El Rayo Vallecano perdió en su visita al Espanyol en un partido en el que sufrió demasiado para hacer su fútbol y en el que apenas gozó de ocasiones de gol.
Ficha técnica
Competición: PRIMERA DIVISIÓN - Jornada 15
Fecha: 7 Diciembre - 18,30 horas
Estadio: Cornellá - El Prat
ESPANYOL (1): Dmitrovic, El Hilali, Cabrera, Calero, Romero, Urko (A), Pol Lozano (A) (Pickel, minuto 56), Edu Expósito (Terrats, minuto 79), Pere Milla, Dolan (A)(A) y Roberto (Kike García, minuto 79).
RAYO VALLECANO (0): Batalla, Ratiu, Lejeune, Mendy (A) (Nteka, minuto 85), Chavarría (A), Oscar Valentín (A), Unai López (A)(A), Gumbau (A) (Gumbau, minuto 50), De Frutos (Alvaro, minuto 70), Fran Pérez (Balliu, minuto 70) (A) e Isi.
Goles: 1-0. Minuto 37. Roberto, de penalti.
Árbitro: José María Sánchez Martínez
El primer paso para equivocarse es creerte los halagos que llegan de un rival que busca lo mismo que tú. El primer paso para empezar a perder un partido es no aprender de los errores recientes que te han complicado la vida. El Rayo tenía todas las alarmas encendidas tras lo sucedido en Avila y, enfrente, tenía a un Espanyol que no sólo tenía las mismas alarmas, sino que la competición les había dejado ‘fuera de juego’ de manera temprana y precipitada en la copa, que no da segundas oportunidades.
Por eso, Iñigo Pérez, consciente de los antecedentes (incluido el resultado de la temporada anterior: derrota pese a ser superiores y mereciendo la victoria), echó mano de su once de gala en liga poniendo en el asador del Cornellá-El Prat toda la «carne» que le queda para intentar revalidar su ‘título’ de liga. Porque así denominó el técnico del Espanyol al Rayo de la temporada anterior, campeón de su liga, de la otra liga, la de los modestos, la de las revelaciones.

Con el balón en juego bastó un minuto para entender que estábamos ante un tipo de partido en el que ambos equipos iban a jugar a lo mismo, a presionar, a correr, a exprimir al rival y a buscar el error ajeno para llevarse la victoria. Quien tuviera más chispa, más energía, más potencia e intensidad iba a contar con los ingredientes necesarios para llevarse los tres puntos. Quien se equivocara más, perdería.
El Espanyol empezó eléctrico e hiperactivo ante un Rayo que se defendía como podía sin balón, porque apenas ‘rascaba’ bola. Los pericos rozaron el primero a los siete minutos con un testarazo de Calero que se marchó por encima del larguero de Batalla. El Rayo sufría ante la velocidad del Espanyol, que no quería consumir su gasolina inicial sin lograr su primer objetivo: ponerse por delante y ‘obligar’ más al equipo de Vallecas. El Rayo, en cambio, aplacado el primer ‘arreón’ de los catalanes esperaba crecer con balón y generar peligro en ataque.
Unai casi puso de cara la tarde para el Rayo tras una recuperación en el área contraria de Ratiu, pero su disparo le salió centrado y ‘al muñeco’. Dmitrovic y todo Cornellá respiraron tranquilos, mientras en Vallecas se escuchaba el primer grito colectivo. No habíamos alcanzado los primeros veinte minutos y el Rayo ya no sufría como al principio y empezaba a sentirse más suelto y confiado en sus posibilidades. Con el minuto de aplauso en recuerdo de Dani Jarque, secundado también por los jugadores de banquillo del equipo franjirrojo, entrábamos de lleno en una fase diferente de partido.
El Espanyol decidió que había llegado el momento de medir sus esfuerzos y esperar al Rayo en su propio terreno de juego. Era evidente que su electricidad no podía mantenerse más allá de los primeros compases, por lo que había llegado el momento del Rayo. Cambiaron las tornas y el partido se volcó hacia la portería de Dmitrovic.

El Rayo dominaba el partido, pero, con todo aparentemente bajo control, cometería un error infantil con resultado de gol. Un exceso de confianza de Chavarría ante la presión de Dolan provocaba una pérdida de balón que finalizó con ‘penaltito‘ en el braceo posterior dentro del área. De lo más absurdo llegaba la ventaja para los locales. Roberto no perdonó y, a falta de cinco para el descanso, ponía cuesta arriba el objetivo del Rayo de sumar en Barcelona.
Mendy repitió error ante Dolan y se cargó con amarilla para desesperación del banquillo de un Rayo que pasaba de lo mejor a lo peor en apenas un instante. Los nervios dominaron cada acción de los de Iñigo Pérez, que se fueron a vestuarios pensando que no merecían ganar, pero seguramente tampoco perder.
Tras el paso por vestuarios, sin cambio de protagonistas, el partido volvió a activarse como en el arranque. El Espanyol recuperaba su intensidad y su intención de presión alta, mientras el Rayo intentaba ganar duelos y llegar a las inmediaciones de un inédito Dmitrovic.
Iñigo, que dice no hacer cambios en función de las amarillas, aprovechó la amonestación de Gumbau en el minuto 50 para sentarle y dar entrada a Sergio Camello buscando una referencia más cerca del área y con vocación goleadora (aunque hasta el momento tuviera la ‘pólvora mojada’). El Rayo jugaba sin ideas y se desorganizaba peligrosamente con cada pérdida de balón. Quedaba media hora y lo peor no era sólo el resultado y la falta de ocasiones de gol, sino la falta de un líder sobre el campo.

Y para rematar el desaguisado llegaría la expulsión de Unai por doble amarilla, un parón por revisión de VAR por un posible penalti de Mendy y un desconcierto que en nada favorecía al equipo que iba por debajo en el marcador. La ‘vergonzosa’ llamada del VAR por un potencial penalti ‘inventado’ desde Las Rozas acabó en nada para alivio del Rayo, ya es desventaja numérica, y enfado de los pericos, que se frotaban las manos ante el sorprendente e inesperado protagonismo de los árbitros de salón.
La incorporación de Alvaro y Balliu buscaba dar frescura al equipo en un partido que se mantenía vivo porque el marcador era ajustado y porque Batalla desbarató una buena acción de Dolan evitando el 2-0. En ataque no pasaba nada y en defensa casi de todo. En un centro lateral Kike García acertaría para hacer el 2-0, pero en esta ocasión el VAR sonrió al Rayo indicando fuera de juego. El conjunto vallecano se salvaba y entraba en los instantes finales con una desventaja exigua y con Dolan igualando las fuerzas tras ver la roja por doble amarilla.
Quedaban cuatro minutos para soñar, pero ya no hubo tiempo de arreglar la falta de mordiente, de llegada y de gol de un Rayo que agudiza las malas sensaciones antes de viajar a Polonia en Conference.
