Betis y Rayo vivirán el domingo un partido especial. Especial por sus pretensiones de ascenso, especial por su situación en la tabla y especial por el cruce de caminos de Mel y Rubén Castro con los que hasta hace unos meses eran sus compañeros. __________________________________________________________________________________
José A. Jiménez (Sevilla). Habitualmente, los enfrentamientos entre el Real Betis Balompié y el Rayo Vallecano tienen un sabor especial. Diferente. El de este domingo lo tiene por diversos motivos. Vamos por partes. Sobre la maltrecha hierba del estadio verdiblanco (que deja de llamarse Manuel Ruiz de Lopera para recuperar su nombre de antaño) se verán las caras los hasta ahora mejores conjuntos de la División de Plata. Sus números no engañan. Dos elencos que lucharan por subir hasta el final, que se jugaran el liderato en unas horas. Ambos tienen mimbres de sobra para emular lo hecho campañas pasadas por Xerez, Hércules, Tenerife, Real Sociedad… Significaría, por ende, volver a la categoría que por historia le corresponde a dos conjuntos que se sienten incómodos con la etiqueta del Real Madrid o Barcelona de la Liga Adelante.
Especial porque será la primera vez que Pepe Mel y Rubén Castro se midan con los que hace unos meses eran sus compañeros de esfuerzos diarios. El preparador madrileño no fue profeta en su tierra, no alcanzó las metas por él deseadas. En Sevilla, la que fuera su casa durante algunos años cuando se ganaba la vida como futbolista, anhela conseguirlas. El mismo sueño tiene el ariete canario. Un trotamundos a su edad. Un delantero del que por Vallecas se guardan bonitos recuerdos. Ambos defienden otros intereses, se deben a la entidad heliopolitana… pero seguro que firmarían con los ojos cerrados subir de manera directa con un Rayo que, a orillas del Guadalquivir, sigue siendo el segundo equipo de muchos. Cosas de ser un ejemplo para esas plantillas de barrios que sueñan alcanzar algún día la elite de nuestro fútbol.
La estadística da la espalda al Rayo Vallecano
PXR (Vallecas) Ahí queda, de momento, el rendimiento de ambos hasta la fecha. Los béticos son líderes, los vallecanos terceros, dos puntos les separan. Poco más. Ambos equipos quieren jugar el balón, buscan abrir el juego a bandas, juegan con y sin pelota y crecen ofensivamente a partir de un centro del campo armado y bien situado.
Son, además, los dos equipos menos goleados de Segunda División. Los vallecanos (7) son los mejores en defensa, nada que ver con lo que sucedía el año anterior, y los béticos (8) comparten posición con Salamanca, Valladolid y Elche.
Partido especial, sin duda. De esos que nadie quiere perderse y que antes de jugarse dejan un regusto a épocas pasadas en las que el Rayo no salió muy bien parado de Heliópolis. Allí los vallecanos han ido dejando año tras año un poquito de su historia por el camino. Ocho años han pasado, y mucha vida, demasiada, por delante de un Rayo que en Diciembre del 2002 consumó el último de los dos únicos asaltos al feudo bético. Aquel 15 de Diciembre de 2002, 38.000 almas verdiblancas enmudecieron ante el gol de Onopko, que sirvió para certificar una victoria que al final de temporada no sirvió más que para mejorar una estadística que enviaba al Rayo a Segunda División.
Aquella fue la única gran alegría en años, tras pasar por Sevilla. Durante la 79/80, también en Primera, fue la anterior. Ahí acaba todo. Cuatro empates y siete derrotas más, cierran una estadística tremendamente negativa, que se resume en dos números: 9 goles a favor de los madrileños y 25 en contra.
El último ejemplo se vivió el año pasado (3-1). Era la época de ‘vacas flacas’ que el equipo entrenado por aquel entonces por Felipe Miñambres estaba viviendo, camino de su calvario particular hasta el último día de competición.
Un estadio a reventar, con un césped indigno
La buena y la mala noticia llega del mismo lugar: el estadio. El Benito Villamarín, ante el reclamo de su directiva rebajando sustancialmente los precios y favoreciendo a sus abonados en la adquisición de entradas, presentará una imagen espectacular. Las colas en las taquillas durante las últimas horas así lo presagian.
La nota negativa será el estado del terreno de juego. Como ya se pudo comprobar durante el enfrentamiento copero ante el Zaragoza, el césped del Villamarín está horrible. El máximo dirigente verdiblanco en la actualidad, Luis Oliver, ya se encargó de cargar contra el responsable del césped. «El responsable del campo lo ha fastidiado, se le ha ido de las manos y no lo sabe explicar. Mucho ingeniero y mucho tal, pero vaya pena de campo» dijo en una entrevista concedida a la Cadena SER.
Sobre ese campo indecente, el Rayo de Sandoval buscará sorprender al Betis de Mel. Para ello, el míster franjirrojo recuperará a Casado para el lateral izquierdo, tras cumplir su partido de sanción, pero perderá a Amaya, que dejará su sitio por el mismo motivo, para que pueda jugar un Borja Gómez que causó una grata impresión en su debut ante el Villarreal.
La mejoría en el juego del conjunto vallecano cuando, ante el Recreativo, se incorporaron tanto Piti como Borja, hace pensar que ambos deberían ser titulares ante el Betis. La apuesta de Juli no funcionó y, aunque el levantino está a muy buen nivel en los entrenamientos, durante el enfrentamiento con el Recre no brilló en exceso, contagiándose del ritmo de un partido poco atractivo. Mención aparte merece Trejo. El argentino ha bajado su nivel y se obstina en buscar la acción personal que casi nunca sale. Todo hace indicar que, por primera vez en la temporada, Sandoval podría atreverse a dejarle fuera del once inicial.
La apuesta ofensiva está clara de momento. Cuando Aganzo está bien, Aganzo es titular. En eso no hay duda. La semana ha vuelto a ser especial para el ariete madrileño que, de menos a más, va poco a poco incorporándose al ritmo normal de preparación de un equipo que prepara su asalto al Villamarín estudiando vídeos y trabajando la estrategia para sorprender a un Pepe Mel que vivirá un partido de contrastes.
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