No estaba lesionado, no tenía problemas, todo estaba correcto, salvo que los goles de Aspas provocaban un cambio y Amat fue el damnificado. El catalán se quedó fuera en el descanso.
Iago Aspas, haciendo lo que todos esperaban, consiguió desarbolar a la zaga del Rayo y provocó la reacción del técnico Paco Jémez al descanso. La salida de Jordi Amat y la incorporación de Gálvez fue fruto de la mala gestión de los espacios y de la marca sobre el hombre más peligroso de los gallegos en la tarde de ayer. No había lesión, una simple cuestión técnica.
Tanto Labaka como Amat sufrieron en exceso la velocidad del canterano del Celta que, en dos balonazos, les dejó en evidencia provocando las protestas de un sector de la afición -con rumores de nuevo sobre los movimientos de Cobeño-, y la sustitución de uno de los centrales inicialmente elegidos por Jémez para parar a Aspas.
El técnico explicaba las jugadas indicando que «ha sido en dos pelotazos en los que teníamos superioridad y donde lo único que teníamos que hacer era haber marcado bien», añadiendo que «a los entrenadores nos duele mucho porque sus equivocaciones son las nuestras y sus errores son nuestros fallos. Cogeremos esas jugadas para que las vean, las analicen y las trabajaremos para que no vuelvan a suceder». Además, afirmó que Gálvez se está ganando regresar al equipo, quizá en detrimento del propio Amat. Jémez fue claro al respecto «el que yo crea que se lo está ganando y está haciendo méritos para entrar, jugará, y el que no, tendrá que esperar», indicaba.
