La fe movió montañas y el oficio las derrumbó

El Rayo Vallecano consiguió derrotar al Racing en el partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Copa del Rey (4-3) pero quedó apeado gracias al valor doble de los goles fuera de casa.

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Ficha técnica:

Rayo Vallecano (4): Dani, Tito, Casado, Arribas, Jordi, Trashorras, Michel (Diego), Michu, Piti, Delibasic (Rayco) y Tamudo.

Racing de Santander (3): Mario, Osmar, Barrio, Torrejón, Cristian, Kennedy (Stuani), Diop, Tziolis (Nahuelpan), Serrano, Edu Bedia y Acosta (Picón).

Arbitro: Delgado Ferreiro.

Goles: 0-1. Minuto 7. Tziolis; 1-1. Minuto 33. Torrejón, en propia puerta; 2-1. Minuto 36. Michu; 3-1. Minuto 40. Delibasic;; 3-2. Minuto 52. Stuani; 4-2. Minuto 61. Tamudo; 4-3. Minuto 73. Stuani, de penalti.


El Rayo Vallecano no pudo completar una noche propicia para el disfrute colectivo y, ante un Racing de perfil bajo, ultradefensivo y con mucho oficio, pagó cara su osadía de juego ofensivo y terminó ganando el partido pero dejándose la eliminatoria por el camino. El análisis puede ser profundo o ligero, con protagonismo para unos o para otros pero, al final, lo que verdaderamente cuenta es que el Racing estará en octavos mientras que el Rayo desaparece a las primeras de cambio de una competición tan bonita e interesante como la Copa del Rey.

Hay muchas maneras de caer apeados en la competición del KO. Mientras unos lo hacen con pataleos, bronca y malos modos, otros lo hacen con una mueca que denota su insatisfacción general pero con el poso de optimismo que deja el trabajo realizado, la fe y la intensidad demostrada y los goles, que hoy no sirvieron, pero que son un buen presagio.

El Rayo Vallecano llegaba al partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey con un marcador adverso (3-2) cosechado en un mal rato la semana anterior. Además, las bajas de hombres importantes como Javi Fuego o Movilla, junto a Pacheco o Susaeta, obligaban a introducir variantes en un equipo que buscaba un gol, que sabía que no sería suficiente. Y no sería suficiente porque el rival de esta noche es de esos equipos que se parapetan atrás, que ensombrecen el fútbol y que aprovechan los errores del rival, que hoy volvieron a aparecer, para dar una dentellada a la yugular que haga tambalearse al más pintado. Así sucedió hoy y, por esperado, no dejó de sorprendernos.

El Racing empezó asustadizo, impreciso y, como se esperaba, defensivo. Aún así, y para sorpresa del respetable, el conjunto cántabro sería el primero en golpear y, gracias a un gol de Tziolis, sembraba parte de lo que finalmente terminaría recogiendo. A pesar de la momentánea victoria, su apuesta se basaba en el pelotazo, en el juego intenso y, en ocasiones, brusco y no dejar jugar a un Rayo que lo intentó de todas las maneras posibles. Los de Sandoval aprendieron a marchas forzadas que el de hoy no era un partido para tocar y elaborar, sino más bien para meter la directa y buscar la portería de Fernández. Así lo entendió Piti, que desbordó, corrió arriba y abajo y buscó con ahínco la velocidad que requería una eliminatoria copera que fue de menos a más y que terminó con un final de infarto que se llevaron los visitantes.

Tras el tanto visitante, el Rayo metió una marcha más a su juego y empezó a generar acciones de peligro en ataque. Los envíos al área deparaban un sin fin de ocasiones de gol, circunstancia que aprovecharían los franjirrojos para, gracias a Torrejón en propia puerta, a Michu y a Delibasic, situar un claro 3-1 en el marcador que ponía a los de Sandoval por delante en la eliminatoria. Todo había sucedido en apenas siete minutos de locura, que fueron el aperitivo de una segunda mitad digna de la mejor versión copera que se puede disfrutar hoy por hoy.

Una segunda mitad de locura no evitó que el Rayo se quedara fuera de la Copa

En Vallecas no jugaba el Barcelona, ni el Real Madrid, pero ni falta que hacía. Los vallecanos, con el 3-1 a favor, no renunciaron a su juego ofensivo y salieron dispuestos a sentenciar el pase desde los primeros instantes. Pero de nuevo el minuto 7 fatídico les devolvía a la realidad de su fútbol esta temporada. Stuani anotaba el 3-2 y dejaba empatada la eliminatoria. A partir de ahí, cualquier victoria por la mínima del Rayo ya no era suficiente y Tamudo pareció darse cuenta, a pesar de haber fallado en ocasiones claras, que un gol más podía ser definitivo. A falta de media hora para el final, el Rayo ya tenía lo que necesitaba pero no supo gestionarlo.

Una vez más, los de Sandoval no supieron jugar a otra cosa que a seguir atacando y buscando más goles y, aunque el Racing seguía siendo un equipo ‘semi-desaparecido’ cualquier balón a la espalda de los centrales podía generar un peligro quizá innecesario. Dicho y hecho, una llegada de Cristian por la izquierda fue cortada en falta dentro del área por Tito y el propio Stuani se encargaba de anotar el penalti que devolvía la ventaja a los suyos.

Desde ese momento el asedio fue increíble y después de lo vivido en los últimos diez minutos sobre el césped del Estadio de Vallecas uno todavía sigue sin saber cómo es posible que el clasificado haya sido el Racing. Es cierto que los cántabros sí supieron utilizar sus armas para lograr que el reloj corriese a su favor, que las pérdidas de tiempo consentidas por el colegiado fueron excesivas y que la permisividad en las entradas otorgaba clara ventaja al conjunto que iba por delante, pero esto es fútbol, y así también se consiguen triunfos.

La infinidad de ocasiones de gol que rondaron la portería del Racing tuvieron su culminación con un remate cortado con la mano por un defensor santanderino, según las protestas locales confirmadas en rueda de prensa posterior por el propio técnico del Rayo Vallecano. Ahí se consumió el último suspiro de un partido en el que Tamudo, Michu, Piti y el joven Rayco, fenomenal aportación la suya en la recta final, no encontraron el gol de la justicia, evitando de esta manera que el Rayo se diera otro festín copero a principios de año. Ahora toca descansar y reflexionar, y mucho, porque el resto de temporada será tan duro o más que lo vivido hasta ahora.


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