Metiendo el dedo… en el ojo

Opinión. La sanción a José Ramón Sandoval, deja al descubierto las desigualdades existentes en nuestro fútbol. Una agresión tiene el mismo castigo que una protesta.

Hoy vuelve a imponerse la sinrazón, el sinsentido, lo ilógico, aunque legal, de unos Comités disciplinarios creados para que se establezca el buen orden deportivo pero que, una vez sí y otra también, dejan al descubierto la desigualdad y el doble rasero. No vengo aquí a defender al técnico del Rayo Vallecano, no tengo por qué hacerlo ni él lo necesita, ya tiene quién le defienda o ya lo hace él solito. Tampoco pretendo hacer una comparación entre Sandoval y su «amigo» Mourinho, no es esa la intención. Simplemente quisiera exponer la desigualdad que ofrece una misma sanción para dos hechos totalmente diferentes.

Resulta que en nuestro fútbol, ese en el que se pretende blindar a las grandes figuras, el mismo que quería proteger a los Maradona o Futre del pasado, y el mismo en el que se intenta demonizar las patadas a Messi o Ronaldo -aunque no sean los únicos que las reciben-, hoy, se pena igual a un señor que dice algo y a otro que directamente lo hace. Ya saben por dónde voy. El dedo en el ojo de Mourinho tiene toda la pinta de convertirse en un clásico, por vergonzoso que fuera visto desde la grada o a través de la televisión. De eso se encarga el showman instalado en el banquillo del Real Madrid. La ‘galleta’ de Vilanova como respuesta bien podría ser la segunda en la saga de grandes tonterías vividas en los últimos tiempos en nuestro fútbol. Lo de Sandoval, por repetitivo, está feo y quizá pueda llegar a cansar, pero el castigo, se mire como se mire, nunca puede ser el mismo o superior al de una agresión a un contrario. ¿No hubo denuncia entre Real Madrid y Barcelona?, ¿no se indicó nada en el acta del partido?… ya está bien de excusas baratas, una agresión es una agresión y lo de Mourinho fue una tocada de p… en toda regla.

Dicho esto, volvemos al caso que nos afecta. Que Sandoval se quede fuera de los partidos ante Real Sociedad y Osasuna es la confirmación de que hay algo que no funciona en nuestro fútbol. ¿Alguien se ha parado a pensar qué daño hace un señor en su área técnica que no insulta, que no menosprecia, que no agrede? Su delito, gesticular más de la cuenta y decir algo que oye uno de los que no tienen nada más que hacer en la banda que estar pendientes de que el técnico de turno no saque «su patita» del área técnica. Ya es bastante, pero ¿dos partidos? «Protesta airadamente»… después de haber sido advertido en varias ocasiones. No digo que Sandoval sea un Santo en su banquillo, no, tampoco que no merezca alguna que otra ‘reprimenda’ del árbitro de turno, simplemente digo que su nombre no impone el respeto que, en cambio, sí demuestran otros y que las leyes están, sí, pero no son iguales para todos.

Una vez más los grandes se pasean por nuestro fútbol haciendo lo que les viene en gana y nunca pasa nada realmente ejemplarizante. No hablaremos de cabezas de cochinillos ni otros agravios comparativos de un fútbol español monopolizado por el poder del dinero y que siempre aplica dobles raseros. Sandoval, si un día llega a uno de los grandes, disfrutará de aquellos privilegios que, a día de hoy, se le niegan. Ahora solo queda el consuelo de volver a disfrutar del «pinganillo» y de un Ismael Martínez que ya sabe lo que es dirigir al Rayo Vallecano en el fútbol profesional.

Por cierto, estaremos atentos para ver si el penalti inventado por Turienzo Alvarez en el Madrigal tiene también el mismo castigo. Lo dudo.