada que aún así siguió animando a los suyos -aunque con una importante bajada de decibelios-.
Michu, de disparo cruzado ante la salida de Juan Pablo, pondría el uno en el casillero de un Rayo que ofreció su peor versión en el momento más inoportuno, cerrando su participación liguera de 2011 con cuatro derrotas consecutivas y perdiendo su identidad y la buena imagen que habían servido de ‘excusa’ y de esperanza en los compromisos anteriores.
