Opinión. «El ‘Mago’ llegó al Rayo y formó un tándem inigualable con Paco Jémez. El gallego ponía en sus botas la mente de Jémez, y el técnico pensaba el fútbol a través de los pases del centrocampista».
Opinión. ¡¡Gracias Roberto, gracias capitán!! Ha llegado el momento de decir adiós al fútbol en activo, de colgar esas botas que tantas alegrías te dieron, las mismas que nos hicieron soñar con grandes logros, las que lloraron contigo en Anoeta. Trashorras deja el fútbol, Míchel ya decidió antes que su aportación no era suficiente para su proyecto, dejando atrás siete temporadas de amor por un escudo, de amor por un club, por una franja y por un barrio. Porque Trashorras, siendo gallego, se convirtió al ‘vallecanismo’, una religión que te atrapa. Trashorras ya no dará más pases al hueco, ni iniciará las jugadas desde atrás, no seguirá siendo ese jugador que en silencio terminaba recorriendo más kilómetros que nadie. Trashorras deja atrás una etapa gloriosa en Vallecas, la del ‘Jemecismo’, la de la mejor clasificación de la historia, la de rozar una clasificación europea.
Todavía recuerdo con claridad a aquel Trashorras del Celta que se merendó al Atlético de Madrid en una eliminatoria de Copa del Rey. Aquel futbolista que hacía lo que le venía en gana con el balón en los pies, que mandaba, que dirigía, que ralentizaba o aceleraba las acciones a su antojo. Nacer y crecer en las canteras de los más grandes de este país no te asegura el éxito, más bien todo lo contrario. Aquella noche Trashorras me dejó maravillado y me hizo creer que podría volver a un grande. Quizá el destino le tenía guardado un último regalo.
Y Trashorras llegó al más grande. Me vais a permitir la licencia. El ‘Mago’ llegó al Rayo y formó un tándem inigualable con Paco Jémez. El gallego ponía en sus botas la mente de Jémez, y el técnico pensaba el fútbol a través de los pases del centrocampista. Trashorras sabía manejar el juego, paraba, arrancaba, avanzaba metros, volvía para atrás, cambiaba de orientación… era el dueño de la situación. Se codeó con los más grandes de la liga en unas estadísticas aclamadas por muchos y criticadas por otros. Estar al lado de Xavi no era cualquier cosa.
Trashorras se marchó del Rayo con la ‘espinita’ de no haberle devuelto a Primera, su gran anhelo. Pese a todo, parte del ascenso fue suyo también, menos de lo deseado por su poca participación y por su temprana marcha, pero un pedazo de ascenso también fue suyo. Ahora toca ver los toros desde la barrera, con un micrófono delante. Seguro que no le faltarán ganas de bajar a tocar el césped y a dar un pase al hueco para que el Rayo logre una permanencia o, quien sabe, si algo más grande. ¡¡Gracias Roberto, gracias capitán!!
