Varios eran los objetivos que se marcó Raúl Martín Presa cuando, de manera sorprendente, adquirió el paquete mayoritario de acciones del club. Ninguno cumplido.
Cuando Raúl Martín Presa adquirió la mayoría de acciones en posesión de Senero S.L., compañía de la familia Ruiz-Mateos propietaria del gran paquete accionarial del Rayo Vallecano, las dudas empezaron a aflorar entre la afición vallecana. Nadie conocía el pasado rayista del nuevo dueño y algunas voces se alzaron indicando que los anteriores propietarios habían colocado a un hombre de paja al frente de la entidad vallecana, con la intención de dilatar al máximo los procesos, ganar tiempo y, a la vez, acallar el clamor popular que se había vuelto contra ellos.
Aquel 5 de mayo Martín Presa llega al Rayo Vallecano junto con José Mª Sardá a salvar el club y, mes y medio después, la solución es la entrada en concurso de acreedores. Las dudas vuelven a aflorar de nuevo con todo su ímpetu. ¿Cómo es posible que Presa haya encontrado más ‘agujeros’ en las cuentas del club?, ¿qué estudio previo realizó?, ¿cómo se arriesga un empresario a entrar a una sociedad sin tener las cuentas claras? La respuesta puede ser compleja o muy simple. Si no arriesgas, no pierdes.
Durante meses la familia Ruiz-Mateos y todos los que por aquel entonces tenían voz, sin voto, se empeñaron en hacernos ver que para salvar al Rayo se necesitaban varios millones de euros (razón por la que el club no cayó en manos tan inapropiadas como las de González Sobrino o Pedro Roiz). Carlos González tenía la intención de hacerse con el mando de la entidad y llevarle a concurso de acreedores para sanear sus cuentas, seguramente el mismo destino que le esperaba con Sobrino o Roiz al frente, y precisamente el mismo que, después de más de un mes dando vueltas, ha tomado Martín Presa.
Sus objetivos eran claros: pagar a los jugadores, evitar la ley concursal y modernizar las estructuras del club. «Lo vamos a intentar» nos dijo en una multitudinaria rueda de prensa el día de su presentación, pero se quedó en el intento. Ninguno de esos objetivos ha salido adelante, una vez logrado el único que no dependía directamente de él -el ascenso a Primera División- y que estaba contemplado como condición indispensable para que su propuesta fuese válida.
Los jugadores no han recibido las enormes cantidades de dinero que el club les adeuda y que supuestamente el nuevo propietario iba a saldar, los empleados siguen con sus problemas del día a día, los proveedores no han cobrado… suma y sigue. Mientras tanto, Martín Presa continúa sin conformar una junta directiva y nadie conoce a los que puedan estar detrás de un hombre que, muy a su pesar, no ha terminado de calar entre el aficionado de ‘a pie’ de Vallecas. Sus reuniones con la plantilla han venido marcadas por repentinos cambios de opinión y los acuerdos que se alcanzaban un día eran modificados horas después. Un caos.
El Rayo se salvará esta temporada de un descenso administrativo pero, por el momento, surgen muchas dudas. ¿Cobrarán los jugadores y se quedarán aquellos hombres que han conseguido que este club regrese a Primera División?, ¿conformará Martín Presa una junta directiva digna de un equipo como el de Vallecas?, ¿dónde están los contratos publicitarios que se supone iban a aparecer con el ascenso a Primera División?, ¿qué pasa con el equipo Femenino y con el filial y con el deporte de base del club?. Aquí solo hay una realidad: Raúl Martín Presa no ha logrado sus objetivos y el Rayo se acoge a la ley concursal para «salvar los muebles».
